Una enfermedad llamada Doctor

¡Comparte esta nota!

Covid-19. Inmunidad de rebaño.

Dr. Ignacio Espinosa. Médico Internista.

La inteligencia consiste no solo en el conocimiento, sino también en la destreza de aplicar los conocimientos en la práctica. Sabia enseñanza de Aristóteles.

Hace unas décadas, cuando las fuerzas de la naturaleza y las fuerzas sociales se manifestaban con algún suceso fuera de lo común, se decía que en los medios de difusión masiva, se derramaba mucha tinta o saliva, muchas veces en forma también fuera de lo común para el suceso en cuestión, convirtiéndolo en un fenómeno mediático, plasmado de protagonismo comercial, exagerando el dramatismo incluso a costa de la dignidad humana o menospreciando el humanismo que debe contener cualquier acción ante la sociedad de la cual formamos parte, sociedad  en la que todos dependemos de todos, pero en la que no todos tenemos conciencia, de quienes somos, adonde vamos y con quien andamos.

                Con la contingencia actual, muchos pixeles se están derramando en la red cibernética, pixeles que son una de las múltiples formas de manifestación de la energía eléctrica, propiedad intrínseca de la materia, concebida esta por ocupar un lugar en el espacio, en el tiempo por lo tanto siempre en movimiento y cambio constante. No se puede concebir la materia sin movimiento.

                Inmunidad de rebaño: ¿qué es esto?

Una interrogante actual es el término inmunidad colectiva, poblacional o de rebaño, se refiere al efecto grupal de los programas de vacunación masiva. Se logra cuando existe una alta proporción (aunque inferior al 100%) de individuos inmunes (vacunados), lo que reduce la probabilidad de contacto entre un individuo susceptible (no vacunado) y uno infectado,  evitando la transmisión de la enfermedad. El término «inmunidad de rebaño» fue usado por primera vez por Topley y Wilson en 1923, sugirieron deslindar el estudio de la inmunidad individual del de la inmunidad colectiva.

Para Theophil Lotz, cuando se vacuna, no sólo se obtiene un beneficio individual, sino que este se extiende a las personas susceptibles no protegidas de una comunidad. La vacunación puede proteger a los individuos y generar un «cerco de protección» en torno a los susceptibles, cuando la proporción de personas inmunes es alta. Por ejemplo, si el 95% de los individuos en una comunidad fueran inmunes a una determinada enfermedad, sería menos probable la ocurrencia de la infección por ser baja la probabilidad de contacto entre un enfermo infectante y un individuo susceptible perteneciente al 5% restante. En caso de transmitirse la infección, no se generarían casos secundarios por estar la persona infectada en contacto primordialmente con individuos inmunes.

La vacunación también puede disminuir progresivamente la virulencia del agresor y en caso de darse el contagio de estas cepas disminuidas, los no vacunados tienen más posibilidad de evitar que esta cepa disminuida les provoque enfermedad grave y este hecho también contribuye a la inmunidad de rebaño.

Generalmente este tipo de protección se busca a través de la vacunación artificial.

Y he aquí una interrogante para reflexionar: Si la historia de la vacunación en México se remonta a 1804, cuando el Dr. Francisco Xavier de Balmis introdujo la inoculación contra la viruela mediante la técnica de brazo en brazo y a fines del siglo XIX, se realizaron otros tipos de inmunizaciones contra la rabia, la polio y la tuberculosis que flagelaban no solo a los mexicanos sino a toda la humanidad; ¿Por qué ni en México ni en ningún país se extinguió totalmente la población existente, sin vacuna alguna artificial?

Parece fácil entender que el mejor médico sanitario es la naturaleza, que siempre tiende a mantener el equilibrio y armonía (homeostasis) de los seres biológicos con su entorno natural: esta es la inmunidad de rebaño proporcionada por la naturaleza, vacunando los rebaños de búfalos o las jaurías de lobos…y en tiempos remotos. las hordas un tanto salvajes del homo sapiens, por lo que vemos, parece que no tan salvajes como el homo ¿sapiens? actual. Darwin sigue vigente con su teoría de la evolución de las especies, mediante la selección natural, cuando los débiles mueren y el más fuerte y resistente hereda esas características a sus descendientes.

Darwin nos dice: “Existen organismos que se reproducen y la progenie hereda características de sus progenitores, existen variaciones de características si el medio ambiente no admite a todos los miembros de una población en crecimiento. Entonces aquellos miembros de la población con características menos adaptadas (según lo determine su medio ambiente) morirán con mayor probabilidad. Entonces aquellos miembros con características mejor adaptadas sobrevivirán más probablemente”.        

Esperemos que Darwin y la naturaleza se impongan y rompan con esos pronósticos de los matemáticos puros: habrá en México más de 30 mil muertos, hasta ayer 7 de junio eran 13,699 defunciones de 117 103 casos confirmados acumulados (11% de mortalidad), y el otro pronóstico matemático no menos funesto: la inmunidad de rebaño se prolongará unos dos años, porque no hay vacuna y ésta se procesaría en un par de años para elaborarlas. Esperemos que la sabia naturaleza, desmienta a los sabios matemáticos. Ya veremos.

Y en cuanto a la sana distancia de ahora, se puede deducir mediante la lógica aristotélica y dialéctica que aquellos remotos animales y homo erectus, todavía no tan sapiens, recibían instrucciones de la naturaleza para ante una contingencia, como esta que estamos viviendo, guardar la sana distancia, mejor a como lo estamos haciendo. De no ser así, simplemente no estuviéramos viviendo con el COVID, porque la vida se habría extinguido.

En el caso de la infección por coronavirus, al no disponer de vacunas, la inmunidad de rebaño es la única opción. La inmunidad natural de rebaño, sigue vigente, inmunidad natural que debemos apoyar con la sana distancia artificial.

La inmunidad de rebaño, para ser eficaz, necesita que haya un único hospedador (en este caso las personas), que la infección se transmita de persona a persona, sin intermediación de vectores como en el paludismo, por ejemplo, y que la transmisión o vacunación induzca una inmunidad sólida. En el caso de COVID-19, no tenemos suficientes datos como para entender aún la epidemiología de la infección, y además el grado de inmunidad adquirido tras la infección está por determinar.

Correo: dockiskesabe@msn.com.

Página: www.kiskesabe.com

Twitter – @laopinionpr
Facebook – @LaOpiniónPozaRica
Youtube – La Opinión Poza Rica

¡Comparte esta nota!
error: Content is protected !!