El inesperado escuadrón mexicano que competirá en los Juegos Olímpicos de Invierno

Desde México ven con cierto estupor los Juegos Olímpicos de Invierno, pero no existe esa conexión como en los de Verano: falta uno de los suyos, alguno que encarne alguna gesta heroica, o alguna medalla. Tampoco hay poblados donde la nieve sea perpetua.

Este año en los Juegos Olímpicos de PyeongChang (Corea del Sur) habrá cuatro mexicanos. Sarah Schleper, Rodolfo Dickson, Robert Franco y Germán Madrazo. En su país cuestionan sus raíces foráneas. Sarah Schleper (Glenwood Springs, Colorado, 1979) practicaba el esquí bajo el apoyo de Estados Unidos en torneos nacionales, campeonatos mundiales y Juegos Olímpicos.

En 2011, con 32 años, decidió retirarse. En 2014 decidió casarse con el corredor de bolsa mexicano Federico Gaxiola. Por ley, Schleper recibió la nacionalidad mexicana. Y ella estaba ansiosa volver al esquí. En mayo de 2015 la federación del deporte validó el cambio. Lo que le atraía era dejar un legado deportivo en su país adoptivo. ”Creo que es difícil para algunas personas entender por qué cambié de nacionalidad y dónde está mi patriotismo, pero ellos no entienden que la mitad de mi familia es mexicana”, dijo al portal Vail Daily.

Rodolfo Dickson (Puerto Vallarta, Jalisco, 1997) buscará evadir los obstáculos en la nieve en la prueba de slalom gigante. Cuando tenía nueve meses de haber nacido fue llevado a un orfanato. A los tres años fue adoptado por una pareja canadiense que tenía una propiedad en la zona. El chico de ahora 20 años empezó a esquiar en Mont-Tremblant, una ciudad de Quebec (Canadá). Pasó de las playas a un lugar donde el sol no calienta. De ahí se enganchó en sus sueños por bajar a toda velocidad por una colina. Entrenó en Canadá y compitió en Europa todo costeado por su cuenta.

Dickson tenía problemas al hablar desde pequeño. No podía hablar en español y, durante tras su terapia hizo del inglés su lengua materna. Incluso cuando fue la ceremonia de abanderamiento de atletas para Pyeongchang dejó entrever que no habla español. Rudy, como le llaman sus amigos, prefirió competir por México, un país ajeno al deporte helado. El permiso se lo concedieron el 31 de agosto de hace dos años. “Cada vez que me veo en el espejo, veo a México”, comentó Rodolfo Dickson a la cadena Claro Sports.

Robert Franco (Sacramento, California, 1993) tuvo frente a sí una dura decisión para competir a nivel internacional en el esquí. Tenía que elegir entre representar a Estados Unidos, la nacionalidad de su madre, o la de su padre. Él le decía a Franco que era su oportunidad para colocar a México en el mapa de los deportes de invierno. “Cuando era pequeño mi padre me hablaba mucho en español, pero todo el tiempo yo lo hacía en inglés”, comentó en entrevista.

Franco empezó a entrenar desde los siete años. Las montañas de Sacramento le sirvieron para ganar agilidad en las pendientes. Antes de viajar a Corea del Sur, el esquiador entrenó cinco semanas en la Ciudad de México. Su disciplina consiste en realizar piruetas por los aires con los esquís y llevar al máximo su elasticidad.

Cuando Germán Madrazo (Querétaro, 1974) era un niño soñaba con ser un gran nadador. Compitió en torneos nacionales organizados en las instalaciones del Comité Olímpico Mexicano. Su gusto se intensificó en los triatlones. Y luego, en Sochi 2014, se preguntó por la ausencia de mexicanos en el esquí de fondo. Se puso como meta clasificarse a Pyeongchang. Para ello debió vender las bicicletas de competencia, pedir préstamos para competir en Europa. Fue en Islandia donde aprendió a desplazarse por las nevadas.

Con 43 años quiere dejar precedente para el deporte de su país con solo un par de esquís como material. Madrazo fue reconocido por el Comité Olímpico Mexicano como el abanderado. Él se ha fijado un objetivo: rebelarse, tener un argumento de que puede destacar sin importar que en su país no predomine la nieve.

 

 

 

 

EL PAÍS/DEPORTES

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