La dolorosa caída de Tenochtitlán

En Tlatelolco se vivió el día final del Imperio mexica. Murieron 40,000 mexicas, la ciudad fue arrasada y su Huey Tlahtoani Cuauhtémoc fue capturado luego de la última batalla que libraron los mexicas contra los españoles. El 13 de Agosto de 1521, Hernán Cortés ordenó la ofensiva final. Un ejército de miles de hombres entre Españoles y aliados nativos arrasó la ciudad prendiéndole fuego y aniquilando a los defensores. Autores anónimos de Tlatelolco escribieron en 1528 la relación de la Conquista. El documento, escrito en náhuatl, se encuentra en resguardo de la biblioteca Nacional de París. El panorama de Tlatelolco, descrito en esta obra, refleja una ciudad devastada: “En los caminos yacen dardos rotos, los cabellos están esparcidos. Destechadas están las casas, enrojecidos tienen sus muros.

Gusanos pululan por calles y plazas, y en las paredes están los sesos. Rojas están las aguas, están como teñidas, y cuando las bebimos, es como si bebiéramos agua de salitre.” En una feroz batalla casa por casa, las tropas españolas habían arrasado la capital Tenochtitlan, la ciudad gemela de Tlatelolco y los guerreros mexicas con su tlatoani Cuauhtémoc se trasladaron a Tlatelolco para hacer la resistencia final. La defensa de Tlatelolco duró 76 días, en los cuales los guerreros mexicas lucharon contra los españoles. Macuahuitl , y escudos contra arcabuces, espadas y caballos. Los mexicas dieron un fuerte golpe a los invasores logrando tomar prisioneros que luego ejecutaron desde lo alto de sus templos ante la mirada impotente de las tropas españolas en sus barcas sobre el lago de Texcoco.

Caída de Tenochtitlán

Durante el asedio a Tlatelolco, los españoles cortaron los suministros de la ciudad. Los mexicas, diezmados por el hambre y la viruela, libran la última batalla y caen. Resistencia Resistencia Cae su cultura, su religión y la pureza de su raza. “El 13 de Agosto de 1521, heroicamente defendido por Cuauhtemoc, cayó Tlatelolco en poder de Hernán Cortés. No fue ni triunfo ni derrota, fue el doloroso nacimiento del pueblo mestizo que es el México de hoy.” Así dice un monumento en mármol que se levanta en Tlatelolco, donde los guerreros mexicas libraron la última batalla contra los españoles. El último bastión, el esfuerzo final por proteger su cultura, su sangre y su tierra. Los restos de Tlatelolco, como los de Tenochtitlan yacen bajo la ciudad de México. Los españoles construyeron una nueva ciudad encima de la capital mexica. En 1527, el principal templo mexica fue mutilado y, a su lado, con sus mismas rocas sagradas, los españoles construyeron el primer templo cristiano en el lugar. A mediados del siglo XX, se construyó un enorme complejo habitacional de 130 edificios sobre el área de Tlatelolco, dejando solamente los restos del Templo Mayor y su plaza principal, así como varias estructuras de la antigua ciudad tlatelolca. Se construyó la Plaza de las Tres Culturas, que debe su nombre a la presencia del México azteca, el México colonial y el México moderno, cuya presencia convive en el lugar.

Cuauhtémoc y Cortés

Cuauhtémoc y Cortés

México como país heredero de conocimientos de sus antiguos habitantes y Desafortunadamente un país mestizo libraría en Tlatelolco muchas batallas más. Contra la naturaleza y contra las libertades del pueblo. Hoy camino sobre los restos de la antigua ciudad en silencio. Este lugar emana una energía de duelo permanente. De tristeza absoluta. La ciudad sigue viviendo a su ritmo de gran urbe, pero la soledad quema. Aquí sucumbió una civilización y nació un país. Entro al templo, a ese templo que se construyó sobre las cenizas de la antigua ciudad de México-Tlatelolco y parece el único lugar donde se puede guardar el duelo y elevar una oración. Es muy austero, sin los intrincados retablos barrocos de otros templos coloniales, como respetando el lugar donde libró aquella última batalla el pueblo azteca. El cielo se nubla dramáticamente. Los nubarrones se mueven rápidamente sobre mi cabeza, con un negro de duelo. Sobre la Plaza de las Tres Culturas, un grupo de niños juega un partidillo de futbol. Corren sobre la plaza alegres, vigorosos, ajenos completamente de que casi 40 años antes en esa misma plaza los estudiantes también corrían tratando de salvar sus vidas.

Y la lluvia comienza a caer, aunque las gotas no logren limpiar el dolor que se atrinchera en Tlatelolco, ni borrar la sangre de las heridas que han construido a este México.

TÚÚL

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