¡EL RECUERDO TRÁGICO!

Por Pascual Hernández Hernández
Fotografías de: Miguel Rivera, Ignacio Rivera, Jesús Rivera, Alberto Tolentino, Maurilio Lozano y Ademir Lozano

Han pasado 19 años de aquella tragedia que enlutó a decenas de hogares en toda la región. En octubre de 1999 se registró una de las peores inundaciones de las que se tenga memoria. Las pérdidas humanas y los daños materiales fueron incalculables y el recuerdo trágico aún permanece en la memoria de muchas familias que resultaron afectadas en esa ocasión.

La depresión tropical 11 se conjuntó con el frente frío 5 en esa ocasión y trajo lluvias inimaginables. Los ríos crecieron y se desbordaron. Bañaron con sus aguas miles de hectáreas de cultivos y cientos de cabezas de ganado fueron arrastradas al igual que muchas personas que perdieron la vida.

La tragedia se gestaba en ese momento, ya que toda esa agua que cayó en las sierras de Papantla y Puebla se encauzó por los ríos San Marcos, Necaxa y Pantepec, que inundaron posteriormente municipios como Tecolutla, Zamora y Costa Esmeralda.

Provocaron, además, daños y muerte en Papantla, Cazones, Álamo y Tuxpan. En Poza Rica, miles de familias de sectores como La Florida, La Floresta, Las Gaviotas, Morelos, Miguel Hidalgo y colonia México, quedaron bajo el agua, por lo que sus moradores tuvieron que ser rescatados a bordo de “macarios” de Pemex, cuyos conductores los llevaron a diferentes albergues.

Los primeros afectados fueron los residentes de municipios como Coyutla y Espinal. Decenas de puentes cayeron ante los embates de las enardecidas aguas del río Necaxa y dejaron aislados a poblados enteros, cuyos habitantes se mantuvieron así por varios días hasta que fueron rescatados y auxiliados con víveres por aire, el único medio disponible para llegar a ellos.

Más tarde se comenzó a dimensionar la tragedia. Municipios como Tecolutla y Zamora yacían bajo el agua. No había paso por tierra, pues la carretera federal 180 había sido cortada por deslaves a la altura de San Pablo, así como por la caída de varios puentes en La Guadalupe, La Vigueta y Casitas, en Costa Esmeralda.

El llano papanteco quedó devastado. Pueblos como La Martinica, 1o de mayo, Pabanco, Puxtla, Tres Naciones se perdieron entre el agua de los “brazos” del río Necaxa, mientras que localidades como Paso del Correo, La Isla, Paso de Valencia y El Remolino sufrieron fuertes afectaciones. En el centro de la ciudad de Papantla hubo algunos muertos por deslaves de cerros en Cardenales, en las calles de Aquiles Serdán y Enriquez, entre otras.

Localidades enteras como San Antonio Coronado, en Zamora, quedaron en el abandono luego de la tragedia, pues muchas familias perecieron enteras. Hay recuerdos muy dolorosos de personas que aún viven en esa localidad, quienes tuvieron que pasar varios días arriba de los árboles, amarrados con cobijas para no caer y escuchar entre la oscuridad los gritos desgarradores de auxilio de personas que eran arrastradas por la corriente y a las que jamás volvieron a ver.

Helicópteros de la secretaría de Seguridad Pública del Estado comenzaron a sobrevolar la zona y a rescatar familias de los techos de las viviendas, imágenes que a la postre fueron inmortalizadas por la lente de Miguel Rivera Salinas, fotógrafo de esta casa editora cuya celebre imagen, que muchos se quieren agenciar, dio la vuelta al mundo al ser publicada en medios nacionales como El Universal, además de ser retomada por reporteros de la agencia Reuters.

¡DESASTRE!
Bajo el titulo de “¡DESASTRE!”, La Opinión publicó el 7 de octubre de 1999 la magnitud de la inundación. Los reporteros, con las limitaciones tecnológicas de la época, con el lodo y el agua a la cintura y en algunos casos a bordo de lanchas o camionetas, se dieron a la titánica tarea de ir en busca de la información, aún cuando su vida misma corría peligro porque los ríos y arroyos aún estaban crecidos y no había más comunicación que la aérea para poder llegar hasta el lugar de los hechos.

Algunas voces informativas de la época referían en tono irresponsable y con desconocimiento, que lo peor estaba por venir, ya que aseguraban que las autoridades de Nuevo Necaxa, Puebla iban a “abrir las compuertas” de la Presa Necaxa, por lo que el agua acumulada se iba a verter hacia el río Cazones e iba a inundar toda Poza Rica.

En Álamo, la creciente del río Pantepec inundó amplios sectores de la ciudad, cuyos habitantes quedaron atrapados además por “las aguas del monte”. El centro de la ciudad quedó devastado. El mercado Hidalgo y todos los comercios de los alrededores quedaron bajo el agua y sus propietarios lo perdieron todo.

