E.U. y Corea del Norte, se enzarzan en contienda verbal

Con la amenaza de desatar “una furia y un fuego jamás vistos en este mundo”, Donald Trump ha hecho saltar por los aires el tradicional lenguaje medido de Estados Unidos hacia Corea del Norte. Desde Harry Truman, en 1945, ningún presidente americano había entonado semejante canto bélico contra ese régimen. La sugerencia del uso de armas nucleares se repitió el miércoles, agudizando la tensión entre ambos países e inquietando al resto del mundo. Aunque no como respuesta directa a Trump, Pyongyang advirtió de un ataque a las bases militares estadounidenses en la isla de Guam si Washington optara por la opción militar.

El episodio ocurrió a lo largo de 24 horas. “Será mejor que Corea del Norte deje de amenazar a EE UU (…) o se encontrará con el fuego y la furia y, francamente, un poder de una magnitud que jamás se ha visto antes en este mundo”, se despachó Trump el martes, tras la enésima amenaza procedente del régimen de Kim Jong-un. Horas después, el Ejército norcoreano aseguró “estar examinando cuidadosamente un plan operativo para un fuego envolvente en torno a Guam”. Y Trump, desde su retiro vacacional en Nueva Jersey, volvió a la carga en Twitter, moderando el tono pero con el mismo contenido amenazante: “Mi primera orden como presidente fue renovar y modernizar nuestro arsenal nuclear. Ahora es más fuerte que nunca”, escribió, y añadió: “Con suerte, nunca tendremos que usarlo, pero no llegará el día en que no seamos la nación más poderosa del mundo”.

El arrebato de Trump —completamente improvisado por el neoyorquino, según han contado fuentes de su entorno a la prensa estadounidense, aunque la Casa Blanca sostiene que fue programado— despertó las críticas de algunos de los propios republicanos, como el senador y héroe de guerra John McCain, y la estupefacción de muchos analistas. La pirotecnia del presidente no hace excepciones en conflictos como el norcoreano y abona las dudas sobre su capacidad y talante en el caso de que se viese en una situación crítica como la crisis de los misiles del 62.

El secretario de Estado, Rex Tillerson, presentó lo sucedido como un duelo meramente verbal y llamó a la calma. “Los americanos pueden dormir tranquilos por la noche”, dijo, descartando cualquier “peligro inminente”. No obstante, justificó las palabras de Trump al explicar que lo que había hecho el empresario neoyorquino no era sino “enviar un mensaje contundente, en el lenguaje que Kim Jong-un entiende”.

Ese es el cambio más tangible de la crisis de estos días, que el líder de la primera potencia mundial y el de un país hermético y dictatorial como Corea del Norte han optado por usar el mismo idioma. Gestualidad o no, el jefe del Pentágono, Jim Mattis, y se alineó con Trump y cargó las tintas. Reclamó a Corea que cese “toda consideración de acciones que le lleven a su final, al de su régimen y a la destrucción de su pueblo” y presumió de poderío militar: “las acciones de Corea del Norte seguirán siendo muy superadas por las nuestras”. Pyongyang “perdería toda carrera armamentística o conflicto que inicie” añadió.

ElPaís

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