La herencia de san ignacio de Loyola en Sinaloa

Las crónicas coloniales mencionan 25 edificaciones misionales establecidas en la ribera de los ríos Petatlán, Evora y El Fuerte durante los siglos XVI y XVIII

Sinaloa fue la puerta de entrada para la conquista espiritual del noroeste de México; el INAH lleva a cabo tareas de difusión sobre su riqueza misional

Cada 31 de julio sin excepción, cientos de peregrinos acuden a una pequeña y modesta capilla de la sindicatura de Nío, en Guasave, Sinaloa. Todo el día se escucha la tambora en la población. El templo se harta de feligreses con ofrendas florales, velas y “milagritos” para una monumental escultura de san Ignacio de Loyola. El fundador de la orden jesuítica está tallado en piedra, en una sola pieza, pesa alrededor de tres toneladas y mide 1.50 metros de altura. Su antigüedad es de más de 400 años, de la época cuando los religiosos comenzaban la evangelización del noroeste de México, justo en esta región sinaloense, de la que hoy poco se escucha en la historia del país.

El arqueólogo Joel Santos Ramírez, investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), enfatiza que el norte de Sinaloa fue la región donde se fundaron las primeras misiones jesuíticas del noroeste de México. Una forma de organización que facilitó la conquista de la Corona española en lugares inhóspitos, pero también con un proyecto espiritual ideado por la Compañía de Jesús para poner en práctica en las naciones indígenas, las más hostiles de la Nueva España, según las crónicas españolas y que propició el desarrollo de una cultura de gran valor.

Inah

Comments

comments