La OTAN, entre la muerte cerebral y el revulsivo estratégico

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En 2016, la OTAN celebró en Varsovia una cumbre, la 28ª, que para muchos era la más decisiva desde la reunificación alemana. En un lugar simbólico en un momento clave, con la sorpresa del Brexit llegando por el oeste, la violencia de Estado Islámico por el sur y la siempre amenazante actitud de Rusia por el este. El año pasado, en Bruselas, ya no se hablaba del pasado ni del futuro, sino únicamente del presente. De Donald Trump abroncando en privado y público a sus socios, reclamando las contribuciones prometidas a la Defensa colectiva y danzando para no prometer nada en lo que a defensa colectiva se refiere. El encuentro que los jefes de Estado y de Gobierno de la Alianza Atlántica van a protagonizar en Londres esta semana, celebrando el 70º aniversario de su fundación, va a ser diferente. Se hablará de rusos y de terroristas, se hablará de dinero y de Trump, pero se discutirá sobre todo de si está en «muerte cerebral», como afirma Emmanuel Macron, o sólo en un coma inducido temporal, como esperan los demás.

Macron, en su entrevista con ‘The Economist’, metió el elefante en la habitación, y en el seno de la Alianza y en Bruselas no se habla de otra cosa. Sus palabras provocaron urticaria y muchas reacciones. Hay una mayoría que comparte la necesidad de una reevaluación de la OTAN, que aboga por un comité de sabios y expertos que ayude a una reflexión profunda. Pero el poner en cuestión la vigencia de la alianza político-militar más potente del mundo, justo ahora, eriza el vello en muchas capitales. «No es un secreto, las palabras causaron conmoción en la casa. Estamos más acostumbrados a Trump, no a esto. Es listo, quiere marcar el desarrollo de la reunión, pero se pasó de frenada», explican fuentes diplomáticas de la Alianza.

Desde París, apuntan a que era necesario agitar el avispero. Para lanzar una cuestión que se estaba retrasando demasiado. Pero también indican desde el entorno de Macron que de esta forma se ha provocado un debate meramente interno, intentando que Trump no canibalice la atención y concentre alrededor de su figura una reunión que no es oficial, pero sí importante.

Pero lo que pudo ser una ‘boutade’ de entrevista resultó al final la punta del iceberg. Detrás hay un cambio estratégico importante, una apuesta de Macron que muchos aliados no acaban ni de comprender ni desde luego de respaldar. En las formas y en el fondo. París quiere acercarse a Moscú y a Pekín y concentrar esfuerzos en el terrorismo, una idea que anunció junto al secretario general, Jens Stoltenberg, el mismo día en que 13 de sus soldados habían fallecido en Mali.

La OTAN tiene problemas, pero más políticos que militares. La cuestión rusa, la cuestión nuclear, la cuestión terrorista. El hecho dramático de que uno de sus miembros, Turquía, haya decidido emprender operaciones militares por su cuenta en Siria, generando una incomodidad mayúscula y mostrando demasiadas vergüenzas. Macron, enemistado abiertamente con Recep Tayyip Erdogan, lo apuntó claramente: si Ankara invocara el Artículo 5, no está claro que sus socios debieran responder. Y si se pone en cuestión la defensa mutua, ese mecanismo sagrado que sólo se ha aplicado después del 11-S, apaga y vámonos.

Jens Stoltenberg y Emmanuel Macron.

«Las recientes declaraciones del presidente Macron, aunque matizadas después, agitarán sin duda las discusiones en Londres, pero es probable que sean más dañinas dentro de la UE que de la OTAN. Y no se trata tanto del qué, como del cómo y el cuándo de su entrevista y su «iniciativa para Rusia. La gran cuestión de fondo sigue siendo la salud del vínculo transatlántico. Incluso si Trump no es reelegido en 2020, habrá que reformularlo y adaptarlo al nuevo entorno estratégico que se está conformado caracterizado por la competencia y rivalidad entre grandes potencias y la expansión de amenazas híbridas que suelen operar por debajo del umbral de respuesta de la OTAN», explica Nicolás de Pedro, del Institute for Statecraft en Londres.

