Julián Carrillo, el mexicano que no se conformó con 12 notas musicales y creó la teoría del ‘Sonido 13’

Los que saben dicen que la música es matemática pura. Pues hubo quien supo y hasta osó decir que las fantásticas obra de genios como Mozart y Bach hacían uso limitado de las tonalidades, pues solo ocupaban las tradicionales 12 notas musicales, Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si, y sus intermedios.

Su nombre era Julián Carrillo, es una institución para la música a nivel mundial, y es mexicano.

Su descubrimiento adquirió forma de revolución musical en una teoría conocida como Sonido 13. Se le llama así porque Carrillo encontró la forma de dividir las tonalidades que formaban del espectro auditivo, hasta en 16 tonos distintos.

Con sus herramientas, tan solo un violín y una navaja, Carrillo notó que un dedo cubre mucho de una cuerda entre el espacio que hay entre un tono y otro tono, de manera que recurrió a una navaja por su delgadez, y la introdujo, con extrema precisión, a intervalos regulares. Apenas tenía 20 años y ya había descubierto la infinidad en los tonos.

De San Luis Potosí para el mundo

Julian Carrillo Seo

De humildes orígenes y nacido en 1875, Carrillo comenzó de niño en el coro de la Iglesia de su pueblo natal, ‘Ahualulco‘, una pequeña comunidad cuya cabecera municipal tiene aproximadamente 4 mil habitantes. Su nombre actual es ‘Ahualulco del Sonido 13’.

Por su habilidad musical sobresale inmediatamente, y su profesor lo lleva a la edad de diez años a la capital de San Luis Potosí para que obtuviera formación musical. Tan solo 10 años después Carrillo ya está en Ciudad de México, inscribiéndose en el Conservatorio.

“Primero dividí la cuerda por la mitad de su longitud y se produjo el fenómeno que para mí era de milagro: oí la octava del sonido fundamental. Después proseguí dividiendo la longitud de la cuerda en tres y se produjo la quinta, en cuatro, y oí la cuarta, en cinco y resultó la tercera, hasta que llegué a la octava división; pero allí me detuve por que el grueso de mi dedo y el pequeño fragmento de la cuerda que quedaba me imposibilitaban para seguir”.

En 1899, el tocar en un concurso musical le brinda la oportunidad de su vida. No solo resultó ganador, sino que conoce en persona al entonces presidente Porfirio Díaz, quien le otorga una beca para ir a Europa a estudiar. El mismo año llega a Francia, emocionado, como un niño que comenzó en un coro de iglesia y que jamás imaginó con llegar hasta donde estaba, no había forma de que pudiera prever lo que le esperaba.

Resulta que el límite de edad para el Conservatorio de París era de 17 años.

El requisito de edad no lo detuvo. Carrillo encontró la manera de trasladarse a Alemanía, en donde sí consiguió entrar al Conservatorio de Leipzig. A solo tres meses se convirtió en el primer violín de la Orquesta Sinfónica Gewandhaus, una de las más famosas del mundo y que existe hasta el día de hoy.

A pocos años de distancia, en 1902, toca con la Orquesta Real del Conservatorio su Primera Sinfonía en re mayor, fácilmente ahora localizable en YouTube.

Incluso después de terminar en Leipzig, Carrillo sintió que tenía mucho más que aprender. Emprendió un nuevo viaje, ahora con destino a Bélgica, un nuevo camino con terrenos inexplorados que no mostraba certezas pero que le llevó a ser el mejor del mundo.

Y es que ya en el Conservatorio de Gante sus habilidades en el violín hacen que las miradas se centren sobre él, y termina participando en el Gran Concurso Internacional de Violín de 1903. No obtiene el primero, pero sí se lleva las palmas con un nada menor segundo puesto.

Apenas un año después, en 1904 obtiene con unanimidad el primer lugar. Julián Carrillo acababa de convertirse, a sus 29 años, en el mejor violinista del mundo.

Para cuando regresa a México nuevamente se encuentra con el presidente Díaz, quien le regala un violín Amati. Su gusto musical y su empeño por la difusión de la música clásica le llevan a fundar en 1908 la Orquesta Sinfónica Beethoven y el cuarteto Beethoven.

Apenas un año más tarde, Justo Sierra, entonces Secretario de Educación Pública le convoca para hacer la música del canto especial a la bandera, un poema cuya letra correría a cargo de Rafael López.

Con su consagración, se convierte en el músico representante del país ante el mundo, fue comisionado para asistir al Congreso Internacional de Música en 1911 y más tarde asiste al Congreso de la Sociedad Internacional de Música en Londres.

El ascenso meteórico de Carrillo y su revolución musical solo podrían haberse detenido por otra revolución. Pese a que es nombrado Director del Conservatorio Nacional de Música en 1913, debido a las crecientes revueltas y el ánimo desestabilizador en el país, Carrillo decide salir del país para residir en Nueva York, en donde funda y dirige la Orquesta Sinfónica América.

La difusión del Sonido 13

Durante todo su tiempo de formación, Carrillo nunca olvidó aquel experimento con su violín y una navaja. Poco le mencionó durante todo este tiempo, pero vio en su consagración como músico una lugar ideal para la difusión de sus ideas.

