Brevísima historia del ritmo y la batería

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Los ritmos son inherentes al ser humano. Sin la pulsión latente la vida no es posible, ya lo explicó Nietzsche: sin un patrón rítmico la vida sería un error.

Desde tiempos inmemoriales las técnicas de manufactura se han perfeccionado en un ambiente rítmico, lo que implica un movimiento muscular en complemento con los sentidos. El ritmo nace de la repetición de gestos en choque, logrando así, lapsos de tiempo identificados como contemporáneos y antiguos; los golpes de palmas, los sonidos de las aves y hasta los constantes ruidos de máquinas son algunos ejemplos.

Todo ritmo está dividido en tiempos o compases que emiten formas inmediatas y diferidas recreando comportamientos que, simbólicamente, separan el mundo natural del espacio humanizado. Existen dos tipos de ritmos: los técnicos, que se refieren a la repetición y los figurativos, referentes al plano creativo.

El sonido recorre caminos. Es a través de los tiempos rítmicos como la música nos encamina al futuro y complementa el presente, por lo tanto, la música es un vehículo hacia el progreso.

Durante la primera mitad del siglo pasado, debido a las pérdidas causadas por la guerra, cada vez resultaba más difícil reunir orquestas completas para tocar en conciertos y obras teatrales. El declive económico no permitía pagar sueldos, además, la falta de espacios obligó a los músicos a tocar más de un instrumento a la vez y a presentarse en bares y restaurantes.

La improvisación respondió a la necesidad sonora de una sociedad devastada por actos bélicos: bombos y tambores militares sonaban a la par de las percusiones africanas y los platillos de oriente medio. La producción de artillería y de instrumentos musicales se calibraba al mismo tiempo.

PERCUSIONES

La manufactura y venta de percusiones pertenece a una de las industrias más antiguas en el mundo. La marca de címbalos Zildjian de Estambul data de 1623 y su creación se le atribuye a Avedis I, un armenio que logró alear el estaño con el cobre y la plata; sultanes del imperio otomano los utilizaban tanto en actos religiosos como en actos militares. Otra empresa antigua es Sonor, fundada en 1847 por Johannes Link para la construcción y venta de tambores y barriles militares, que hacia 1900 comenzó el comercio con más instrumentos como son: xilófonos, timbales, platillos, entre otros.

Por esas mismas fechas, Michail Toomas Paiste, en 1901 regresa a Suiza luego de servir para la Guardia del Zar, con la clara idea de dedicarse a la manufactura de platillos y gongs. Por su parte, William Ludwing llega con su familia a EUA desde Alemania; su padre, un músico de profesión, le enseña violín y piano, pero es en un desfile de la guardia nacional, cuando encuentra en los tambores de la banda de guerra el instrumento ideal, su rápido progreso lo convirtió en un percusionista profesional que muestra especial interés por los ritmos sincopados, llegando a desarrollar un bombo de precisión, parte esencial de la batería moderna y de géneros musicales como el blues, el jazz y el ragtime. Ludwing & Ludwing fue constituida en 1909, al igual que Paiste y Sonor es una empresa de tradición familiar, fundada en el margen de la primera gran guerra.

Fue hasta después de la Segunda Guerra Mundial que, a consecuencia de todo lo ocurrido, Japón establece en su constitución de 1947 el derecho a renunciar a todo acto bélico y es durante esa época de reconstrucción cuando surgen las marcas Pearl y Tama dedicadas a elaborar baterías pensadas para géneros del rock y el metal.

Irónicamente, la historia de la guerra y de la música deja ver que ambas son efectos de la misma industria, que al mismo tiempo que produce un acto de barbarie también impulsa el paso al siguiente escalón evolutivo o progresista.

Diario de Xalapa

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