«Macron ha dicho que Europa y Occidente tienen que acercarse a Rusia con la mirada puesta en China. Hay un debate al respecto en la comunidad estratégica estadounidense desde hace unos años, llamémoslo hacer un ‘Kissinger a la inversa’: acercase a Rusia para contrarrestar el poder chino. Pero eso es algo que Trump no puede decir en público. Por tanto, Macron le ha hecho un favor, independientemente de los muchos problemas conceptuales y riesgos que plantea», apunta Luis Simón, director de la oficina del Real Instituto Elcano en Bruselas.

De este encuentro en Londres no saldrán conclusiones formales. No es una Cumbre oficial, sino una reunión de sus líderes, algo todo lo informal que la OTAN permite. Tenía que haberse celebrado en Washington, donde se firmó en 1949, pero lo impredecible del presidente norteamericano lo hizo imposible. Los delegados llevan semanas trabajando en una declaración, de una o dos páginas, que buscará destacar los logros de las últimas siete décadas, las operaciones conjuntas, la unidad o lo que queda de ella. Algo que, aunque cierto, sonará a poco y a artificial.

«Nadie quiere abandonar la OTAN, y sin embargo, mantenerla unida y en buena forma parece más difícil que nunca. Desde el punto de vista operativo y militar, la OTAN se mantiene en buen estado, pero políticamente su salud es más delicada. Y la OTAN es fundamentalmente una organización política que cuenta con capacidades militares. Pese a las controversias que genera, en mi opinión la complementariedad con la Europa de la defensa será más fácil de articular. Sencillamente no hay alternativa realista para Europa, así que habrá que avanzar en la vía de la complementariedad y el refuerzo mutuo», añade De Pedro.

Un debate estratégico

De fondo está el debate gordo, el estratégico pendiente. Qué es y qué debe ser la OTAN en el siglo XXI y, a escala menor, qué debe hacer la UE. El secretario general, Jens Stoltenberg, aunque muy preocupado, se ha acostumbrado a lidiar con las sorpresas y siempre avisa de que es necesaria perspectiva. La ruptura francesa con De Gaulle. La situación en 1989 fue mucho más movida. La Guerra de Irak provocó divisiones muchísimo más fuertes. La OTAN sabe lidiar con desafíos, recuerda. Aunque esto sean interiores, como ahora. «El mundo está cambiando, y esta casa también», indican desde los cuarteles generales de Bruselas. Pero lo que debería ser un momento de alegría, celebración y un mensaje potente al resto del planeta está siendo justo lo contrario. Un festival de dudas, división y enfrentamiento. Un guion que el Kremlin no habría podido diseñar mejor.

«Macron dice que ni China ni Rusia son rivales y que el principal enemigo de la OTAN es el terrorismo. Esto no hace más que añadir confusión, ya que la línea tradicional de Francia es que el terrorismo es un problema que trasciende lo estrictamente militar y que debe ser abordado por los Estados y a lo sumo la UE; y que la OTAN debe ceñirse a la defensa colectiva y la disuasión. El termino elegido por EEUU para Rusia y China, y reflejado oficialmente en la Estrategia de Seguridad Nacional de 2017 y la Estrategia de Defensa Nacional de 2018, es «competidores estratégicos», que es un concepto que asume que hay una relación caracterizada por dinámicas conflictivas pero también cooperativas», recuerda Luis Simón.

Jean-Claude Juncker definió a la suya como la «comisión más política de la historia». La nueva presidenta, Ursula von der Leyen, quiere que sea una ·comisión geopolítica». Y el alto representante para la Política Exterior, Josep Borrell, quiere que la UE aprenda a hablar «el lenguaje del poder». Macron cree que el continente no está preparando, ni intelectual, ni material, ni militarmente para ninguna de las tres cosas, y que por eso mismo debe espabilar. Por eso no quiere que Londres sea una fiesta, sino un revulsivo, antes de que sea tarde.

La historia llama a las puertas y la Alianza, y sus miembros, necesitan una posición de «determinación y seguridad, que permita dialogar e incluso cooperar con ellos, pero desde una posición de fuerza», insiste Simón. Eso lo tienen claro prácticamente todos sus integrantes. Discrepan en los métodos, los recursos y las prioridades. La OTAN es un gigante, es poderoso pero es también lento, predecible y, en ocasiones, cabezota. Está por ver si la táctica de Macron, la mano dura, funciona. Viendo lo ocurrido los dos últimos años y el aumento en Defensa tras los gritos, amenazas y actuaciones de Trump, Macron cree que es la mejor manera. Tosca, incómoda, pero, aparentemente, efectiva.

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