La forma del agua de Guillermo del Toro, el gran momento del FICM

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Ambientada en la Guerra Fría, la historia se centra en el romance y las historias clásicas de monstruos; recibió el León de Oro en Venecia.

Después de haber visto la celebrada La forma del agua, queda claro no sólo que están más que justificados los halagos y reconocimientos que ha recibido a nivel internacional —se hizo con el León de Oro en Venecia— sino que se trata de la verdadera gran película de la edición número XV del Festival Internacional de Morelia.

Proyectada por primera vez para Latinoamérica —antes se vio también en el Festival Internacional de Cine de Toronto—, el público fue testigo de uno de los momentos cumbres del cineasta, quien en plena madurez creativa y sin traicionar nunca su naturaleza —explicada con su frase “El cine dominguero es el que te salva, a mí me ha salvado”—, aquí da rienda suelta a su lado ideológico y político.

La Forma del agua se ubica a principio de la década de los  sesenta y nos cuenta cómo es que una mujer muda, que trabaja en las instalaciones de una dependencia del gobierno, se enamora de un hombre anfibio —traído directamente del Amazonas—, se encuentra recluido en dicho lugar.

Escrita por el mismo Del Toro en conjunto con Vanessa Taylor, se trata de una historia romántica que se apunta en la línea de los monstruos clásicos de mediados del siglo pasado y recupera los rasgos propios de la fantasía más tradicional, aquella en donde los príncipes y las princesas no corresponden a los convencionalismos, y la belleza se vuelve oscura y retorcida. Por si fuera poco, todo contextualizado durante la Guerra Fría, época que resulta ser el escenario ideal para que el realizador mexicano desarrolle un discurso crítico y reflexivo sobre la naturaleza del miedo, la estigmatizacion, la propia aceptación y los alcances del amor.

Por supuesto no podemos ignorar la enorme cantidad de referencias a la mitología cinematográfica que a través de afiches y diversas referencias se hace presente en secuencias tan envolventes, como seductoras e inquietantes. Mención aparte merece por supuesto la actuación de Sally Hawkins (Jazmín Azul),  que logra una naturalidad apabullante, en complicidad con Doug Jones (Hellboy II), uno de los maestros de las caracterizaciones en el cine.

Sin duda, Guillermo del Toro se convirtió en el gran distintivo de esta fiesta de XV Años del que es uno de los eventos fílmicos más importantes de nuestro país, uno que luce de maravilla.

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