La cultura de la velocidad y la prisa

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-Aprende a vivir con lentitud-

CON-CIENCIA

POR: LIC. GABRIEL DEL ANGEL.

La cultura de la velocidad y la prisa te exige que vivas corriendo, de prisa, te sume en la rapidez y la inmediatez, privándote vivir con lentitud y disfrutar plenamente la vida. Si observas tus actividades diarias pocos son los minutos que tomas para un breve descanso y no te hablo de un descanso nada más físico, sino también mental. Constantemente tu “agenda” personal está saturada de actividades, te es necesario moverte y con rapidez para alcanzar tus objetivos, ya sean de trabajo o de estudio. Además todavía no terminas un proyecto cuando ya tienes otro más en mente, el cual es aún más importante según tú, que el que estas por concluir. Y aunque tu modo de pensamiento rápido pueda ser adaptativo en muchas circunstancias la falta de reflexión seguramente te lleva a la irracionalidad y a la toma de malas decisiones.

Sin embargo la prisa en la que cotidianamente vives no corresponde casi nunca a que tengas cosas importantes que hacer con urgencia, sino a los requerimientos de un modo o estilo de vida que trata de mantenerte distraído y ocupado todo el tiempo.

Por otro lado, los teléfonos móviles y las redes sociales están diseñados de tal forma para captar tu atención el mayor tiempo posible y con mayor intensidad, a fin de mercantilizar y monetizar tu atención al máximo.

Este estilo de prisa y rapidez por hacer cosas a traído como consecuencia grave que se pierda el dialogo no tan solo con los demás, sino contigo mismo, al igual que en tu entorno social, así como  también en tu salud.

 Te pongo los siguientes ejemplos para que los observes: cada vez eres menos paciente con los demás, te cuesta trabajo escuchar lo que otro dice,  interrumpes para dar tu idea y no razonas o evalúas lo que  otro te expresa, no tienes tiempo de escuchar a otros porque tienes cosas importantes que hacer o por terminar, ¿te suena conocido?, si tu repuesta es afirmativa siento decirte que estas atrapado en la velocidad y la rapidez.

Si escuchar a los demás te cuesta trabajo, más complicado será que te escuches a ti mismo, escuchar por ejemplo a tu cuerpo cuando algo le aqueja, reflexionar en tus pensamientos, gestionar tus emociones y muchas cosas importantes sobre de ti mismo que has dejado de hacer porque no tienes tiempo.

“En un mundo adicto a la velocidad, la lentitud es un súper poder” afirma el escritor Carl Honore, efectivamente en esta cultura de la velocidad quien hace las cosas con paciencia y toma reflexivamente sus decisiones, podríamos decir que está dotado de un súper poder.

La tecnología  avanzada, la facilidad para comunicarnos y todas las comodidades con las que actualmente vivimos, deberían ser ocupadas no solo para darnos más comodidad y facilidad para hacer las cosas, sino también para tener más tiempo. En un estudio llevado acabo entre personas de esta generación con la generación pasada en relación al tiempo que ocupaban para atender su vida personal y de esparcimiento, revelo que esta generación tiene menos tiempo para atender su vida personal y de convivencia, que su generación antecesora. El tiempo se ha convertido en un instrumento de dominación, porque hay una insatisfacción constante por el tiempo supuestamente desperdiciado. Es asombroso que mucha gente actualmente piensa que convivir, darse un descanso, asistir a un evento social e inclusive asistir a consulta médica es una pérdida de tiempo.

Hoy por hoy te encuentras atrapado en una enloquecida rutina diaria, te encuentras tan acostumbrado a esta cultura de la velocidad y la prisa, que con mucha frecuencia pierdes de vista el enorme daño que te está ocasionando toda esta prisa, aceleración, distracción, impaciencia, velocidad en todos los aspectos de tu vida.

El grave el daño que le estás haciendo a tu salud, a tus relaciones afectivas, sociales y familiares, así como el daño que le haces a tu propia capacidad para trabajar, de innovar, crear, pensar y reflexionar.

Te encuentras corriendo en la vida en lugar de vivirla, necesitas un freno, algo que te haga consciente de la necesidad de detenerte y hacer un alto, ya que tu estilo de vida por la velocidad y la rapidez te está haciendo daño. Desafortunadamente para muchos esta llamada de atención llega en forma de enfermedad, un día tu cuerpo dice “no aguanto más este ritmo”, también puede repercutir en tu relación sentimental, la cual termina o se deshace porque nunca tuviste tiempo para atenderla, escucharla, para apagar tu celular cuando estas con ella.

¿Qué sería lo recomendable hacer? desacelerar en todos los sectores de tu vida, darte cuenta de que la creencia generalizada de que los que actúan o viven con lentitud son unos perdedores, aburridos, infelices o poco modernos, esto es una gran equivocación, ¿Por qué? Porque desacelerar o vivir más lentamente sin prisas, de una forma racional en el momento oportuno te favorece a que trabajes mejor, ames mejor, críes mejor a tus hijos, te alimentes mejor, en resumen que vivas mejor.

Es importante aclararte que no se trata de hacer todas las cosas a paso de tortuga, pues sería absurdo y ridículo, la clave es hacer las cosas a la velocidad justa y correcta o adecuada a cada momento, es obvio que hay momentos para ser rápido pero de igual manera hay otros momentos para ir un poco más lento, se trata de hacer una sola cosa a la vez, con calma y calidad, así como con gusto y esto aplica en todo hasta en tus relaciones personales e íntimas.

Para concluir tendrías que preguntarte ¿cómo puedo hacer las cosas lo mejor posible? En lugar de ¿cómo puedo hacer las cosas lo más rápido posible?.

Así que ya sabes, camina, no corras, piensa, reflexiona, observa, no compitas, has las cosas con gusto, ama intensamente, pues la vida es corta para perderla con tanta prisa.

Finalmente te invito nos leas todos los lunes en la página de Facebook del Mejor Diario de la Zona Norte del Estado de Veracruz, La Opinión,  y en la Web donde podrás leer este y otros artículos de esta columna.

Con el mejor de mis deseos porque seas feliz, perfectamente saludable y libre de todo sufrimiento.

NAMASTE.

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