«Nezahualcóyotl»

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La faceta como militar de Nezahualcoyotl es bien conocida, aunque siempre a la sombra de sus atributos de gobernante y poeta. A su vez, en su carrera de armas destaca de inmediato la gran guerra contra los tepanecas que llevó al surgimiento de la Triple Alianza. Un episodio mucho más oscuro (pues básicamente es referido por Fernando de Alva Ixtlilxóchitl en su Historia de la Nación Chichimeca) es su enfrentamiento con sus aliados mexicas y su ataque a las ciudades isla.

Tras la derrota de los tepanecas de Azcapotzalco por la Triple Alianza surgieron ciertas diferencias entre los dos principales miembros, Tenochtitlan y Texcoco. El tlatoani Izcóatl y muchos principales mexicas se mostraban descontentos argumentando que Nezahualcóyotl pretendía querer tomar posición superior a ellos, reclamando el título de Chichimecatecuhtli, Señor de [todos] los Chichimecas. Según ellos, los mexicas habían puesto el mayor esfuerzo y muertos en la lucha contra la tiranía tepaneca y, en todo caso, los aliados deberían ser simplemente iguales en poder y responsabilidad, si bien obviaban que casi todos los señoríos que respaldaron la Alianza lo hicieron por la figura de Nezahualcóyotl y muchos seguían viendo a los mexicas como los mercenarios de Azcapotzalco.

El señor de Texcoco por su parte expresaba su disgusto sobre la dura manera en que Izcóatl quería castigar a los tepanecas y a quienes les habían sido leales; en su visión, este trato despótico solo produciría que la Alianza fuera tan odiada como lo había sido Azcapotzalco.

Aparentemente la gota que derramó el vaso habría sido la insinuación de Izcóatl sobre que su sobrino el señor de Texcoco no era digno de la investidura de Chichimecatecuhtli.

Nezahualcóyotl le hizo saber mediante emisarios que en ese caso por fuerza de las armas iba a demostrarles en su propia capital su derecho al imperio. Izcóatl envió una embajada de paz, con muchos presentes y doncellas de la nobleza tenochca. El señor texcocano devolvió la embajada diciendo a su tío que la etapa de los presentes había terminado y solo quedaba la vía de las armas.

El ejército de Texcoco llego a Tenochtitlan desde el norte, por la calzada de Tepeyacac. En esta ocasión los mexicas tlatelolcas se unieron a los tenochcas en la defensa de la ciudad, y durante siete días las fuerzas de Nezahualcóyotl no lograron entrar, puesto que las fuerzas mexicas resistían como murallas de escudos y lanzas en las calzadas y acosaban a los texcocanos desde sus canoas en los canales. La defensa estaba comandada por un capitán llamado Ichtecuachichtli, y su valor y arrojo complicaban la situación para los atacantes, hasta que un joven llamado Teconaltécatl, -mochilero según unos, capitán según otros- en el ejército de Texcoco, divisó en medio de la refriega al comandante mexica, y lo embistió con tal furia y desesperación que logró matarlo.

Su caída sembró el caos en las filas tenochcas y tlatelolcas de tal modo que los soldados desmoralizados se retiraron en desorden, y los texcocanos entraron a las ciudades-isla, saqueando y quemando las casas principales y los templos. Ante esta situación, a Izcóatl no le quedó más remedio que solicitar la paz mediante los principales Ancianos de la ciudad. Nezahualcóyotl, que no esperaba otra cosa, ordenó a su ejército retirarse de vuelta a Texcoco e hizo una ventajosa paz con su tío, repartiendo la cantidad de tributos que correspondían a cada uno de los miembros de la Triple Alianza según su criterio, e impidiendo el destronamiento de los señores que habían servido a Azcapotzalco.

Ningún enemigo volvería a amenazar la capital tenochca de este modo hasta 1521, y Texcoco se mantuvo brevemente como miembro dominante de la Triple Alianza hasta el momento en que Ilhuicamina, sucesor de Izcóatl, pudo equilibrar la balanza y luego progresivamente ir cargándola hacia el lado de Tenochtitlan.

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