El Cine Hidalgo

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Tan monumental como su techumbre 

José Luis Rodríguez Badillo

El Cine Hidalgo fue inaugurado el 21 de julio de 1960. Detrás de aquella fecha, la edificación dejó una cadena de hazañas, anécdotas y esfuerzos para ponerlo de pie, su nombre deriva de un meritorio reconocimiento al padre de la Patria y al que tiene el municipio de Poza Rica, de Hidalgo. El diseño fue una obra del reconocido arquitecto Ángel Landa y Cuevas, quien dejó los retos para los albañiles, soldadores, carpinteros y demás especialistas que harían realidad el cine. En el mes de febrero de 1957 inició lo que para muchos ha sido la sala cinematográfica más grande de nuestro país por la compañía COMPSA.

Lo monumental se vio desde la misma área disponible y la excavación que inició la compañía constructora Compsa para la cimentación, semanas más tarde los muros se levantaba hacia el cielo como si el encargo fuera llegar a él. El casco del cine se vio colosal y los servicios interiores a tono del aforo deseado, la recomendación del Ing. Jaime J. Merino se tomaron y se notó, fue uno de los más grandes de nuestro país y muchos otros. Los ingenieros que supervisaban la construcción checaban algunos conceptos en especial, pero algo que los paileros y soldadores cuidaban era el herraje final de las columnas, las que tenían que estar totalmente alineadas, lo que al final se cumplió. 

Nadie preguntaba ni se imaginaría cómo sería su techumbre, pasó desapercibido tal vez en muchos, pero para el Sr. Francisco Castillo y Mario Nolivos Arias ya era un reto colosal que tenían que resolver como integrales de la Superintendencia de Talleres Generales del Distrito Poza Rica de Petróleos Mexicanos, habían recibido instrucciones del Ing. Merino de cubrir el casco del recinto con lo mejor, asimismo con el material. Nolivos Arias tenía constantes reuniones con el jefe del Taller de Soldadura y Pailera, Sres. Leonardo Castillo y Sebastián de la Rosa, que se harían cargo de tal reto.

El monumental Cine Hidalgo

Quien ingrese al pórtico del cine actualmente se preguntará cómo harían el techo, quién lo habrá construido, cómo le hicieron, seguro no tendrá respuesta y seguirá su rumbo, de inmediato sobresale lo alto y ancho, que en ingeniería se le llama el claro de pared a pared, que fue el reto a vencer. El soldador designado fue el Sr. Catarino Muñoz Monroy, haciendo honor a su categoría de especialista fue viendo con detalle los pernos en lo alto de cada columna, en donde había seis de ellos y la distancia entre ellos. Sacó la plantilla para tener la disposición que tenían cada una de ella, y en cada eje transversal al sentido de la entrada principal que fueron doce; los extremos laterales se les llama eje longitudinal, a lo que físicamente es lo largo, que fue donde se colocaron las estructuras, las que coloquialmente se conocen como cabrillas. 

Es de recordar que en la década de los años cincuenta no existían grúas y mucho menos de tales dimensiones, por eso que el maestro Catarino Muñoz confeccionó de manera especial una pluma para el caso, en especial para cada extremo de las cabrillas. Mientras un grupo de paileros en un área especial enderezaban y daban forma a los ángulos y soleras para fabricar las estructuras para cada uno de los ejes, que variaban mínimamente en las zapatas de anclaje y en los pernos de las columnas. El fabricado de cada pluma requirió de tubería de varios diámetros y de forma particular, incluso, para reforzarlas se le embutió uno a otro dándole rigidez, la que se requirió por la altura, además las herramientas y cables para los vientos, poleas simples y dobles de gran capacidad.

Cuando se tenía habilitado el material para las estructuras, estas se construyeron en sitio, es decir dentro del recinto. Eso era preciso para evitar ser transportadas de un lugar a otro. Es así como el maestro Catarino Muñoz Monroy emprendió la construcción sobre pequeños burros metálicos la primera estructura. Hombre de gran inventiva fue uniendo piezas con ensambles terciados, esto para que el elemento no tuviera zonas de debilidad. Los ángulos de cuatro pulgadas de peralte eran reforzados con soleras de tres pulgadas de peralte y tres cuartos de pulgada de espesor. Así armó dos estructuras similares o gemelas que fueron unidas con una placa atizadora, dando forma simétrica a una armadura de forma triangular. En el centro inició la pendiente hacia ambos lados para el escurrimiento del agua pluvial por gravedad.