En Cazones de Herrera la tragedia envolvió varios hogares. El río que lleva el mismo nombre se desbordó e inundó la cabecera municipal, dejando en la calle a residentes de populosos sectores como El Barrio del Huarache, La Antena y Agustín Acosta Lagunes, entre otros, donde se reportaron algunas personas ahogadas.

Tuxpan no se salvó y el río Pantepec bañó todo el centro de la ciudad. Habitantes del puerto de los bellos atardeceres no recordaban una inundación con estas dimensiones desde 1955. La ayuda llegó por aire, ya que no se podía entrar por ningún lado ya que todo estaba bajo el agua.

En esta ciudad, miles de familias de los sectores Las Gaviotas, La Floresta, La Florida, Lázaro Cárdenas, Morelos, Ignacio de la Llave y la colonia México, tuvieron que ser rescatados a bordo de “macarios”, cuyos operadores los trasladaron a albergues situados en el Gimnasio Municipal “Miguel Hidalgo” y algunos otros más en diferentes escuelas.

Los centros comerciales de la época como Soriana y Plaza Cristal sufrieron cuantiosas pérdidas y la Central de Autobuses de Poza Rica, también quedó encharcada y se suspendieron decenas de corridas para todos los destinos de la región, porque los caminos estaban cortados.

Enmedio de la tragedia que se vivía en La Floresta y Las Gaviotas, el presidente Ernesto Zedillo Ponce de León y el gobernador Miguel Alemán fueron obligados por los vecinos a bajarse de la lujosa Suburban para enlodarse y conocer de cerca las afectaciones.

Entre colchones, muebles, enseres domésticos, ropa y animales muertos, Zedillo y Alemán tuvieron que caminar y escuchar los reclamos y las solicitudes de ayuda de todas estas personas, que en un abrir y cerrar de ojos lo habían perdido todo.

TRAGEDIA DE LA DÉCADA
Calificada como la Tragedia de la Década, las inundaciones de 1999 dejaron, en cifras oficiales, 76 muertos, 59 desaparecidos y 450 mil afectados, pero la gente difiere de estos números, pues hay quienes aseguran que los decesos fueron por centenares, ya que muchos cuerpos jamás aparecieron.

Luego de la tragedia, vino la desesperación, porque no había comida ni lo más mínimo que se le pareciera. Había que esperar en medio de la oscuridad el arribo de la ayuda. La energía eléctrica fue cortada de tajo por el derribo de las torres conductoras del cableado y no había agua entubada. Ni en el campo ni en las ciudades como Poza Rica había que comer, por lo que muchas personas tuvieron que hurgar entre la basura, como sucedió en Álamo, para encontrar algo que llevar a sus mesas y alimentar así a sus pequeños.

Poco a poco la ayuda comenzó a fluir hacia los pueblos devastados. La solidaridad se hizo presente con despensas, ropa y agua embotellada que llegó desde muchos puntos del país. En su interminable labor social, las instalaciones del Periódico La Opinión y Editorial Gibb sirvieron como centro de acopio, donde incluso los mismos reporteros, ya sin ropa ni zapatos por las largas jornadas entre lodo y agua, también fueron auxiliados junto con sus familias.

Los caminos estaban destrozados. No había paso hacia la Ciudad de México, ya que había derrumbes a la altura de La Uno, La Ceiba y Xicotepec de Juárez, Puebla. Para llegar a la Capital del País había que dirigirse hacia Tantoyuca y de ahí tomar la carretera hacia Ciudad Valles y salir por Pachuca, Hidalgo.

La Costa Esmeralda estaba seccionada en La Guadalupe, La Vigueta y Casitas. Se formaban enormes filas para poder pasar hacia Veracruz y para llegar a Martínez de la Torre había que tomar una vereda por Hueytepec, pues se habían caído varios puentes en el tramo San Andrés-María de la Torre, donde los autos y camionetas solo podían pasar los arroyos jalados por tractores.

En esta ciudad, habitantes de Las Gaviotas, que sufrieron cuantiosas pérdidas materiales y sus casas quedaron bajo el agua, solicitaron una moratoria de pagos al Infonativ, mientras que los tres niveles de gobierno les hacían llegar ayuda como despensas, ropa y agua.

Fueron días dolorosos para muchas familias que lo habían perdido todo de un momento a otro. Tuvo que pasar mucho tiempo para iniciar otra vez. Los deudos lloraron amargante a sus muertos, sobre todo quienes lograron rescatar sus restos, pero hubo quienes nunca más los volvieron a ver. Así pasarán muchos años, jamás podrán olvidarlos. Hoy, a 19 años de las inundaciones que enlutaron a decenas de familias en toda la región, el recuerdo trágico perdura y quedará grabado para siempre.

Comments

comments