Las terribles Tzitzimime

Para los pueblos de todo el mundo, mirar al cielo en una noche estrellada significa mucho más que un momento de reflexión contemplativa. Hace miles de años las civilizaciones antiguas levantaban la vista a la bóveda celeste cada noche en busca de respuestas sobre lo que sucedía en la terrenalidad de sus vidas. Como si se tratara de un mensaje oculto, hombres y mujeres buscaban incesantemente una relación entre el movimiento de los miles de astros que recorrían el cielo nocturno ante sus ojos y las cuestiones más apremiantes para la subsistencia humana.

Creían que las estrellas sobre sus cabezas contenían un patrón capaz de descifrar lo que deparaba el futuro y, en cierto modo, poseían suficiente evidencia para creer que estaban en lo correcto.

“…si no caía el instrumento para encender el fuego en este lugar, todo desaparecerá, todo acabará, todo oscurecerá, ya no saldrá el Sol, ya todo oscurecerá y las Tzitzimime bajarán, vendrán a comer a los hombres.”

Su manifestación

Su manifestación solía identificarse con las estrellas que aparecen alrededor del Sol en un eclipse total una vez que éste se ocultaba completamente y la oscuridad reinaba durante algunos minutos.

Después de la influencia de algunos cronistas, las tzitzimime fueron identificadas como ‘diablos’ o ‘demonios’ con la carga occidental del término, que aparecerían amenazando al Sol y bajarían a la Tierra a devorar a los humanos. En la mitología mexica se representaban con una silueta femenina, compuesta únicamente de huesos: “En el segundo cielo hay unas mujeres que no tienen carne sino huesos; y dícense tetzauhcihua, es decir, mujeres maravillosas o asombrosas y por otro nombre tzitzimime, que estaban allí para cuando el mundo se acabase”.

¿Demonios o deidades?

En el pensamiento nahua, la dualidad entre el día y la noche, la vida y la muerte o la luz y la oscuridad funcionaba como un principio que no sólo explicaba el origen de todas las cosas, también les dotaba de un orden que mantenía su equilibrio. Día a día se libraba una batalla entre estas fuerzas, representada tanto real como simbólicamente con la salida del Sol al amanecer y con su desaparición en el horizonte al caer la tarde. Cada noche todo quedaba en penumbra y la derrota momentánea del Astro Rey sólo servía para confirmar su renacer con más fuerza al día siguiente.

Para las civilizaciones del Altiplano Central que adoraban al Sol y tenían en Huitzilopochtli y Tonatiuh a sus principales deidades, la súbita aparición de la noche a plena luz del día a raíz de un eclipse solar no podía significar otra cosa que un fatal presagio: la repentina oscuridad (producto de la ocultación del Sol por la Luna del fenómeno astronómico) representaba la posible llegada de las tzitzimime, seres malignos que aguardaban la ausencia del Sol para acabar con los hombres: “Las tzitzimime eran estrellas, constelaciones o planetas en los cielos, los cuales, bajo ciertas circunstancias, eran considerados funestos. Durante los eclipses de Sol se creía que descendían a la tierra para devorar a los seres humanos; en otras palabras, eran considerados visibles a través del oscurecimiento de los cielos”.

Ideología

El tránsito de ciertas constelaciones alrededor del año coincidía asombrosamente con la época de lluvias y cosechas, con el desplazamiento y la migración de animales e incluso con los días fértiles de la mujer, que sucedían de la misma forma que los ciclos de la Luna. De ahí que muchas civilizaciones antiguas desarrollaran un gusto por la observación cuidadosa y el movimiento estudiado de los astros. Sin embargo, mirar al cielo en una noche estrellada no sólo traía consigo tranquilidad y certidumbre, en ocasiones también parecía una señal inequívoca de tragedia, oscuridad y muerte.

TÚÚL

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