Primera Edificación en Poza Rica

Días previos al indeleble 20 de diciembre de 1932, llegó La Compañía El Águila al Kilómetro 56 de las vías que enlazaban al Campo Furbero con el muelle de Cobos en la ribera Sur del río Tuxpan. Localizó un terreno sinuoso con el fin de perforar el pozo número cuatro, lamentablemente no se pudo llegar a un acuerdo económico con el municipio de Coatzintla, no obstante que ya se había tendido el talud para el ramal de “La Maquinita”. La localización para la perforación estaba cerca de lo que es actualmente es el interior del campo. El cambio de dirección emergió en el kilómetro 56, hoy, la entrada a las instalaciones junto de cuartel de Bomberos.

En Palma Sola el Superintendente de la compañía El Águila era el Ingeniero J. L. Princellar, quien contrató a la compañía Martin para la limpieza del terreno, previo a la tala de árboles y el desmonte, para iniciar la instalación del Campo Petrolero del Kilómetro 56. Esto, al llegar a un acuerdo con las autoridades de Coatzintla en el área convenida para este fin, se habían analizaron las condiciones estratégicos para el manejo de los sistema de agua de servicio y aceite, producto de los pozos que gravitarían a los mecanismos finales. Sobre el lomerío se elevaron viviendas y oficinas. En la planicie se apostaron las estructuras metálicas para los almacenes, talleres, estación de bombeo y generadora de vapor. La ventaja de esta opción fue el tener los rieles que se iban a ocupar para el fallido pozo Cuatro, que nunca se perforo.

En el kilómetro 56 bajaron de las plataformas de La Maquinita varias cuadrillas para trazar las bases en donde se elevarían las estructuras metálicas. Mientras, otros preparaban el área para instalar el cambio de vía rumbo a la Quebradora, sitio en la ribera del río Cazones de donde se abastecería el material pétreo usado como balasto en los rieles y además de grava para la elaboración de concreto hidráulico. Hasta este lugar se trazó y conformó un terraplén para instalar los rieles para el tránsito de La Maquinita, que al quedar concluido, llegó sobre esta, una grúa con cucharon de arrastre para la extracción de material pétreo del río Cazones.

Simultáneamente en Furbero y Palma Sola, las cuadrillas de paileros marcaban numéricamente con nomenclatura, los elementos que componían cada una de las estructuras metálicas de los de talleres, y todos los inmuebles que usaban en la explotación de los hidrocarburos, de igual forma el proceso para la transportación en las plataformas de La Maquinita, la recuperación de los tornillos, las maniobras para desmantelar y bajar las láminas de asbesto, la herramienta, que consistía en polipastos de madera, cables de manila, barras de uña, plumas metálicas, trabajo que muy bien desempeñaban estos trabajadores, hombres de gran experiencia y responsabilidad ejemplar.

En Palma Sola los ingenieros de la compañía El Águila elaboraron los planos que establecía el procedimiento para el desmantelamiento de los cobertizos y casa. En el kilómetro 56 se trazaban las áreas de la cimentación donde se iban a izar las columnas para apoyar las techumbres. Al entrar en operación la quebradora que operaba el Ing. R. Essemprise, de origen Inglés, comenzó la criba de piedra para obtener grava, a pocos días, se acumularon decenas de metros cubicaos, la draga acumulaba y almacenar arena fina y dulce, mientras el cemento llegó envasado en tambores de doscientos litros, que era la forma en que en ese tiempo se vendía el aglutinante en el mundo.

El 15 de Septiembre de 1932, llegó La Maquinita con dos plataformas con obreros de la Compañía Martin con herramienta. Movieron e instalaron las primeras casas en la colonia Obrera. De semejante forma oficinas. Más tarde, al ser nivelados los palafitos, se desplantó el piso de las viviendas para el personal de confianza, área que se conoció como Colonia Americana. Otro personal, cuando empezó a llegar de Cobos y Palma Sola equipo y el material para armar los grandes tanques de almacenamiento de aceite, herrajes y tornillería. La prioridad era instalar en el río Cazones la estación de bombeo de agua, los tanques para almacena el agua y lo que actualmente sigue operando y se conoce como coronación, distribución que se hacía por gravedad a las casas, oficinas y talleres.

La actividad era muy grande, llegaba cotidianamente grava y arena para colar los pisos de concreto en donde se necesitara, las bases para sujetar las instalaciones del proceso del aceite, la lista de instalaciones por edificar era muy grande; torres para los quemadores de gas, galeras para almacenes, talleres y la que tuvo mayor prioridad, la estación de bombeo a la Barra de Tuxpan o Palma Sola, que desde ahí se enviaba por el recién construido oleoducto a la refinería de Azcapotzalco.

