Plaza Cívica

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La educación después del confinamiento

Enrique Fernández Ramírez

El confinamiento de los estudiantes en casa, por instrucciones de las autoridades de salud y de educación como medida de contención de la pandemia, ha tenido consecuencias negativas en el aprendizaje. Este encierro que comenzó el 23 marzo de 2020 y parcialmente ha concluido el 30 de agosto de 2021 con el regreso escalonado a las clases presenciales, ha puesto al descubierto las deficiencias del sistema educativo y las desigualdades socioeconómicas de la población mexicana. Deficiencias que ahí estaban, pero se simulaba como que no existían. Se consideraban como “normales”.

Es innegable que la pandemia golpeó a las escuelas y al sistema educativo al disminuir las oportunidades de aprendizaje a gran parte de la población escolar. En este regreso a clases, en el que los maestros han realizado de inicio, una valoración diagnóstica, se va descubriendo con preocupación que esta pandemia ha dejado en los alumnos la pérdida de conocimientos y habilidades previamente adquiridos. Esto significa que no sólo hubo un estancamiento sino que se ha caído en un lamentable retroceso educativo.

Esta situación es aún más grave entre la población estudiantil más vulnerable lo cual ha agudizado la desigualdad educativa de los escolares. Estas pérdidas en educación limitarán las oportunidades tanto para las personas como para el país de acceder a mejores niveles de desarrollo en el mediano plazo.

La nueva realidad educativa coloca al sistema educativo y al magisterio ante nuevos retos que es necesario enfrentar con compromiso y responsabilidad. Una vez que ya ha pasado la perplejidad provocada por la conmoción del coronavirus, es necesario reinventarse como docentes para remar contra la corriente y resarcir, en lo posible, las carencias en el aprendizaje que ha dejado como saldo la pandemia.

La emergencia sanitaria ha desnudado y puesto enfrente de todos lo que ya era muy evidente: las grandes desigualdades sociales y económicas de nuestro sistema educativo. Bastantes estudiantes carecen de los recursos tecnológicos o de entornos familiares cuya economía les permita acceder a los dispositivos electrónicos. Esta brecha digital ha ampliado la desigualdad educativa, que de por sí ya existía. Ha puesto el dedo en la llaga de esa realidad de todos conocida, pero que no había dolido lo suficiente como hasta ahora. La política económica del gobierno tiene en esté renglón una asignatura pendiente.

Otro aspecto que cobró relevancia es la importancia de las familias en la educación. De este confinamiento ha surgido la necesidad de implicarlas en el proceso de educación que los maestros desarrollan con sus hijos. La experiencia que ha dejado la educación a distancia, en lo que se refiere al vínculo que se estableció entre padres de familia, maestros y alumnos, ha puesto de relieve el valor inigualable del acompañamiento de la familia en la educación de sus hijos. Esta relación familia-escuela, muy importante en el hecho educativo, ya estaba considerada entre los factores que tienen que ver con la educación. Sin embargo se había dejado un poco de lado; la pandemia la coloca nuevamente como un tema insoslayable que favorece el aprendizaje.

Sin embargo, lo más relevante que se ha develado en este período de confinamiento es que la formas de enseñar y evaluar que tiene la escuela ya no son adecuadas, pues  sólo son útiles en los espacios y tiempos del aula tradicional, y pierden sentido fuera de ella. La pandemia ha dejado al descubierto que el sistema educativo y la escuela han dedicado buena parte del tiempo a enseñar y evaluar saberes que están al alcance de un clic por parte de los estudiantes. Son otros los aprendizajes que verdaderamente requieren los estudiantes. Es en la vida, fuera de las aulas, donde deben usar el conocimiento adquirido en la escuela.

Conocer a fondo los efectos que en la educación ha ocasionado la pandemia llevará todavía algún tiempo. Se tardará meses o incluso años para tener los datos confiables que permitan desentrañar y comprender lo que ha pasado con la educación en estos dieciocho meses. Lo cierto es  que la educación formal, tal como se le conoce y se había practicado, ha mostrado sus deficiencias, ha quedado desnuda. Sin embargo, esa pobreza pedagógica no es efecto del coronavirus, sino que convivíamos con ella desde hace tiempo, pero casi nadie quería verla.

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