Día De Muertos con sabor a chocolate

En el siglo XVIII, el naturalista Carolus Linnaeus, basado en las creencias de los mayas y aztecas, denominó al árbol de cacao con el nombre científico de Theobroma cacao, cuyo significado en latín es “alimento de los dioses”, era una bebida sagrada que acercaba al hombre a la divinidad.

Prepararlo era todo un ritual, secar, descascarar y moler esas semillas, mezclar el producto con agua, resultaba en una bebida de sabor extraño pero con cualidades notables: excitaba la mente (efecto de la teobromina), brindaba energía (efecto de la cafeína) y generaba una sensación placentera (efecto de la feniletilamina).

El chocolate se convirtió en símbolo de abundancia, gobernabilidad y ascendencia (raza, casta) y sirve como un conducto metafórico por el cual las almas de los humanos y los dioses viajan a través de la tierra, el cielo y el infierno.

Posteriormente la idea de comer el chocolate en lugar de beberlo llegó con la aparición, en 1847, de la Fry’s chocolate bar (el chocolate con leche es más reciente aún: fue inventado en Suiza en 1875). Pero no fue hasta 1900, con la aparición de la barrita Hershey’s, que el chocolate se convirtió en producto de masas. Gracias a los complejos sistemas de distribución y su fabricación a gran escala, Hershey’s abarató tanto el producto que lo puso al alcance del bolsillo de cualquier adolescente. Un gesto prometeico, iconoclasta: el alimento de los dioses se convertiría en golosina para las masas.

 

 

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