Plantas sagradas: El Peyote

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El uso de plantas sagradas, señaladas por sus propiedades alucinógenas como “elevadoras de conciencia” o transmisoras de conocimiento, han fungido como instrumentos de sanación primordiales –entendiéndose por sanación a la curación o reorganización de la mente, el cuerpo y el espíritu– en innumerables pueblos ancestrales de las que, para este texto, destacaremos las utilizadas en la cultura mexicana.

Es la semilla madre de las tierras mexicanas por excelencia. Proviene de la familia Cactaceae y abunda en estados áridos del norte de la República como San Luis Potosí, Chihuahua, Coahuila, Durango, Tamaulipas y en algunas ocasiones Querétaro y Zacatecas. El peyote (por su topónimo en náhuatl peyotl), contiene al rededor de 50 alcaloides psicoactivos, siendo el más portentoso la mezcalina. Siguiendo los textos de Fray Bernardino de Sahagún, uno de los máximos cronistas del México prehispánico, el peyote ya era utilizado al menos unos 2000 años antes de la llegada de los españoles por culturas como la tolteca y chichimeca. Sobre sus efectos –de acuerdo al libro de Schultes y Hofmann–, devela un “juego caleidoscópico de visiones coloridas de indescriptible belleza (…) se perciben destellos y centelleos de colores, cuya intensidad y pureza desafían cualquier descripción”

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