Cuando la noche cayó a la una de la tarde; el eclipse de 1991

Era 11 de julio de 1991 y el reloj marcaba las 13:24 horas cuando se hizo de noche. Durante seis minutos y 54 segundos la Ciudad de México se cubrió con la sombra del eclipse total de sol, el más largo del siglo XX.

La mayoría se lanzó a verlo con filtros especiales, telescopios o en el reflejo del agua, otros prefirieron no salir de casa y lo siguieron por televisión, pero nadie fue ajeno a ese importante fenómeno astronómico que desde la perspectiva de la tierra ocurre cuando la luna cubre totalmente al sol y se genera la oscuridad de la noche.

Según registros periodísticos de la época y relatos de quienes vivieron el momento, hubo concentraciones en el Zócalo, parques, plazas públicas y en sitios tradicionalmente considerados como fuentes de energía, como las pirámides, mientras que el gobierno de la República, encabezado en ese momento por Carlos Salinas de Gortari, creó una comisión especial intersecretarial que difundió información, medidas preventivas y hasta distribuyó filtros para proteger la vista de la población.

Dada la posición de México en el globo terráqueo, el eclipse total de sol primero fue visible en Baja California, siguió por Nayarit, parte de Jalisco, Guanajuato, Michoacán, Hidalgo, Ciudad de México, Oaxaca y concluyó en Chiapas. A nivel internacional comenzó su visualización en Hawái y concluyó en Brasil.

Reportes del Instituto de Astronomía de la UNAM indican que fue el más largo del siglo y la sombra de la luna avanzó a dos mil 600 kilómetros por hora.

Aquel día era jueves y la gran mayoría pausó sus actividades para presenciarlo. Animales y plantas no entendían lo que pasaba: testimonios reportan que las flores se “cerraron”, aves volaban despavoridas a sus nidos y animales de granja se metieron a dormir.

En las calles, las luminarias públicas sensibles a la luz solar se prendieron, tal como si fuera de noche.

Se comprobaron daños en los ojos de quienes vieron directamente el fenómeno, en especial durante el rompimiento del anillo, cuando comienza a deshacerse el eclipse y los rayos de sol vuelven a llegar a la tierra con radiaciones capaces de quemar la retina y provocar lesiones irreversible si se miran directamente.

Reportes del Sistema Nacional de Salud indicaron que  tras el eclipse fueron examinadas 96 personas con presunto daño a la vista, en 21 de ellas se diagnosticó retinitis solar, 13 con estadio I y 8 con estadio II. Los grupos de edad con mayor incidencia fueron entre 15 y 44 años.

Excelsior

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