Jóvenes chinos crean tendencia al vivir en asilos de ancianos

Hangzhou.- Shan Tingting es una joven de 23 años. Ella vive en un asilo de ancianos.

Todos los días, después del trabajo, toma la ruta del autobús 137 y en media hora estará en casa, donde sus compañeros arrendatarios, en su mayoría ancianos y varios jóvenes, saludarán su regreso en “El Hogar Soleado“, un centro de atención para personas de la tercera edad en el distrito de Bingjiang, Hangzhou, en la provincia oriental china de Zhejiang.

Tingting es voluntaria y beneficiaria de un programa innovador llamado “El compañerismo es la expresión duradera del amor”, contó a Xinhua.

Hace aproximadamente dos meses, Tingting leyó en internet que un geriátrico estaba invitando a jóvenes que no podían comprar un departamento propio la posibilidad de alquilar una habitación completamente amueblada en la instalación por solo 300 yuanes (43 dólares) al mes.

La ubicación era ideal, la habitación espaciosa, con servicios adicionales y el alquiler era escandalosamente bajo, algo inimaginable en la metrópolis oriental.

La única condición es que los jóvenes pasen 20 horas al mes acompañando a los mayores, ya sea con una conversación informal, leyéndoles un libro o enseñándoles cómo usar un teléfono inteligente.

Para muchos profesionales jóvenes que luchan por sobrevivir en las grandes ciudades, ésta es una oferta demasiado tentadora para rechazar.

Yang Yunhai, de 29 años, y su asociado operan una escuela privada de artes en Hangzhou, donde enseñan pintura a tinta y caligrafía tradicionales. Solía vivir en el lugar donde trabajaba, pero poco a poco se había vuelto inconveniente y el alquiler de una sola habitación en la ciudad es de 1.400 yuanes, un poco más allá de su presupuesto.

Aquí, en el Hogar Soleado, el alquiler mensual de 300 yuanes no sería suficiente para pagar las facturas de gas y agua en otro lugar, explicó en entrevista con Xinhua.

“Siempre enseñaba a niños antes de mudarme. Pensé que podría aprovechar la oportunidad de adquirir algo de experiencia en la enseñanza de adultos”, añadió.

Casi al instante, sus habilidades de enseñanza le han ganado el título de “Maestro Hai” y una enorme popularidad entre sus ancianos discípulos.

Se establece una sala de caligrafía en cada piso de la casa con una capacidad máxima para albergar a 2.000 personas mayores, ubicadas junto al pintoresco lago White Horse.

Todos los sábados a las 14:00, la clase de caligrafía de Yunhai comienza con un grupo que no para de sumar mayores entusiastas.

Cuando comenzó el proyecto solo participaron algo menos de 30, y aún así duplicaba el número de asistentes en la primera clase de Yunhai con su escuela.

Ahora, el Maestro Hai tendría que viajar de un grupo de práctica a otro, siempre que pudiera agotar el tiempo de su horario de trabajo.

La abuela Chi, de 77 años, le señaló a la periodista que siempre le había parecido fascinante la caligrafía. “Tenía ganas de aprender desde que era una niña, pero nunca tuve la oportunidad”, aseguró.

Ahora se ha convertido en una de las pupilas más serias de la profesora Hai.

Shan Tingting no hace caligrafía. En cambio, ella ofrece clases de inglés en el Hogar Soleado.

“Me sorprendió el entusiasmo de nuestros mayores para aprender un nuevo idioma”, relató.

Dentro y fuera de la clase, los jóvenes siempre son pacientes y alentadores, ya que sus estudiantes podrían tener problemas para escuchar o leer con claridad, mientras que los ancianos se sienten rejuvenecidos ante la presencia energética de sus jóvenes amigos.

“Este programa pretende llevar a las dos generaciones a una interacción cálida y positiva para inspirar lo que llamaríamos una ‘comunicación intergeneracional'”, apuntó Wang Kai, director de Trabajadores Sociales de Sunny Home.

Fue creado conjuntamente por el centro de atención para personas mayores y las autoridades locales de asuntos civiles como una solución innovadora para mitigar el desafío que plantea el envejecimiento de la población en China.

A finales de 2017, China tenía 241 millones de personas mayores de 60 años.

También es una forma de pensar que rompe moldes para promover el desarrollo de servicios de atención para personas mayores, destacó Zhuo Yongyue, director de atención médica integrada y atención para personas mayores bajo la Asociación China de Bienestar Social y Servicio para Personas Mayores.

Al reclutar a jóvenes como voluntarios residentes en un contrato de arrendamiento económico, se inyecta un flujo de energía vibrante en el hogar, por lo demás monótono, así como también para mejorar la calidad de vida de los jóvenes, manifestó.

Por otro lado, la “mezcla” de lo viejo y lo joven propicia la mejora de la calidad del servicio y la atención a la creciente demanda de sus clientes de servicios más refinados y personalizados, agregó el también presidente del Grupo de Green Healthcare, operador del programa de compañerismo.

El programa también puede establecer un ejemplo que ayude a alentar a la sociedad a cuidar a nuestros ancianos, sugirió.

En el Hogar Soleado se acomoda una cuota de 14 voluntarios a pesar de que las habitaciones en hogares de ancianos todavía son escasas y tienen una gran demanda.

El más joven de todos es Wu Kai, quien nació en 1998. Habiendo sido criado por sus abuelos, el estudiante universitario de 20 años se siente naturalmente cercano a los compañeros mayores.

“Espero trabajar en la atención de mayores o en sectores relacionados después de graduarme”, comentó Kai. “Es un privilegio para mí pasar tiempo con los ancianos”, añadió.

“Después de todo, todos envejeceremos algún día”, señaló.

Y el sentimiento es mutuo ya que los beneficios van en ambos sentidos.

El abuelo Hao, que vive arriba de Yang, se ha convertido en un amigo cercano a pesar de la diferencia de edad. En ausencia de Yang, el abuelo que comenzó a sufrir una leve pérdida de memoria buscaría en el complejo preguntando: “¿Dónde fue el maestro Hai?”

Cuando el maestro Hai trabaja horas extras, el abuelo Hao salva un huevo de su cena o compra fruta para que el joven no pase de hambre al llegar a casa.

“Mientras comparten su dominio de las aplicaciones de teléfonos inteligentes e Internet, los jóvenes aprenden de la rica experiencia de vida de la generación anterior”, resumió Jia Ximin, gerente de relaciones públicas del Hogar Soleado.

“Los ancianos nos tratan como si fuéramos sus propios hijos”, comentó Shan. “¡Incluso quieren consentirnos ofreciéndonos lavar nuestras sábanas!”

Yang concluyó: “Si un día me caso y me mude, siempre regresaré para visitarlos y hacer caligrafía con ellos”.

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