Un fallo crítico de Windows pone en riesgo la seguridad de los ordenadores de todo el mundo

Ante la duda, claro, lo mejor es pensar que es de secano y no arriesgarse; lo segundo mejor es buscar el modelo y su número de protección IP.

El grado de protección IP (siglas de International Protection) tiene una cifra que en realidad son dos. Así, la primera mide la protección frente a la entrada de objetos sólidos (a grandes rasgos, polvo; el número máximo es el 6) y la segunda es la que nos interesa, pues se refiere al ingreso de agua.

Este número puede ir desde el 0 (equivalente a un colador) hasta el 9K (una nave espacial), si bien a partir del 7 garantiza protección a una profundidad de un metro y durante media hora. Así, un IP67 se puede dar un chapuzón -voluntario o no- sin mucho riesgo.

Conviene recordar es que el teléfono tiene que estar completamente seco antes de ser cargado, pues la humedad puede ser letal en combinación con la corriente (y no solo para el dispositivo).

Lo que sí suele ser mortal de necesidad son las caídas contra el granito (o cualquier otra roca, independientemente de su composición; en este caso el móvil no se pone muy pejiguero). Una funda rígida o de silicona puede absorber gran parte del golpe y salvar al teléfono, así que no es mala idea hacerse con una antes de salir.

Si finalmente la funda nos acompaña y termina dando su vida por la del iPhone, conviene honrar este sacrificio haciendo que no sea en vano y asumir que ya ha cumplido su función: como con los cascos, una vez que se ha dado un golpe debe ser sustituido, aunque parezca que ha aguantado.

¿El consejo llega tarde y la pantalla se ha agrietado? De entrada, no debería ser un drama; mientras no se haya dañado el panel, que se encuentra detrás del cristal, el teléfono puede seguir su día a día. En este caso, eso sí, deberíamos tratarlo como si su IP se encontrase al servicio de Su Majestad: 00. Por muy diminutas que parezcan las grietas, pueden permitir el paso de partículas o humedad capaces de inutilizar el teléfono.

Por último, si bien no es una protección como tal, siempre viene bien saber cómo prolongar la duración de la batería de cara a un día en el campo. Más allá de sus usos telefónicos, el móvil puede hacer de cámara y linterna, entre otras cosas, siempre que su autonomía lo permita.

En el caso de que nos encontremos en una zona con poca cobertura, la forma más simple de subir el aguante es activar el modo avión o desactivar las redes móviles y el WiFi de forma manual. Si están activas, el dispositivo tratará de buscar y conectarse periódicamente, lo que repercute bastante en su batería. Además, al no tener red habrá muchas aplicaciones que se convertirán en pisapapeles virtuales, lo que dará un descanso a la pantalla y, en consecuencia, más horas de uso.

Arena, humedad y sal, los enemigos en la playa

Al cambiar de escenario los peligros son parecidos (al fin y al cabo, el teléfono se puede caer en cualquier parte) excepto en el caso del agua, que pasa de ser una incomodidad a algo que realmente puede destrozar un teléfono.

Por muy sumergible que sea un móvil e independientemente de su grado de protección IP, la sal puede corroer los componentes externos. De hecho, si el teléfono llegase a darse un baño en el mar es recomendable lavarlo con agua dulce y después pasar al proceso de secado: al sol -no directo, puede ponerse a más de 50 grados y el terminal no está preparado para ello- y nunca con un electrodoméstico (un secador, por ejemplo), pues el remedio podría ser peor que la enfermedad. Si se hubiese apagado, no hay que intentar encenderlo hasta que estemos seguros de que no queda rastro de humedad.

La arena actúa de forma similar, tiene especial fijación por la pantalla y los puertos (de auricular o de carga, principalmente). En lo que respecta a la protección, se mide con la primera de las cifras.

Conviene tener en cuenta que, aunque el móvil no baje con nosotros a la playa, la arena sí se vendrá de vuelta: bolsillos, bolsos y mochilas tendrán granos que irremediablemente seguirán apareciendo hasta febrero si no se lavan las prendas con atención.

Lo mejor es intentar que el teléfono nunca esté en estos lugares. Si finalmente entran algunos granos nunca hay que introducir elementos extraños para intentar limpiarlo, porque entonces habrá arena y un trozo del elemento extraño que hayamos escogido. ¿Lo mejor? El aire comprimido. Si no tenemos a mano, en cualquier tienda podrán arreglarlo en cuestión de minutos.

Publicado por elmundo.es


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