El engaño de Neymar

No hay un futbolista más desquiciante en el mundo que Neymar. El brasileño es un jugador de fábula que se distingue por encolerizar a los contrarios con su lengua y su regate, y por enfurecer a sus compañeros por perder los primeros minutos de cada partido en cambiar o ajustar las botas, ya sea en el Camp Nou o en Miami. No parece una maniobra de distracción sino más bien una treta comercial de un delantero excepcional, malabarista y valiente, desafiante en los escenarios más exigentes como por ejemplo San Mamés o el Calderón. Muy instintivo, ataca como un pura sangre desbocado, tiene mucha determinación, fuerza y desequilibrio, genera situaciones de superioridad con su fuerza y clase, desborda por dentro y por fuera, y ha sido decisivo en los últimos éxitos del Barça.

Neymar se la ha jugado al Barça con su culebrón con el PSG, el equipo contra el que cuajó seguramente su mejor partido como azulgrana, aquel de la famosa remontada que acabó con Messi subido a una valla publicitaria del gol norte del estadio, puño en alto, endiosado por la hinchada del Camp Nou. Quizá fue entonces cuando Neymar advirtió que jamás alcanzaría la gloria, ni siquiera en las noches de su mayor éxito, mientras se alineara con Leo. El brasileño quiere ser en Europa el 10 que es en Brasil. Así que habría decidido de forma legítima salir de la zona de confort y pelear con el rosarino y con Cristiano Ronaldo por ser el futuro Balón de Oro desde un equipo que tiene la sede en París.

La maniobra parece maestra si se tiene en cuenta además que cobrará 30 millones netos, el doble de lo que percibía en el Barça después de renovar su contrato hace solo ocho meses con una prima de fichaje de unos 26 millones que vence precisamente hoy, motivo que seguramente ha influido en el silencio de los Neymar, una familia de traviesos, reyes del enredo, capaces de torear a Florentino. Todavía hoy no se sabe cuánto le costó Neymar al Barça después de ganarle la mano al Madrid. Tampoco será fácil cuantificar la operación que le puede llevar al PSG. Únicamente se sabe que será un negocio redondo para el padre y el hijo Neymar. No son gente de fiar para los cules después de chafar la gira triunfal del equipo por EE UU y robar el cartel mediático de la pretemporada a Cristiano y Mbappé.

Al Barça no le queda más remedio que esperar, táctica que por otra parte es la única que domina últimamente Bartomeu después de quedar en fuera de juego por la habilidad de Neymar, indetectable incuso para Piqué. Muy poco puede hacer la entidad para retener a un futbolista chupón excelente y al tiempo rebelde, icono de la mercadotecnia, un gran showman dispuesto inicialmente a reunirse con la colonia de brasileños de París. El problema es que la actitud de Neymar es un síntoma que trasciende al carácter pesetero y egoísta del futbolista número 1 en Brasil. El Barça ya no solo es incapaz de retener a alguna de sus mejores promesas, captadas por el dinero de la Premier, sino que tampoco parece en disposición de conservar a figuras de la talla de Neymar.

EL PAIS.

 

 

Comments

comments