Se desmantelaba en Palma Sola y se transportaban al Kilómetro 56, operadores de pailera usaba plumas hechas con tubería de varios diámetros y con poleas de madera y amarres con nudos de mecates, ya que en esa época no existían grúas, lo que hacía lenta la tarea, que se nivelaba con la pericia de los trabajadores, que eran ejemplarmente hábiles. Mientras en Palma Sola se disipaban de las alturas las torres de las chimeneas, los tanques reguladores de agua y otros elementos industriales del petróleo, en el Kilómetro 56 aparecían por el horizonte.

Mientras Palma Sola perdía su fisonomía industrial, en El Kilómetro 56 se iban día a día acumulando gran cantidad de piezas metálicas, dejando de lado la ancestral actividad de labranza desde que se llamó Poza Rica, aquí, la superficie perdió de manera súbita su pródiga vegetación tropical, para dar paulatinamente paso a un campo industrial, dando un giro total a una zona que no sabía de ruidos ajenos a los que únicamente la naturaleza les obsequiaba. Entre el lodo, lluvia pertinaz y la prisa, se concluía la cimentación para varios talleres, es de mencionar que se hizo de gran calidad, porque en pocos años cumplirán un siglo de vida operativa, es el caso del emblemático taller de Maquinas Herramientas, que rompió la dirección del aire en 1933, para convertirse desde entonces en icono petrolero en la región.

Una imagen en la memoria histórica de Poza Rica en su origen fue la monumental trama de metal que integraron las plumas para edificar las once chimeneas de la estación de bombas, que en su colindancia compartió el espacio con la estación para la generación de vapor, carburante de la mayoría de los equipos de combustión Interna en el novel campo petrolero, y que desde ahí emanaba muy puntual el silbato que anunciaba por cláusula contractual el horario laboral. Junto esta Pailería, taller de con su incandescente fragua en donde se calentaban los metales al rojo vivo para dar las formas requeridas. Entre el espacio muy ceñido de las edificaciones, pasaba La Maquinita para la descarga diferentes materiales y tubería en el almacén o el torno.

En dos puntos lejanos a este complejo, se colocaban dos instalaciones. Una en lo alto del cerro donde actualmente está el Deportivo Petrolero, se roscaban las conexiones en forma de codos, coples, tés y válvulas que integraron la batería de separación, que además, tuvo recipientes para la separación del gas y aceite, tanques para medir la producción de cada uno de los pozos que llegaban, el quemador de gas que generan los tanques por la temperatura ambiental. Todo estético y alineado que daba simetría milimétrica y estética. En otro extremo, los paileros ligaban con tornillos cada uno de los elementos estructurales de la bodega de la Agencia de Ventas, instalación que ha tenido varios usos, entre ellos, fue de forma efímera cuartel militar, cobertizo que aún está vigente en contra de la voluntad de administradores sin sensibilidad histórica.

De igual forma, se alzaron dos edificaciones con dos niveles, ambos desaparecidas, Uno la oficina de la superintendencia de la compañía El Águila en lo que se conoce como colonia Herradura, ya que las vías para los kalamazos y autovías hacían una vuelta similar a la de una herradura, el segundo fue el Taller Eléctrico, que limitaba con el Boulevard Central Poniente, justo hoy con la Plaza Cívica. No se puede olvidar las enromes torres esbeltas de lo que fue la “Topping Planta”, primera generadora de gasolina en esta región. También las galeras paralelas de los talleres de Combustión Interna, legendarios del campo de Poza Rica.

La trama de estructura metálica que llegó sobre la plataforma de La Maquinita, fueron las que le dieron forma a otro enrome edificio que poco a poco se fue armando con la herramienta de los armadores, que ligaron con tornillos columnas y otros elementos, que en esa época eran de cabeza cuadrada. Al terminar esta obra, años después vino el incendio del pozo 6, catástrofe que generó que este inmueble desaparecido fuera el emblemático Cuartel de Bomberos. Para el año de 1934, esta arquitectura metálica de cobertizos de talleres y plantas de diferentes procesos petroleros, diera a Poza Rica la estampa de un auténtico campo de esperanza y expectativa de un estilo de vida.

Para el año de 1939 el cuadro ya era común para los trabajadores y sus familiares, de esa imagen se forjaron varias insignias, una de ellas, las vistas nocturnas de invierno cuando la neblina se fusionaba con el vapor que secaba de los equipos, la que tomó con la luz de los quemadores un tono muy singular, que hoy, solo se describe con una fuerte dosis de añoranza, belleza que por las mañanas irrumpía el sonido del silbato, paisaje que se evaporaba con la salida del incandescente sol en aquellas alboradas industrial de nuestra querida ciudad de Poza Rica. ¡Preguntemos a los abuelitos!.

POR José Luis Rodríguez Badillo

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