Construcción del nuevo cine, 9 de septiembre de1957, compañía COMPSA

De similar forma se construyeron los otros con una precisión asombrosa y estética bajo una armonía entre soldadores, paileros, obreros y pintores que empezaron a limpiar el metal con cepillos de alambre y aplicaron una capa de pintura primaria, con la de acabado final. El Ing. Merino junto a los jefes de los talleres Francisco Castillo y Mario Nolivos Arias no cabían en el pasmo caminando sobre fieros y cables, ruidos de fierros y el entendido calor que ofrecía el casco sin techo del futuro cine. En tanto, en un lado de la sala, Catarino muy preocupado se asomaba por una puerta lateral, se veía angustiado hasta que al fin vio llegar un tractocamión, con dos malacates sobre su cubierta, el que colocaron junto a una columna de concreto.   

En la parte interna de las paredes de ambos extremos, los carpinteros izaban un enorme andamio paralelo a las columnas donde se haría la primer maniobra para trepar la primera estructura metálica. Junto a estas se colocaron plumas con las poleas y largos cables de una pulgada de diámetro, con varios roles y palancas se colocó la primera pieza para ser elevada y posteriormente acoplada. Tarea que requirió de mucha atención y cuidado. La armonía se denotaba de inmediato en esa área de piso irregular, flamazos de los equipos de corte con oxiacetilénica y el inmenso ruido de las máquinas de soldar, que de pronto les daba el flamazos a los obreros. Cuando todo parecía listo, don Catarino Muñoz dijo “mañana será el día”.

Al día siguiente, muy temprano llegó don Catarino, se asomaba por una puerta lateral en la parte de enfrente, hasta que vio llegar uno a uno a su personal, quienes llegaron ya vestidos de color caqui y con beneplácito les dio la bienvenida con unos “buenos días”. En unos minutos todo se veía listo, el malacate se checó y el cable estaba debidamente guarnido, un obrero le comentó que ya tenía la grasa y otros al unísono dijeron “cuando usted diga, don Catarino”. 

Para las siete y media de la mañana don Catarino dijo “pues vamos”. Los cables fueron atados a cada uno de los extremos mientras la pluma central tomaba altura, y poco a poco se iban levantando casi diez toneladas de acero hecho una cabrilla para instalarse como estructura principal de un techo. Al llegar al nivel un pailero en cada extremo embonó las perforaciones de la zapatas extremas con ojales en donde se acoplaron con los pernos, ya embonados los dos lados, se aplicó grasa para proteger de la corrosión y conseguir un rápido torque, así, en pocos minutos la primera estructura ya estaba montada.

Cortinas del foro y parte del interior del Cine Hidalgo

De similar forma y conservándolo como un procedimiento, se montaron las demás piezas estructurales. A medida que se fueron colocando estas, el cuadro tomó una forma diferente. Después se cambió la maniobra para instalar los largueros de ángulo, estos sirvieron como atizadores de la estructura, haciendo un elemento en conjunto. Resultando con ello una estructura monolítica que permitió soportar carga muerta y viva o dinámica; como la lluvia y la fuerza del viento.

Después se retocó la pintura y se colocó la lámina de asbesto cemento, a esto se le denomina carga muerta o estática. Además de otros elementos como los ductos de aire acondicionado, instalación eléctrica y lámparas de iluminación, entre otros elementos que se les denomina parásitos. Así se demostró que el futuro crece para el que cree en él; gracias a la pericia y valentía de quienes actuaron en esta etapa de la construcción de la techumbre, trabajadores que no deben quedar en el olvido y que aun minados por la salud, dieron su parte, con sapiencia sacaron provecho de las herramientas de aquellos años, poleas, leytones, marros, palancas y cables de manila, entre otras.

La ilusión se convierte en realidad cuando hay convicción y responsabilidad para hacer lo que nos corresponde. Lo que quedó de manifiesto de estos petroleros de capacidad incuestionable: Leonardo Castillo, Sebastián de la Rosa, Mario Nolivos Arias, Francisco Castillo y Catarino Muñoz Monroy, que lamentablemente Dios lo llamó al cielo antes de que el cine se inaugurara, día en que se ponderó con tino el porqué de lo monumental. Además de su tamaño, lo monumental que fueron los que intervinieron en todo el proceso; desde la idea del diseño hasta las cortinas, el sonido, butacas y la pantalla. Gracias a todos, porque nombrar a unos sería omitir a muchos, pero solo les decimos: ¡Hay razones totalmente justificadas para que los pozarricenses nos sintamos orgullosos de su labor en el Cine Hidalgo!

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