La sobrepoblación carcelaria desata las alarmas en Marruecos

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La periodista Hajar Raisuni, de 28 años, fue condenada el pasado agosto en Rabat a un año de cárcel por abortar, cosa que ella negó. Durante los tres meses que Raisuni se vio privada de libertad, antes de que el rey Mohamed VI la indultara, la reportera padeció los problemas que conlleva el exceso de población en las cárceles marroquíes, un mal que las autoridades vienen diagnosticando desde hace varios años y no consiguen atajar.

“En nuestra célula”, recuerda Raisuni a EL PAÍS, “éramos 12 ó 15 reclusas, en función de las que iban transfiriendo. Solo había ocho camas de cemento. El resto tenía que dormir en el suelo, sin colchones ni mantas. Ninguna compañera era capaz de comer lo que nos daban. La mayoría de las presas tomaban solo el pollo y el pavo que repartían dos veces por semana y rechazaban el resto de la comida”.

“Sentí mucha pena por las adolescentes», continúa Raisuni. “Vi el mal trato que recibían, los golpes de las guardianas. Apenas había actividades para nadie. Y en cuanto a las toxicómanas, ellas no tenían derecho a participar en actividades de formación profesional, cuando eran ellas las que más las necesitaban”.

En las 76 cárceles de Marruecos viven 85.767 detenidos, según la Delegación General de la Administración Penitenciaria y de la Reinserción (DGAPR), organismo que facilitó las últimas cifras oficiales en septiembre de 2019. De ellos, el 40% se encuentra en detención preventiva.

Las autoridades afirman que las tasas de superpoblación se han reducido en los últimos siete años desde un 45% a un 36,9%. Pero son conscientes de que el número sigue siendo muy elevado. El propio responsable de la DGAPR, Mohamed Salah Tamek, se quejó en 2017 ante la comisión de Justicia del Parlamento de la escasez de medios materiales y humanos con que cuenta. Aquel año, el número de presos era de 80.000. Salah Tamek auguró que la situación podía agravarse. Y ahora ya hay 85.767 reclusos.

Existen varias cárceles en construcción, pero Abdallah Mouseddad, secretario general de la ONG Observatorio Marroquí de Prisiones (OMP), objeta que la solución no está en incrementar su número, sino en rebajar el de presos.

En España, con una población de 46,8 millones de habitantes, 10 millones más que en Marruecos, hay 27.250 presos menos que en el país vecino. En Argelia, con 42 millones de habitantes, solo había 63.000 detenidos en 2018. Y este mes, el Gobierno argelino acaba de amnistiar a casi 10.000 detenidos.

Marruecos tiene 237 reos por cada 100.000 habitantes, según datos recogidos por el Instituto para la Investigación de Política Criminal (ICPR, en inglés), con sede en Londres. La población carcelaria de Marruecos supera con creces a la de Suecia (61 por 100.000 habitantes) y a las de Francia (105) y España (124). Pero también a las de Túnez (195), Egipto (116), Arabia Saudí (197) o Emiratos Árabes Unidos (104).

Un funcionario europeo, que ha visitado varias cárceles en el Magreb y habla con la condición del anonimato, cree que las prisiones marroquíes no son peores que las del resto de la región. “Es cierto que no existen celdas individuales salvo para los más peligrosos o los que se encuentran en observación. Pero eso es porque el modelo de reclusión en todo el Magreb es el de tener a unas 25 personas en una misma celda. Es la práctica habitual. Es cierto que aquí en Marruecos, como en Túnez y Argelia, visitas lo que ellos te dejan visitar y nada más. Pero no he visto a gente tirada por los suelos. Cosa que sí he observado en Mauritania, por ejemplo. No obstante, hacen falta más actividades y más profesionales en las cárceles”.

Otro miembro de la Unión Europea, conocedor de las cárceles en Marruecos, cree que las causas del exceso de presos son varias: “Por un lado, el Código Penal debería reformarse. Hay delitos que deberían ser faltas. Además, hay que impulsar las concesiones de libertad condicional. Y, sobre todo, falta sensibilidad en los jueces a la hora de administrar la prisión preventiva”. En España el porcentaje de presos preventivos es del 15% respecto al 40% de Marruecos.

A pesar de todos los males, Abdallah Mouseddad reconoce avances en los últimos años. “Ahora los presos pueden hablar por teléfono con el exterior cinco minutos a la semana. Hay televisores en las celdas. La comida también ha mejorado”.

Pero el activista insiste en que el principal problema es el de la sobrepoblación y todo lo que eso conlleva. “El presupuesto con que cuenta la Administración es para alimentar a solo 80.000 reclusos. Y en realidad hay mucho más presos que los 85.000 que asume la DGAPR”.

Mouseddad cree que la principal causa del exceso de población es el mal uso que jueces y fiscales hacen de la prisión preventiva. “Meten en la cárcel a cualquiera por el mero hecho de consumir droga. Hace poco se murió una joven cuyo delito era haber consumido droga”. Otra cuestión que, según Mouseddad, provoca un exceso de detenidos, es que no existen las penas alternativas fuera de la prisión. “Eso es algo que sí se implantó en Argelia, por ejemplo». También recalca que no se conceden libertades condicionales. En 2018 solo se otorgaron 12 de los 657 permisos solicitados.

En Marruecos son habituales los indultos concedidos por el rey, que suelen promulgarse en fechas festivas como el día en que se celebra su llegada al trono. En 2018 un total de 4.080 detenidos se beneficiaron de medidas de gracia reales, ya sea, la puesta en libertad o la reducción de condenas. Pero ni siquiera los indultos masivos han evitado que Marruecos sigan batiendo récords en número de presos.

EL PAÍS

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