La leyenda de Ixchel, la luna

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En días antiguos, vivió una hermosa mujer llamada Ixchel. Su belleza cautivaba a incontables jóvenes; entre ellos estaba uno llamado Itzamná, cuyo encanto terminó por deslumbrar a la doncella y un sentimiento puro nació entre los dos.

Un día soleado en aquél paraíso llegó un extraño, quien al ver a Ixchel quedó flechado, como muchos otros antes que él.

Sin saber del amor que se estaba gestando entre Ixchel e Itzamná, la hermana de Ixchel, Ixtab, decidió convocar a los dos pretendientes a una batalla a muerte para ganar el amor.

Llegó la fecha acordada y comenzó el combate, Itzamná estaba decidido a ganar sin importar el costo, pero su contrincante usó todos los trucos sucios a su disposición y terminó hiriéndole mortalmente por la espalda. Al ver a su amado muerto, Ixchel corrió a su lado y encomendó su alma a Ixtab, quitándose la vida. Su hermana maldijo al engañoso causante de todo y su nombre nunca se volvió a escuchar. Al tomar el alma de su hermana, Ixtab se convirtió en la diosa del suicidio.

Los dos enamorados viajaron al cielo para celebrar su cariño para toda la eternidad. Ixchel volvió a nacer como la Luna e Itzamná como el Sol, además de esto, él terminó por regalarle a su compañera el brillo de la noche con estrellas, doncellas que mueren jóvenes y ascienden para resplandecer por siempre Ixchel, la Luna.

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