Documento Fotográfico; con el deseo en la piel

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En respuesta a una sociedad que exigía cambios, los fotógrafos de la segunda mitad del siglo XX hicieron de su cámara una herramienta de manifestación social. Tomaron imágenes no sólo como mercancía para la prensa, sino como testimonios de lo que sucedía en las calles. Así trascendieron del fotoperiodismo a la imagen documental. La foto sin retoque, sin luz artificial, sin recortes y lo más realista posible para dar cuenta de la represión del gobierno y las protestas civiles. Fue cuando se afianzó el fotodocumentalismo en México.

Y si hay un punto de partida, ese es el movimiento estudiantil de 1968. Las marchas, mítines, asambleas, pancartas y hasta la matanza de estudiantes del 2 de octubre significaron un parteaguas para los fotógrafos. Para quienes decidieron registrar una realidad oculta en la prensa. Así lo narra la investigadora Rebeca Monroy Nasr en el libro Con el deseo en la piel. Un episodio de la fotografía documental a finales del siglo XX, investigación sobre la imagen  documental que ahora sirve para trazar una cronología del desarrollo social del
país.

A partir de entrevistas con algunos de los fotógrafos de la época y revisión de los archivos de otros, la historiadora construye una suerte de línea del tiempo de la foto mexicana hecha, entre otros, por Elsa Medina, Rodrigo Moya, Javier Hinojosa, Pedro Valtierra, Eniac Martínez, Patricia Aridjis. Instantáneas en blanco y negro que siguieron el final del siglo pasado, y hoy permiten entender de dónde venimos en términos sociales.

“Yo creo que a partir del 68, por el movimiento estudiantil, se da un desarrollo importante en la foto documental porque había que registrar lo que sucedía paralelo a la realidad de la prensa. Era una doble mirada que se afina a inicios de los 70 y se fortalece en los 80 y 90 con los movimientos sindicales y de grupos sociales independientes. Posteriormente las generaciones trabajan con temas más individuales y con el surgimiento de la fotografía digital se da una transformación; por eso creo que la fotografía de los 70, 80 y 90 tuvo una influencia importante en la foto documental como género”, argumenta Monroy Nasr.

Si bien la fotografía documental puede rastrearse desde el origen de la disciplina en el sentido de que todo fotógrafo registra la realidad, la historiadora señala que a partir de los 60 la imagen documental toma distancia de la periodística. No atiende intereses de una empresa o solicitudes gubernamentales, sino la inquietud del propio autor. Imágenes que, además, no tienen salida en prensa de manera inmediata sino en investigaciones, libros o incluso exposiciones.

“Los fotoperiodistas trabajan mucho la rama del fotodocumentalismo, pero me parece trascendente la injerencia que tuvo el trabajo de fotógrafos no contratados por diarios o periódicos y que con un afán de documentar lo que sucedía en estos años se hicieron de un archivo amplio sobre los movimientos independientes tanto de sindicalismo, como de las escuelas, de otras instituciones y son temas poco estudiados desde la historia”, apunta la doctora en Historia del Arte por la UNAM.

EXCELSIOR

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