María Luisa Puga; derrotero literario

Los diarios de María Luisa Puga (1944-2004) son su obra maestra, afirma la investigadora Irma López. “Es la obra magna que quiso escribir siempre, pues esos textos constituyen la novela de una vida, en la que ella es la protagonista”.

La profesora de la Western Michigan University se refiere a las 327 libretas numeradas que conforman el gran diario que escribió e ilustró la novelista y cuentista mexicana durante los últimos 32 años de su vida, de abril de 1972 hasta su muerte.

Este acervo, que en enero de 2017 fue donado a la Universidad de Texas en Austin por Patricia Puga —hermana, heredera y albacea de la también ensayista— inspira y enriquece ahora su primera biografía: Extraño no-amor el tuyo: María Luisa Puga, historia de una pasión, que López ya entregó a una casa editorial mexicana para que evalúe su publicación.

La especialista en literatura latinoamericana, la primera en analizar los diarios, dará el próximo 15 de febrero una conferencia en la Universidad de Texas sobre su acercamiento al acervo depositado en la Colección Latinoamericana Nettie Lee Benson, en un acto que celebrará su apertura, al que también acudirá Patricia Puga.

En entrevista con Excélsior desde Michigan (EU), la también crítica literaria evoca los enigmas que caracterizaron la vida de la narradora que hoy cumpliría 74 años. “Los diarios revelan una parte desconocida de su vida. Este libro llena esa laguna de información que va desde sus orígenes hasta la publicación de su primera novela, Las posibilidades del odio, en 1978, después de diez años de estadía en el extranjero, nueve en Europa y uno en África”.

Dice que los “cuadernos” de Puga, como ella los llamaba, “son un repositorio de apuntes sobre su vida y la vida, pulsaciones propias y las de su tiempo; fueron el espacio absoluto para oírse a sí misma y recomponer el pasado y el mundo en donde se movía, la (re)creación propia mediante el acto creativo”, detalla.

A la autora de 11 novelas, cinco volúmenes de cuentos, cinco libros de ensayo y tres de literatura infantil le gustaban los procesos más que el producto final, señala. “Y sus diarios son precisamente procesos para encontrarse ella misma y a su escritura. El proceso de convertirse en escritora, en mujer, en persona”.

López destaca que la lectura de las libretas manuscritas con tintas negra y sepia echó luz sobre datos como que la Premio Xavier Villaurrutia 1983 provenía de una familia distinguida de la Ciudad de México y que sus abuelos maternos eran españoles.

“No se conocía que, a partir de la muerte de la madre, hay un desgajamiento del núcleo familiar. Se separan hermanas y hermanos. Los cuatro nunca vuelven a tener un hogar. Esto la afectó mucho. “Y, aunque los diarios se inician en 1972, María Luisa asiduamente regresa a sus años formativos y provee así una ventana a aquel mundo temprano de su existencia, que le generó tanto desconcierto y dolor y con el cual nunca logró reconciliarse, excepto en la escritura”, agrega.

La autora de Historia, escritura e identidad: la novelística de María Luisa Puga añade que “los diarios fueron su herramienta para convertirse en escritora, para verse a sí misma como escritora, pues le dan la práctica, el ejercicio. Anota todo, desde las cosas más insignificantes o cotidianas hasta las más serias e intelectuales. Al registrar todo, ella comienza a oír su propia voz y su tono”.

Tras una minuciosa lectura del acervo al que tuvo acceso un año antes de la donación, concluye. “Creo que hay tres momentos importantes en su vida: el primero es desde su nacimiento hasta 1978; un segundo que va de este año a 1984, cuando se va a vivir a Zirahuén, Michoacán; y el tercer momento es de 1984 hasta su muerte. En estos periodos no cambia la temática, pero sí se transforman los escenarios de su literatura”.

Pasión por la escritura

 

’Extraño no-amor el tuyo’, le respondió Julio Cortázar a María Luisa Puga con una mezcla de desconcierto y afecto en una carta que el autor argentino le envió tras haberle confiado ella que no amaba la literatura”, cuenta López en la introducción del libro cuyo título retoma la observación del llamado cronopio.

Narra que el argentino y la mexicana se conocieron en Nairobi, en el verano de 1976 y, al despedirse, el autor de Rayuela le prometió comentarios sobre las muestras de literatura de ella que se llevaba consigo. Cortázar, prosigue, captó con acierto y prontitud la discordancia reinante en la confesión inusitada y, sin más, le afirmó que ese extraño rechazo se traducía en textos que eran cada vez mejores. “La lucha que María Luisa sostenía con la literatura, ‘que es guerra y vida’, estaba haciendo de ella, precisamente, una escritora virtuosa”.

La investigadora indica que este libro relata la historia de una pasión: la de Puga por la escritura. “Escribir fue el centro de su vida y los diarios constituyeron el método adecuado para alimentar la imagen de escritora que cristalizaba a medida que la pluma registraba los sucesos del día que se transformarían en material literario, pues su escritura fue inseparable de la historia personal.

Esta biografía reconstruye los cimientos intelectuales y vocacionales en los primeros 34 años de la autora con base principalmente en los diarios. Y pretende reafirmar el lugar de Puga dentro de la herencia artística, intelectual, que forma la riqueza humanística de México”, asegura.

López, quien reconoce que la obra de Puga se ha estudiado más en EU y Europa que en México, invita a los investigadores a que se acerquen al singular universo de estos cuadernos. “Ella dijo que sería más conocida por sus diarios que por su literatura, que eventualmente los diarios conducirían a la gente a su obra. Creo que eso pasará”.

Y, al mismo tiempo, urge a reeditar toda la obra de Puga. “Creo que sí es valorada, sólo falta promoverla y reeditarla, porque sus libros no están en librerías”, lamenta.

En Texas, el 15 de febrero, dictará la conferencia Escritura y autofiguración en los diarios de María Luis Puga. “Me enfocaré en cuatro rasgos de su identidad creativa que los diarios configuran: su motivación intrínseca, su amplitud de intereses, su apertura a la experiencia y su autonomía de pensamiento y acción”.

Excelsior

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