Tzutzuma y la profecía del acueducto de Acuecuexco

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Fueron los primeros Tlahtoanis Mexica, que vieron a Tenochtitlán independiente, los que  introdujeron el agua de Chapultepec a la ciudad de Tenochtitlan por medio de un conducto que iba sobre el lago, pero la población creció y la necesidad de agua creció. Cerca de Churubusco, en Acuecuexco, brotaba un manantial de agua abundante y buena, el Huey Tlatoani Ahuítzotl tuvo el presentimiento de aprovecharla y le exigió al señor de Coyoacán que le diera permiso para hacer una toma en la fuente. Aquel señor se llamaba Tzutzuma, era tributario de Tenochtitlán, accedió a dar agua, pero explicó que esa agua se podría enfurecer, derramar y esto inundaría Tenochtitlán.

Esta respuesta enojó a Ahuizotl,  pues no consentía que nadie le hiciera observaciones.

-¡Vayan a Coyoacán y arranquen la vida a ese insolente que se atreve a hacerme advertencias en lugar de obedecer!

Exclamó en un acceso de cólera. Esta orden iba dirigida a tres de sus mejores servidores quienes se apresuraron a cumplirla. Cuando Tzutzuma supo que lo buscaban le dijo a su criado que le dijera a los tres jefes que podían pasar a verlo. Cuando los tres jefes entraron se encontraron con un águila colosal que estaba posada en el trono de aquel gobernador, salieron muy enojados, pero el criado aseguró que su señor estaba en la sala. Volvieron a entrar y se encontraron con un jaguar corpulento que mostraba sus grandes colmillos. Los capitanes retrocedieron espantados y salieron corriendo, pálidos de susto. Al llegar a Tenochtitlán le dijeron al Huey Tlatoani

Ahuizotl

Ahuizotl

¡Señor! el cacique de Coyoacán se ha vuelto águila y después jaguar

Ahuítzol se maravilló con el relato y ordenó que el doble de soldados fuera a cumplir con la sentencia. Al llegar con Tzutzuma se encontraron con una serpiente.

-¡Matenla! -ordenaron los jefes a sus soldados.

Pero antes de que pudieran cumplir la orden, la serpiente saltó sobre ellos, arrojando por las fauces abiertas llamaradas de lumbre. Los soldados temblaron y huyeron aterrorizados. Ahuítzotl mandó un pregonero a Coyoacán a que diera el siguiente mensaje:

“¡Habitantes de Coyoacán! el poderoso huey Tlatoani Ahuítzotl, manda decir que apresen a su señor Tzutzuma y lo entreguen sin dilación. Y les advierte que, en caso de desobediencia, se les tendrá por rebeldes y arrasará sus ciudades pasando por el cuchillo a todos los habitantes.” Todos quedaron aterrados, Tzutzuma, como buen señor de su pueblo, se presentó voluntariamente a los Tenochcas y les dijo:

-Aquí estoy, me pongo en sus manos, pero no olviden decir a su señor que si introduce en su ciudad el agua de Acuecuexco, yo le profetizo que antes de muchos días la ciudad será anegada y destruida.

Los soldados mataron a Tzutzuma ahogándolo, y su profecía se cumplió al pie de la letra. A los cuarenta días de introducida el agua a México, se inundó la ciudad y el emperador se vio en la necesidad de romper las cañerías del acueducto.

TÚÚL

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