Camazotz o el Murcielago Prehispanico

Los templos nahuas en forma de herradura estaban dedicados al culto del dios murciélago. Sus altares eran de oro puro y orientados hacia el Este. El dios murciélago tiene poder para curar cualquier enfermedad, pero también poder para cortar el cordón plateado de la vida que une el cuerpo al alma.

Los Maestros nahuas lo invocaban para pedirle curación para sus discípulos o para sus amigos profanos.

A la invocación asistían solamente iniciados que, en el interior del templo, formaban cadena alternando en ella hombres y mujeres sin tocarse las manos ni el cuerpo. Los extremos de la cadena comenzaban a ambos lados del altar y todos permanecían sentados en cuclillas con la espalda contra la pared. En el altar, flores recién cortadas, y a sus lados, sobre dos pequeñas columnas talladas en basalto, sendos braseros de barro pintados de rojo, símbolo de la vida y de la muerte.

En los braseros ardían leños de ciprés (símbolo de inmortalidad) cuyo aroma se mezclaba con el del sahumerio de copalli, resinas olorosas y blancos caracoles marinos molidos. El maestro vestía la librea del dios del aire y maxtlatl alrededor de la cintura.

El culto de Camazotz empezó alrededor de 100 a. C. entre los indios zapotecas de Oaxaca, México; quienes veneraban un monstruo antropomórfico con cuerpo de hombre y cabeza de murciélago.

El tzinacan (murciélago) aparece dibujado en estelas, códices, y vasijas mayas con la librea del dios del aire. Se le ven el apéndice nasal y los dientes triangulares saliendo hacia abajo desde las comisuras de los labios.
En los códices aztecas se le dibujaba en braseros, vasos y silbatos, siempre como los vampiros de tierra caliente del Sur de México.

La boca se caracteriza por los caninos y los incisivos inferiores tapados por la lengua que, en las urnas zapotecas, siempre aparece hacia afuera; las orejas grandes y bien formadas. Saliendo de las orejas, en forma de hojas, el tragus en jade; dedos cortos con garras hacia arriba para poder utilizar las ventosas de las palmas de las manos (las que le sirven al murciélago cuando se cuelga de superficies lisas) y su apéndice nasal en forma de silla de montar u hoja.

En Mesoamérica abundan las representaciones de este animal, que recibe diferentes nombres según las distintas lenguas: tzinacan, náhuatl; zotz, maya; bigidiri beela, bigidiri zinia, “mariposa de carne”, zapoteco; ticuchi léhle, mixteco; thut, huasteco; nitsoasts, pame del norte; ntsúats, pame del sur; tsat’s, otomí , otomipame.

Según cuenta un mito, tzinacan nace del semen y la sangre derramados por Quetzalcóatl en uno de sus autosacrificios.
Es enviado entonces a que muerda el órgano genital de la diosa Xochiquétzal, y una vez que se lo arranca, lo entrega a los dioses, quienes lo lavan, y de esa agua nacen flores olorosas. Luego lo llevan al inframundo y ahí Mictlantecuhtli, señor de los muertos, lo vuelve a lavar y de esa agua nace el cempoalxóchitl, flor de los muertos.

Los templos nahuas en forma de herradura estaban dedicados al culto del dios murciélago. Sus altares eran de oro puro y orientados hacia el Este. Los Maestros nahuas lo invocaban para pedirle curación.

Entre los zapotecos, el dios Murciélago estaba relacionado con la fertilidad y con el dios del maíz.

En Chiapas (México) existe el pueblo de Tzinacatlán habitado por los tzoctziles (gentes del murciélago) de la familia maya y en el valle de Toluca (Edo. de México) el pueblo de Tzinacantepec.

Se pueden ver representaciones de él en el museo de Copán, Honduras.

El murciélago era considerado como un ser del inframundo (camazot, “murciélago-muerte”) entre los mayas quichés.

Comments

comments