Tratamiento del cáncer de próstata

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Una enfermedad llamada doctor

Dr. Ignacio Espinosa. Médico Internista.

Tels: 782 82 2 6352 y 782 888 0056.

Recuerdo que al paciente sin molestias propias de cáncer, comentado en entrega previa, hombre de 82 años con cáncer de próstata certificado con biopsia transrectal a quien le propusieron cirugía, al buscar una segunda opinión le propuse tratamiento médico hormonal con el cual ha sobrevivido bastante bien durante 7 años.

Puesto que no tenía síntomas, la cirugía no le ayudaría en nada y por el contrario podría dejar con secuelas uretrales y molestias para orinar, incluso hasta tener que usar pañales.

El cáncer de próstata depende de las hormonas masculinas segregadas por los testículos. De ahí que el tratamiento médico se fundamenta en bloquear la formación de esas hormonas en los testículos o bloquear sus efectos.

Antiguamente se utilizaba la castración, extirpación de ambos testículos, con lo cual la evolución del cáncer se limitaba al eliminar las hormonas (andrógenos) de la circulación de la sangre.

Posteriormente, aparecieron los estrógenos, hormonas femeninas, con lo cual se bloqueaban los efectos de los andrógenos y si el cáncer de próstata estaba produciendo retención de orina por obstrucción, además se extirpaba la próstata por vía abdominal.

En 1969, recién salido de la escuela de medicina, como médico interno, aquí en el hospital del IMSS de esta ciudad, me tocó participar con estos tres tipos de tratamiento para el cáncer.

El machismo, que forma parte de nuestra idiosincracia a la mexicana, impedía que los hombres aceptaran la castración quirúrgica, extirpación de ambos testículos, fenómeno de rechazo que persiste hasta el momento actual. Por lo anterior, en aquel tiempo, si el paciente se obstruía, se le extirpaba la próstata y posterior a la cirugía se le prescribían estrógenos, bloqueadores de los andrógenos, ya que por la situación anatómica de la próstata y su relación con los nervios periféricos de vías urinarias y de órganos sexuales, es casi imposible garantizar la extirpación de todo el tejido prostático, sin lesionar esos nervios cuya secuela principal es la disfunción eréctil, emblema de nuestro machismo.

Los estrógenos, hormonas femeninas, nada más bloquean los efectos periféricos de las hormonas masculinas formadas en el testículo. Es decir, no bloquean la síntesis de esas hormonas y los efectos colaterales de los estrógenos es la feminización con disfunción eréctil, disminución del vello en la barba, crecimiento de glándulas mamarias, agudización de la voz y ¡párele usted de contar! El tratamiento no era muy aceptado por estos pacientes.

Y recientemente surgió la terapia hormonal que también se llama terapia supresora de andrógenos, viene siendo una “castración química”, bloqueando la síntesis de andrógenos por los testículos y así evitar que estimulen el crecimiento de células cancerosas de la próstata.

Los andrógenos, testosterona y dihidrotestosterona, también se producen mínimamente en las glándulas suprarrenales, por esto es que al extirpar los testículos siempre hay una mínima cantidad de hormonas masculinas, suficientes para que los castrados sigan sintiéndose hombres y sin datos de feminización.

Que quede claro: esta terapia NO cura el cáncer, solo impide su evolución.

Esta terapia se utiliza en casos en los que el cáncer está muy avanzado y la cirugía y la radiación no se puedan realizar con efectividad. También se utiliza si el cáncer retorna a pesar de cirugía o radiación. Y también se utiliza antes de cirugía o radiación para reducir el tamaño del cáncer y hacer que el tratamiento quirúrgico sea más eficaz.

Más claro: resulta que, si a un paciente lo operan de la próstata y le indican radiaciones, de todas formas, les prescriben tratamiento hormonal porque así lo establecen los protocolos o guías terapéuticas elaboradas por los “expertos” y que la mayoría de los colegas aplican “a pie juntillas”.

Yo, con mi mentalidad de iconoclasta, le propuse al paciente lo siguiente:

La castración quirúrgica es una cirugía sencilla, muy bajo costo,  con mínimos riesgos de complicaciones, pero ya usted me dijo que no la acepta y yo respeto su decisión.

         Si usted no tiene molestias, no mejoraría en nada al realizar la extirpación total de la próstata y pone en peligro su calidad en las micciones que son normales y hasta su vida y a un costo muy elevado

         Si acepta la cirugía haya o no complicaciones y secuelas en las micciones, de todas formas, le van a indicar el tratamiento hormonal que le propongo, tratamiento hormonal que corresponde a una castración química con la necesidad de ingerir estos medicamentos indefinidamente también a un alto costo.

         Con la castración quirúrgica (extirpación de ambos testículos) de bajo costo, necesitaría dosis mínimas de hormonas bloqueadores y los riesgos y el costo sería muy bajos. Esta sería la opción más recomendable, pero si usted no acepta la castración quirúrgica, la opción más viable y recomendable en su caso sería la castración química, que a largo plazo seria de un costo muy alto.

         Y así sucedió, aceptó esta última opción: se le indicó inicialmente flutamida, un fármaco que impide que la testosterona actúe o estimule a las células prostáticas cancerosas bloqueando su reproducción. Este medicamento actualmente cuesta unos mil pesos.

         Con el paso de un par de años este fármaco se escaseó en el mercado y hubo necesidad de recurrir a uno nuevo, BICALUTAMIDA, con efectos muy semejantes a la flutamida y la diferencia más importante es que este tiene un costo cuatro veces más, pues actualmente cuesta 4 mil pesos.

         Con ambos medicamentos el antígeno prostático se mantenía por debajo de 4 nanogramos.

         Pero unos tres años después estos medicamento ya no eran efectivos, el antígeno prostático se disparaba hasta 40 y hubo necesidad de recurrir a otro medicamento la GOSERELINA, con un mecanismo de acción un tanto diferente pero más potente. Normalmente la formación de andrógenos por los testículos es estimulada por una potente hormona liberada en la hipófisis del cerebro. La goserelina bloquea en la hipófisis, precisamente la acción de la hormona estimulante de los testículos y estos disminuyen la formación de andrógenos estimulantes del cáncer. Costo actual, 5 mil pesos por un mes.

         Con la crisis del COVID empeoró el poder adquisitivo porque le sugerí registrarse en alguna institución pública en la que le están proporcionando el tratamiento hormonal, sin la cirugía y buena calidad de vida pues su función urinaria a casi los 90 años es mucho mejor que otros más jóvenes que él y que han sido operados.

         Lo publico para que lo sepan no para que me crean.

Correo: dockiskesabe@msn.com

Página: www.kiskesabe.com

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