Desde Nuestra Hemeroteca | La explosión de 1966

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Luis Navarro Arteaga

Estruendo. Terror. El sonido ensordecedor de la combustión de gases. Llanto. A las 13:40 horas del 14 de agosto de 1966, el miedo de morir invadió a los habitantes de Poza Rica, que sin pensarlo mucho abandonaron sus domicilios. Cundió la alarma en toda la ciudad, las sirenas de las ambulancias, la policía y del departamento de Contraincendio que iban y venían, eran el ruido de fondo de uno de las tardes más aciagas que se tengan memoria. Ese día se registró la explosión en la refinería Nuevos Proyectos, la que, dicen los que la padecieron, pudo provocar la desaparición de Poza Rica.

El estallido “fue ocasionado por una falla en una línea de alta presión (42 Kg/cm2), de 10” de diámetro, la cual alimentaba el sistema de bombeo neumático a los campos petroleros circundantes del distrito Poza Rica”, indica un análisis elaborado por expertos al que La Opinión tuvo acceso.

Aquel domingo parecía transcurrir de manera normal para los obreros Marcelino Mendoza García y Fortino Yáñez Zaleta, pero se presentó la explosión en el departamento de Tratamiento de Utilización de Gas Natural (TUGN) que costó la vida a los dos. Mucho se ha hablado de Yáñez, pero poco se ha dicho de Marcelino.

El 18 de agosto de 1966, La Opinión publicó las revelaciones de Fernando Martínez, sobrino político de Marcelino, quien refiere que cuando ocurrió la fuga de gas, Marcelino corrió a desconectar la compresora Nº 2, pero no logró hacerlo con la Nº 4, pues entonces se produjo la espantosa explosión… Marcelino tenía los oídos sangrantes después de la explosión. Pudo haberse salvado tal vez, pero inmediatamente cayó sobre él una lluvia de aceite”.

“La violenta explosión del gas provocó que las capas de aire circundantes fueran lanzadas a velocidades superiores a las del sonido, por lo que las ondas de choque llegaron a puntos distantes. El estallido fue equivalente a un temblor mediano, de 3 grados, equivalente a 181 kilogramos de TNT (de acuerdo a la Escala de Richter)”, detalla el análisis consultado.

En su momento, explicó Jesús Rodríguez Pérez, jefe de operaciones de la Refinería, “La explosión había surgido precisamente en la planta de compresoras… tres tanques con capacidad de cinco mil barriles, dos de diésel y uno de keroseno, explotaron a los pocos minutos a las 14:00 y a las 14:10 horas”.

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Mientras esto sucedía en las instalaciones de Pemex, en la ciudad todo era caos. La poca información con la que se contaba era imprecisa. Las casas y comercios habían sufrido daños severos. “Cortinas metálicas destrozadas, cristales rotos, instalaciones destruidas”, publicó La Opinión en su edición extra. De acuerdo al síndico segundo del ayuntamiento de Poza Rica, Encarnación Ortega Kuri, los daños a los sectores comercial y residencial, tras las primeras horas del siniestro, se calculaban en más de dos millones de pesos.

Personal del Ejército y de la Policía Municipal montaron operativos para evitar robos, ya que muchos de los comercios quedaron abiertos, pues sus cristales estallaron y sus cortinas metálicas quedaron inservibles.

Los habitantes de las colonias Cinco de Mayo, Morelos, Flores Magón, Tajín, Las Granjas y División de Oriente fueron evacuados en vehículos de voluntarios, aunque también lo hicieron por voluntad propia y a pie. La Opinión, en la edición del lunes 15 de agosto de 1966, refiere que “La gente abandonó sus domicilios y huyó rumbo a Cazones, Papantla y otros poblados. La histeria era indescriptible”. La noticia indica que los pozarricenses “…abandonaron casas y comercios y se lanzaron a la calle en tropeles. Muchas madres cargaron a sus hijos y huyeron a la calle, presas del pánico colectivo… No era el miedo a la explosión, sino a la muerte silenciosa que podrían ocasionar los gases letales… Durante los diez primeros minutos escaparon gases letales y después continuaron las tres explosiones que cimbraron la ciudad”.

Después de más de 50 años de ese capítulo terrorífico de nuestra historia, los que lo vivieron no lo pueden olvidar, como tampoco se pueden olvidar los nombres de aquellos que perdieron la vida en este terrible accidente y que la gente los considera como sus héroes populares: Fortino Yáñez Zaleta y Marcelino Mendoza García.

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