Una vez las aguas calmaron en su país natal, decidió volver, y tras su llegada volvió a ocupar el puesto de Director del Conservatorio Nacional de Música, ahora en 1920. Entonces, un artículo publicado en el periódicofrancés ‘Le Menestral’ llamó su atención.

Básicamente la nota trataba sobre la necesidad de buscar melodías cuya base fueran los cuartos de tono, puesto que los semitonos habrían dado ya casi todo de si mismos. Los descubrimientos del Sonido 13, guardados hasta entonces, encontraban el momento perfecto para ver la luz. O al menos eso pensó Carrillo.

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El mexicano escribió un artículo en un periódico local asegurando que su investigación le revelaban nuevos sonidos inexplorados hasta entonces. El resultado, de nuevo, no lo pudo haber prevenido Carrillo. Durante los próximos años, una oleada de críticas argumentaron que se trataba de información sin sustento científico, y conformadas como un recopilatorio de ideas de civilizaciones antiguas.

“Este momento marcó mi destino. Todos los conocimientos que habría de adquirir a lo largo de mi vida los dedicaría al desarrollo de los múltiples y complejos problemas resultantes de mi experimento, con el cual se rompió el ciclo de los doce únicos sonidos conocidos hasta entonces, abriendo para la Música las puertas del infinito”.

A Julián Carrillo se le fue acusado de todo. Desde plagiador, hasta loco revolucionario que acabaría con la precisión de la música y la llevaría a un sinsentido matemático. Para contrarrestar en parte las acusaciones, el compositor potosino expidió a través de la Secretaria de Relaciones Exteriores una carta, que habría de dirigirse a universidades y conservatorios de todo el mundo, para preguntar si en algún lugar del globo, alguien reconocía como propias, las ideas detrás de la Teoría del Sonido 13. Por unanimidad, las respuestas le favorecieron a Carrillo.

Fue en este intervalo de tiempo que Julián Carrillo escribió su primera obra con tonos microtonales, que se ha convertido en la más reconocida del Sonido 13, misma que fue revelada décadas más tarde, Preludio a Colón.

Producto de toda la polémica que envolvía a Carrillo, en 1925 el director del periódico ‘El Universal’ José Gómez Ugarte le pidió a Carrillo dejar de lado las discusiones y polémicas, y trasladarlas al terreno práctico. Para ello, patrocinó un concierto en donde Carrillo tocara obras musicales con sonidos microtonales. El resultado: el 15 de febrero, en el Teatro Principal, se llevó a cabo el primer concierto con música cuya base eran dieciseisavos de tono.

El éxito se convirtió en el primero de muchos. Embarcado en una nueva misión que trascendía a su carrera como músico, Julián Carrillo encontró su vocación en el estudio y análisis de los microtonos. Llamó la atención de músicos alrededor del mundo, lo que le llevó a tener conciertos del Sonido 13 en Nueva York y en Filadelfia.

Los años por venir los dedicó a escribir música microtonal y a asegurar su conocimiento a través de diversos libros, como ‘Pre Sonido 13’, ‘Sonido 13’, ‘Leyes de Metamorfosis Musicales’ y ‘El Infinito en las Escalas y los Acordes’. Al comprender la importancia de contar con instrumentos modificados para tocar especialmente las notas del microtonalismo, diseñó sus propias arpas, flautas, guitarras y pianos.

Por ello, en 1949 cuando Carrillo presentó su piano afinado en tercios de tono. Para finales de los años 50, el compositor ya tenía pianos afinados por cuartos, quintos, sextos y séptimos de tono.

“con los dieciseisavos de tono empieza usted una nueva era musical, y yo deseo estar al servicio de esa causa”

Leopold Stokowsky a Julián Carrillo

Reconocido a lo largo del mundo, Carrillo se dedicó a la difusión de su teoría musical casi siempre con recursos propios, lo que le valió halágos de la comunidad de músicos de Estados Unidos y Europa.

Sus investigaciones sobre el microtonalismo y las matemáticas del espectro tonal le merecieron una nominación al premio Nobel de Física en 1950, y en 1956 fue condecorado como Caballero de la Legión de Honor en Francia, y con la Gran Cruz de la Orden del Mérito en Alemania.

Su última gran creación llegó en 1962, con ‘Misa en cuartos de tono para coro masculino a capella‘, dedicada especialmente al Papa Juan XXIII.

“La revolución del Sonido 13 jamás pudo esperar que hubiese tanto por descubrir en el campo de la música, hasta que, por singular fortuna, se la atacó. Por esta razón, y muy sinceramente, agradezco a todos los impugnadores de mis teorías, tanto a los que formaron el llamado Grupo 9, como a los que aisladamente la combatieron; y asimismo, agradezco el gran servicio que se me hizo con el vacío que se formó a mi alrededor en el ambiente musical de México, pues gracias a ese maravilloso aislamiento pude reconcentrarme y ser yo mismo y no un reflejo de ideas ajenas, de lo que no escapan frecuentemente ni los compositores más eminentes”:

Julián Carrillo murió el 8 de septiembre de 1965 en San Ángel, Distrito Federal. En marzo de 2016 la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), le otorgó el reconocimiento internacional ‘Registro de la Memoria del Mundo’. La Fonoteca Nacional perpetuó su nombre a través de la sala Julián Carrillo.

XATACA

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