Plaza Cívica

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Los ciclos del tiempo

Enrique Fernández Ramírez

El tiempo es un continuo permanente. Es el infinito, antes y después del instante presente. Es el tiempo kairológico, el kairós o tiempo propicio. Tiempo que sólo transcurre sin darnos cuenta. En la mitología griega, Kairós representa un lapso de tiempo diferente al tiempo habitual. Es el tiempo que pasa y se va consumiendo. Pero Kairós es el momento en el que algo importante sucede. Su significado literal es “momento adecuado u oportuno”. No tiene medida, sólo se vive.

El ser humano siempre ha tenido curiosidad por descifrarlo y conocerlo. Sabia virtud de conocer el tiempo. Por eso desde el inicio de la humanidad, el hombre se interesó en descubrir sus regularidades temporales mediante la observación del aparente movimiento de los astros, los cambios del clima, las temporadas de lluvias y las conductas de los animales. Realizó cálculos y mediciones para predecir las temporadas agrícolas, de caza y de los fenómenos meteorológicos.

De esta manera estableció calendarios en los que se contaban los días de un ciclo solar, cada vez más exactos. Los días se dividieron en horas, éstas en minutos, los minutos en segundos. Este es el tiempo cronológico, el tiempo medido, el que cumple ciclos. Pero no es el tiempo, sino la medición del mismo. Es Cronos, el que rige nuestras vidas, nos exige, nos apura, nos estresa, nos limita, nos gobierna. Es el tiempo humano, el de las edades, el de los años y los meses y los periodos temporales.

Bajo el influjo de este tiempo cronológico, estamos llegando al final de otro año. Comienza la temporada de vacaciones escolares. Hoy es el último día hábil en el calendario escolar. Último día de clases presenciales y virtuales. Sin embargo desde días previos han comenzado ya los convivios decembrinos, formales e informales, de los estudiantes, del personal docente, de trabajadores de las diferentes dependencias. Son reuniones festivas de compañeros y amigos que antes denominábamos preposadas.

En la fiesta el tiempo no cuenta, no se mide. Transcurre sin sentir, es el Kairós, el tiempo oportuno. Cuando nos percatamos, ya han transcurrido horas, que nos parecieron un instante. Es la reunión de los compañeros que manifiestan su alegría por un tiempo y un deber cumplidos; del mismo modo, vislumbran con esperanza un nuevo año por venir. Es la proximidad con los otros como seguridad y gusto de estar juntos para convivir; es el olvido de las angustias, de las preocupaciones y de los problemas; es el comer y beber con gusto lo merecido.

Maestros y estudiantes festejando la vida en este primer tramo recorrido de manera presencial en las aulas, después de un año y medio de confinamiento. Tiempo trabajado con incertidumbre, con temores, pero con gran determinación y entusiasmo. Además, sobre todo, cumpliendo las medidas preventivas de los protocolos sanitarios. De alguna forma somos supervivientes de la pandemia, no sabemos hasta cuando. Y esto es digno de celebrarse.

Se cumple un ciclo temporal, viene otro de vacaciones, éstas caracterizadas por numerosas fiestas navideñas y de fin de año. En medio de los festejos, es necesario darnos el tiempo para reposar y recuperar las energías, y poder iniciar renovados a partir de enero otro ciclo más de trabajo. Retornar a las aulas con mayor ahínco y motivación para dar lo mejor de sí mismos en las actividades de estudio y académicas.

Son los ciclos del tiempo que se cumplen inexorablemente. Simplemente llegan y nosotros nos ajustamos a ellos, de acuerdo con la temporada o a los acontecimientos. Es Cronos quien nos gobierna y nos dirige. Sin embargo, dice Byung-Chul Han “la vida, incluso en su expresión más cotidiana, debe adoptar otra forma, a fin de evitar cualquier época de crisis; existe la posibilidad de una vida que tiene su propio aroma, pero requiere la revitalización de una vida contemplativa. La crisis temporal solo se superará en el momento en que la vida activa en plena crisis, acoja de nuevo la vida contemplativa en su seno. Si la vida carece de toda forma de unidad de sentido, acaba a destiempo”

En general, en las calles, centros comerciales y en el ambiente mismo, se advierte la algarabía y el regocijo propios de esta temporada de fin de año. La inercia de esta euforia, de pronto hace olvidar cumplir las recomendaciones sanitarias para seguir cuidándonos en esta pandemia, que aún no termina. Es necesario seguir respetando la sana distancia, el lavado frecuente de las manos, aplicación de gel antibacterial y el uso del cubrebocas.

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