El Parto Azteca

La higiene y el ritual marcaron cada momento de la vida de las mujeres embarazadas, donde las parteras ofrecieron a quienes estaban a su cargo un notable plan de parto del siglo XVI, combinando las ceremonias religiosas con cuidados prácticos y medicamentos para el alivio del dolor.

<< ¿De dónde vienen los bebés? la respuesta de los aztecas a la pregunta clásica del niño era que provenían del 13er cielo, el cielo más alto de todos, lugar de dualidad, el OMEYOCAN, ahí reside la pareja primigenia Ometecuhtli y Omecihuatl, quienes concebían las almas no nacidas, esperando hasta que la pareja dual decida colocarlas en el vientre de su madre >>

Los aztecas también creían firmemente en la supervisión divina del parto, y que desde el momento de la concepción, el desarrollo saludable de un feto dependía de la voluntad divina, cuya sociedad azteca, constituyo un poderoso imperio que se extendía sobre lo que ahora es el Sur de México desde el siglo XIV al XVI, estaba llena de costumbres religiosas, y que diseñó una notable serie de sistemas para monitorear a la madre y su hijo por nacer, pues mientras que las mujeres nobles podrían esperar ser atendidas por un equipo de parteras, las mujeres más abajo en la escala social también tendrían acceso a los servicios de esta figura clave en la sociedad azteca, que supervisaría el embarazo.

La TLAMATLQUITICITL o partera realizaba visitas regulares a la mujer embarazada en su hogar, donde realizaba exámenes ginecológicos, por ejemplo, si había algo indebido, “ponía a la joven embarazada en un baño y presionaba su vientre para girar al bebé si es que estaba en la posición incorrecta, moviéndolo de un lado a otro”. Y en el caso de una madre primeriza, la partera también le aconsejaba sobre la dieta y otros hábitos, como asegurarse de que el agua no esté demasiado caliente cuando tome baños, de igual modo, ella recomendaba seguie teniendo sexo hasta el 7mo mes de embarazo “porque si la embarazada se abstuvo completamente del acto sexual, el bebé nacería enfermizo y débil”, por otro lado, la partera también evitaba que la futura madre levantara el exceso de peso que podría poner en peligro al feto, y le recomendaba “evitar el dolor, la ira y las sorpresas para no abortar ni dañar al bebé”.

A medida que se acercaba el nacimiento, la partera se quedaba en el hogar de la mujer durante 4 días para preparar a la futura madre, donde el orden y la limpieza de la sociedad azteca era muy observada por los españoles pues era una de las costumbres esenciales del parto, el cuerpo de la mujer, su cabello y la sala de parto eran completamente limpiados y la partera preparaba un baño de vapor en el Temazcal, consagrado a la diosa de la salud, TOCI, el Temazcal es una especie de sauna con techo bajo, ubicado justo fuera del hogar con leña especial libre de humo y plantas aromáticas, pues esto ayudaría a la mujer a relajarse mientras la partera verificaba el estado del feto, donde la habilidad azteca con la medicina herbal hizo mucho para reducir el trauma y el dolor del parto una vez que comenzaban las contracciones, por lo que a la mujer se le daba a beber té hecho de cioapatli, una hierba “que tenía la virtud de impulsar o empujar al bebé”, pero, si a pesar de esto, la mujer aún sentía dolor y no se dilataba, “le daban la mitad de la cola de un animal llamado tlacuatzin, con esto, la mujer daba luz fácilmente “.

La mujer se ponía en cuclillas para dar a luz con la partera detrás de ella, sujetando sus talones, por lo que la gravedad haría parte del trabajo de empujar al bebé y minimizar el esfuerzo de la madre (los españoles observan con admiración que las mujeres indígenas parecían dar a luz con mucho menos esfuerzo y dolor que las mujeres españolas, ya que se recuperaban tan rápido que muchas rápidamente volvían a quedar embarazadas poco después

<< Durante los eclipses, los aztecas creían que afectaban el embarazo, puesto que las Tzitzimime atacaban al Dios Sol TONATIUH en su recorrido por la bóveda celeste y solían bajaban a la tierra a provocar desaventuras, por lo que por su propia seguridad, las mujeres embarazadas permanecían en el interior de sus casas durante tales episodios de desorden universal >>

