El cruel e incierto destino de los niños en Sudán

Sudán.– Han pasado casi dos años desde que los tres hijos pequeños de Deng Machar fueron secuestrados de su casa, probablemente para cambiarlos por ganado. Sentado en la localidad de Akobo, controlada por la oposición en Sudán del Sur, el hombre de 35 años señaló a la tierra bajo sus pies.

Sería más fácil si estuvieran muertos, porque entonces podría olvidar.

Machar dijo que lo más probable era que su hija de cuatro años y su hijo de cinco hubieran sido cambiados por ganado tras ser capturados por hombres de la tribu rival murle. Duda que su hijo de dos años siga con vida. En total, once niños fueron secuestrados de la zona ese mismo día, y nadie ha vuelto a verlos.

Se trata de una tragedia poco reconocida en la guerra civil de Sudán del Sur, que ya lleva cinco años en marcha. Los secuestros de menores entre clanes han aumentado conforme la gente se desespera por el hambre y la devastada economía, según grupos de derechos humanos.

“Los secuestros y el tráfico de niños en Sudán del Sur son un problema real que requiere una respuesta urgente del gobierno”, dijo Edmund Yakani, director ejecutivo de la organización sin fines de lucro Community Empowerment for Progress Organization.

Aunque resulta difícil llevar la cuenta de los secuestros de niños en medio del conflicto y de desplazamientos masivos, Yakani dijo que su organización ha confirmado secuestros en varias partes del país. Eso incluye a los 11 niños capturados el año pasado en Abyei, al norte; cinco robados entre 2012 y 2014 en la zona de Wau, en el oeste, y siete en 2016 y 2017 en la zona de Yei, al sur, cerca de la frontera con Uganda.

Naciones Unidas indica que su equipo de protección de la infancia confirmó el año pasado varios secuestros en las regiones de Unidad, Ecuador Central, Jongley, Nilo Alto y Ecuador Occidental, aunque no tenía una cifra total.

Aunque las luchas entre clanes, el robo de ganado y los secuestros están arraigados en todo el territorio de este país del África Oriental, Yakani dijo que el problema es especialmente grave en el estado de Jonglei, donde se encuentra la localidad de Akobo y donde muchos en la tribu murle basan su “medio de vida” en la venta de niños.

Durante un viaje reciente a Akobo, cerca de la frontera con Etiopía, The Associated Press habló con miembros de la tribu murle que reconocieron haber robado y vendido niños en beneficio propio.

La intención es cambiar los niños por ganado o utilizarlos para uso personal, dijo Thiro Akungurouth, un líder juvenil murle que conoce a algunos de los captores.

Un niño, sin importar la edad, se vende por 20 vacas, lo que equivale a unos 7.000 dólares, señaló.

Los que no se venden se quedan en familias sin hijos, mientras que las niñas son preparadas para matrimonios, dijo Akungurouth. Sigue habiendo un estigma contra las familias sin hijos en Sudán del Sur. A menudo, las niñas secuestradas acaban casadas con sus captores.

Las autoridades en Akobo informaron de 37 niños secuestrados en la zona desde 2016, más que en los tres primeros años de guerra. No estaba claro cuántos menores han sido secuestrados en todo el país durante el transcurso de la guerra.

Un gobernador de la oposición culpó al gobierno de Sudán del Sur por el alza en los secuestros, afirmando que intenta crear una división entre las tribus murle y nuer para avanzar en sus objetivos militares.

“Ahora pasa más porque el gobierno está instigando una división y diciendo a los jóvenes que ataquen, distribuyendo armas y munición”, aseguró a AP Koang Rambang, gobernador del estado de Bieh, que hasta el año pasado formaba parte de Jonglei.

En concreto, acusó al primer vicepresidente del país, Taban Deng Gai, de “instigar más secuestros”, mencionando 10 menores capturados en enero durante una visita de Gai a Jonglei, una región controlada en su mayoría por la oposición.

El gobierno de Sudán del Sur rechazó las acusaciones, afirmando que Gai solo visitó la región para fomentar la paz. El gobierno también dijo haber dado “directivas a los gobernadores preocupados de esos estados para que se libren de esas actividades”, indicó Maal Maker Thiong, que trabaja en la oficina de presidencia.

Sin embargo, mientras la guerra civil agrava la desesperación en el país, los niños siguen siendo los más afectados.

Aunque Sudán del Sur firmó en 2015 la Convención sobre los Derechos del Niño, que establece que todas las partes deben tomar medidas adecuadas “para impedir el secuestro, la venta o el tráfico de menores”, los bandos enfrentados en el país han sido acusados varias veces de graves violaciones de derechos de los menores, incluido el reclutamiento forzoso de niños soldado.

“El secuestro de niños es aborrecible. Son vulnerables y merecen nuestra protección”, dijo a AP el responsable de la misión de la ONU en Sudán del Sur, David Shearer. El equipo de derechos humanos de Naciones Unidas, señaló, tenía previsto visitar Akobo para analizar la situación y reunirse con autoridades locales y grupos armados para instarles a abandonar esa costumbre.

A lo largo de los años, algunas organizaciones han intentado trabajar con las tribus, instándolas a devolver los niños cautivos y poner fin a esa práctica.

Una conferencia celebrada el mes pasado entre las tribus nuer y murle en la localidad de Burmath, a las afueras de Akobo, abordó la posible devolución de algunos menores, incluidos tres secuestrados el 17 de enero.

Decimos a los jefes que esto está teniendo consecuencias negativas y que tienen que dejarlo y vivir en paz, dijo Ruei Hoth, uno de los organizadores de la conferencia.

Sin embargo, ante el clima de desesperación, la gente es escéptica sobre que los secuestros y ventas de niños vayan a terminar.

“No creo que los secuestros terminen”, dijo Tut Banguot, trabajador humanitario en Akobo.

La gente no tiene recursos ni salarios, no trabajan, de modo que toman niños y los cambian por productos básicos.

 ELDEBATE

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