Taylor Swift y su lucha por ser dueña de su música

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Una disquera le quitó todo su pasado a Taylor Swift, perdió el trabajo que realizó en sus primeros seis álbumes que la catapultaron al éxito, sin embargo, al alzar la voz y visibilizar lo que sucede dentro de los sellos discográficos, se convirtió en una de las pocas artistas que logró el control y ser dueña de todo lo que hace.

Andrea Pastor, abogada y especialista en derecho del entretenimiento e Industria musical, explica que Swift, quien actualmente está firmada con Universal Music en EU, será dueña de sus másters al término de su contrato, aunque negoció en la compañía de discos que les dará a cambio una licencia o una autorización temporal para que puedan usar sus canciones.

“Cuando ella firma con Universal dice: ‘tuve que hacer un sacrificio, renunciar a mi pasado y ver por mi futuro’, porque a partir de su disco Lover ella es dueña de todo, lo cual es una cuestión sin precedentes, sólo artistas como ella logran hacer ese tipo de contratos”.

Pero, ¿qué sucedió con Taylor?

De acuerdo con Pastor, quien trabajaba en Capitol Records, un sello discográfico estadounidense propiedad de Universal Music Group cuando Taylor firmó con ellos, comenta que en el mundo de las disqueras, por un lado, están los derechos de autor en cuanto a la letra y música de las canciones, y por el otro, la interpretación, que en el argot se denomina máster.

“Cuando firmas un contrato discográfico, en el estándar de la industria, la disquera pide que todo lo que grabes, todas las interpretaciones, serán de la disquera, entonces todos esos álbumes del uno al seis de Taylor (los másters) son de Big Machine Records, con quien firmó cuando empezó su carrera.

“Por la parte de la música y letra, Taylor firmó con Sony/ATV Music Publishing, ellos tenían la parte autoral. La controversia surgió con la disquera que tenía sus másters”.

300 MILLONES DE DÓLARES fue la venta de los másters de sus primeros seis discos.

Todo empezó, dice, cuando Swift estaba por concluir su contrato con Big Machine Records, cuyo dueño era Scott Borchetta; para seguir con él, ella pidió que le regresaran la titularidad del máster y él dijo que sí, siempre y cuando firmara un nuevo contrato, y por cada nuevo álbum que lanzara, él regresaba uno.

“Pero Taylor dijo: ‘no, gracias, mejor me voy con otra disquera’ y así firmó con Universal”.

La abogada explica que luego Big Machine Records fue adquirida por Scooter Braun, a quien Taylor acusó de haberle hecho bullying.

“Para ella fue un problema doble: que no pudo recuperar la propiedad de sus másters y que le vendieron su trabajo a una persona con la que no se lleva bien”.

Por si fuera poco, Scooter vendió a su vez los discos de Taylor a la empresa Shamrock Holdings, por más de 300 millones de dólares, sin que le avisaran.

Pero ahora que venció el contrato con Big Machine Records, es libre de regrabar sus discos sin que Scooter, a pesar de ser dueño de esas producciones, pueda usarlos porque no tendrá los derechos de las letras y la música.

“Taylor está bloqueando a toda esta gente de su antigua disquera y a quien tenga sus másters pasados”, agrega la abogada.

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