Una vez que el bebé nacía, la tlamatlquiticitl o partera miraba la higiene de la madre y al recién nacido, primero, llevaba a la madre al temazcal para que sudara toxinas, las resinas y las plantas aromáticas relajaban a la madre y ayudaban a comenzar la producción de leche, y los bebés eran lavados para que la diosa de las aguas, CHALCHIUHTLICUE, “limpiara su corazón y lo hiciera amable y limpio”. Después del parto, la partera se quedaba durante 4 días más para controlar el suministro de leche materna, siendo una precaución esencial, ya que el destete no se llevaría a cabo hasta que el niño tuviera dos años o más, y los aztecas no tenían animales cuya leche se pudiera usar como sustituto, por lo que a la mujer se le daba de tomar pulque para incrementar la producción de leche materna. Durante esos 4 días, se llevaban a cabo tareas prácticas junto con rituales como que la placenta era enterrada en una esquina de la casa, y si el recién nacido era un niño, se le daba el cordón umbilical a un guerrero para que lo enterrara en el territorio enemigo, dado que la ocupación principal de los hombres aztecas era la guerra, puea se suponía que este ritual debía darle al futuro guerrero con fuerza y ​​coraje, pero si el bebé recién nacido era una niña, el cordón umbilical era enterrado junto a la chimenea para hacerla buena cónyuge y madre, se le instaba a “ser para el hogar lo que el corazón es para el cuerpo”.

Primeramente durante un embarazo, la partera examinaba regularmente la salud de la madre y el feto, después del parto, se administraban plantas medicinales para ayudar a la dilatación y reducir el dolor, y finalmente tras el nacimiento, el padre consultaba a un sacerdote para ayudar a determinar el nombre de un recién nacido, que basado en su signo astrológico en este caso, el Conejo, al niño se le daría un apodo adecuado, por lo que los familiares se reunían para comer, beber y dar gracias por un niño sano, considerado un regalo de los dioses, por otro lado, las madres ancianas a menudo daban un consejo por primera vez sobre la crianza del niño.

La ceremonia de nombramiento del infante era un ritual clave en la sociedad azteca, era el deber solemne del padre informar a los sacerdotes del día y hora de nacimiento, y ellos a su vez consultaron el Tonalamatl, una especie de almanaque estructurado alrededor del año azteca de 260 días, para discernir el nombre más apropiado, pues el propósito de esto, “era predecir su buena o mala fortuna en base a las cualidades del signo bajo el cual nació”, ya que los aztecas consideraban los últimos 5 días del año como un mal presagio, por lo que los padres hacían todo lo que podría garantizar que los niños nacidos en esos días fueran nombrados después de que ese período haya terminado.

A pesar de la atención brindada durante todo el embarazo, el parto a menudo fue letal. Si, a pesar de todos los esfuerzos realizados, la madre moría en el trabajo de parto, era considerada como una guerrera que había muerto en combate, por lo que CIHUACOATL venía por su alma o tonalli para dejarla en la casa del Sol y le preste sus servicios durante 4 años para reencarnar, de lo contrarioa regresaban como mujeres descarnadas como las Cihuapipiltin, pero, si el feto nacía muerto, “la partera tomaba un cuchillo de piedra llamado itztli, cortaba el cadáver dentro de la madre y lo despedazaba”, un procedimiento espeluznante que “salvaba a la madre de la muerte”.

<< Los aztecas creían que las almas de los infantes que morían durante el trabajo de parto llegaban a un lugar llamado Chichiualcuauhco, donde el Árbol de la Vida o árbol nodriza los alimentaría con su leche materna hasta que la pareja primigenia OMETECUHTLI y OMECIHUATL las devolvieran para nacer de otra madre, y el ciclo de nacimiento y muerte girara una vez más >>

Notas:
* CHALCHIUHTLICUE es la diosa de las aguas, señora de los ríos, de los lagos y de los mares, por lo que también estuvo asociada con bebés y niños. En sus rituales para ponerles nombres eran presididos por la diosa que eliminaría lo malo de los padres que sus recién nacidos hubieran heredado.
TLAZOLTEOTL es la diosa de la sexualidad, por lo que es usual verla representada dando a luz pues ella gobierna sobre las áreas de la carnalidad, la fertilidad y lujuria, la cuál mostró una veta cruel, causando locura entre los hombres, pero en su papel de diosa del parto, era conocida como “la gran mujer en el parto”, donde mostraba un aspecto materno.
* Los pasajes relevantes de Huehuetlatolli (una colección de dichos, discursos y consejos de ancianos aztecas), fueron citados poco después del nacimiento, incluidas las palabras de bienvenida con que una partera y los abuelos deberían saludar a un infante recién nacido diciendo: “Su oficio y habilidad es la guerra, por lo que tu papel es dar al Dios Sol la sangre de tus enemigos para beber y alimentar a los dioses de la tierra, TLALTECUHTLIy TLALCIHUATL, con los cuerpos de tus enemigos.

MitologíaAzteca

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