Una enfermedad llamada Doctor

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Dr. Ignacio Espinosa. Médico Internista. Tel: 82 263 52. Cel: 782 888 0056.

COVID 19, evidencias y experiencias. 15.

De algún hospital del sureste mexicano, recibí la llamada de una desesperada mujer informando que su esposo había sido hospitalizado porque tenía unos 8 días con fiebre, tos y en las últimas 48 horas, la fiebre estaba en remisión, pero tenía dificultad respiratoria (disnea) pues se “agitaba” para ir al baño, aunque en reposo se sentía regularmente bien. Por lo anterior decidieron, acudir a un hospital COVID, describiendo la angustiada mujer que era un caos: enfermos respirando con dificultad, familiares desesperados porque todos finalmente desean una atención expedita que para ellos no había y todo el personal del hospital, médicos, paramédicos, enfermeras, camilleros también, tanto o más desesperados, confusos y angustiados que los enfermos.

                Fue hospitalizado. Todavía tenía su teléfono a la mano y mediante una video conferencia (benditas redes sociales) lo entrevisté: 8 días de evolución con fiebre que ya había disminuido y no había tenido en las últimas 24 horas tos catarro y otros síntomas sugestivos de COVID, ya tenía cierta dificultad respiratoria al caminar, pero no en reposo: contamos las respiraciones por minuto: Eran normales en 21 x minuto, máximo normal 30. Vio una hoja de enfermería pegada a su cama le tomó foto, su temperatura era normal en dos ocasiones, tenía dos reportes del oxímetro (concentración de oxígeno en sangre) uno el primero en 75% en reposo y en cama y unos minutos después tenía 95% (normal de 95 a 100%).

                Le pregunté si cuando le dijeron que tenía 75% estaba agitado. No. me dijo. Pero un Dr. joven me dijo que estaba muy mal, que la radiografía de mis pulmones era sospechosa de neumonía y debía quedarme, pero no me revisó no me interrogó, andaba a la carrera. Me dijo la enfermera que era internista. Y después paso otro médico, más veterano, cuando tenía 95% de oxígeno, como a los 20 minutos. Este si me preguntó cómo me sentía, me auscultó los pulmones, me dijo que estaba bien, me contó las respiraciones me dijo que estaban normales y que él me recomendaba que mejor debía seguir la vigilancia en casa, que no me quedará y que para él la radiografía de pulmones no tenía neumonía que ya había comentado esto con un radiólogo. La enfermera me dijo que este médico era ginecólogo, y la verdad estoy alarmado, a quien le hago caso.

 ¡No era para menos!

                “Buen paquete” el proporcionarle mi punto de vista, pero con los datos que describo y algunos que me constan, ni tardo ni perezoso le recomendé: hazle caso al ginecólogo. Y consíguete una fotografía de la radiografía de tus pulmones y me la envías por WS. Vi la placa, para mí era normal cotejé mi opinión con un radiólogo. No hay neumonía me informó. 

Aunque parezca irónico, paradójico o grotesco, en realidad TODOS los especialistas tenemos inicialmente una formación de médico general y precisamente es en situaciones críticas donde surge la casta del buen médico que siempre tiene presente los conocimientos básicos de medicina general, pilar fundamental del buen especialista que no debe menospreciar lo esencial de la medicina general por contar con una especialidad. Había un problema. El ginecólogo nomás le comentó, pero no le firmó el alta. Apoyo la opinión del ginecólogo. Le dije. Le sugerí al enfermo que solicitara su alta voluntaria, ya era otro turno y el ginecólogo ya había salido. No le querían firmar su alta voluntaria, lo amenazaron que se moriría. Pues escápate. No te pueden retener, tienes derecho a decidir si aceptas o no. Finalmente salió a su casa, enfermo, maltratado y amenazado.

Ya en su casa, solo le sugerí que tomara un medicamento que se utiliza en asma, es un broncodilatador, la vieja y barata teofilina, le podría ayudar a ventilar sus pulmones confiando en que ya habían pasado unos 8 días de evolución y estaba en el grupo de 90% de casos con COVID que se recuperan sin intubación. Y así fue, unas 6 horas después en su casa, por video conferencia observé que había mejorado. Él confirmó que se sentía mucho mejor que no se cansaba tanto al caminar.

GRACIAS tío. Me dijo llorando. (sí, es un sobrino mío) gracias por apoyarme, la teofilina que me recetaste es una maravilla, con eso me sentí mucho mejor.

Con este testimonio podría grabar un video, subirlo a la red y alardear de que tengo un tratamiento para COVID, que la teofilina es el “bueno” para COVID. No lo hago, porque es un medicamento sintomático, nada más.

Hoy, unos 8 días después de salir del hospital, está recuperado al 90%, no le han informado el resultado de la prueba PCR.

Los argumentos para sugerir que saliera del hospital son varios:

1 El estado clínico ya sin fiebre, solo tos seca, frecuencia respiratoria normal en reposo y dificultad para respirar al caminar, los 8 días de evolución, habiendo superado ya la etapa más crítica inicial de los 14 días aproximadamente sin complicación grave. Y que no tenía neumonía en la Rx.

2 El hecho de que de cada 10 casos solo 1 o 2 pueden evolucionar con neumonía o neumonitis grave y mortal. Este hombre no la tenía.

3 Además, estaba en un estado grave de ansiedad rodeado de pacientes graves, hospital saturado y tanto personal médico y para   enfermos con gran ansiedad, me hizo pensar que en la dificultad para respirar podría influir ese estado emocional sabiendo que el centro respiratorio del cerebro es el que coordina la frecuencia e intensidad de la respiración. Mi preocupación principal era que un médico desesperado lo intubara sin ser necesario.

4 Y un dato relevante, desde el inicio de esta contingencia todo mundo ha estado preocupado si nuestro país tienen suficientes ventiladores pulmonares para atender a lo casos graves, con la idea de que este recurso es “lo máximo” y la salvación definitiva, idea con la que no concuerdo, porque durante mis 50 años de ejercer medicina, he observado que la mayoría de los pacientes que han sido intubados para asistencia respiratoria artificial, finalmente fallecen y en muchos casos, el procedimiento de intubación provoca complicaciones que pueden desencadenar la muerte inmediata durante la intubación o por complicaciones graves si se prolonga por semanas,

5 Y he aquí otro dato relevante: puesto que los enfermos graves se atienden en hospitalización, he estado al tanto de los reportes en las conferencias oficiales de COVID concentrados en los casos totales, la mortalidad, casos comprobados, casos sospechosos hasta que en una ocasión proporcionaron un hecho que me interesaba: De los casos que intuban cuantos se recuperan y cuantos se mueren. Hasta que una vez lo escuche: Lo dijo el Dr. Alomía en una conferencia COVID: de cada 100 casos intubados se mueren el 60 a 80% (Promedio 70%). Esto fue el 28 abril. Y hoy (17 jul) me encontré otra nota de abril: Muere el 90% de los pacientes intubados por COVID, en Nueva York.

6 Lo anterior, para reflexionar seriamente:

¿Vale la pena intubar si el 90% de los casos intubados se mueren? Una estrategia terapéutica para considerarse como efectiva, ha de resolver satisfactoriamente la mayoría de los casos. ¿Las complicaciones de la intubación aceleran el deceso? Los que intuban y se salvan ¿Realmente la necesitaban?

Correo: dockiskesabe@msn.com.

Página: www.kiskesabe.com 


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