«Azul Maya»

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El pigmento mejor conocido como «Azul Maya» que por mucho tiempo fue un misterio, nombre que se debe a que inicialmente se pensaba que únicamente se había utilizado en la zona maya de Yucatán, pero después se la detectó en otros sitios arqueológicos centroamericanos, como el Tajín, Tamuín, Cacaxtla, Zaachila, Tula, y en el Templo Mayor de Tenochtitlán.

El azul maya destaca entre la mayoría de los pigmentos históricos conocidos debido a sus propiedades entre las que se destacan: que no solo posee un color sumamente intenso, sino que es resistente a la luz, a la biocorrosión y al calor moderado, no se decolora ante el ácido nítrico concentrado, los álcalis ni solventes orgánicos, y los murales ejecutados con el han tolerado bien la humedad durante cientos de años, considerándolo como el primer pigmento orgánico estable.

Este pigmento se encuentra en pinturas murales de edificios arqueológicos, piezas de cerámica, esculturas, códices, e incluso en obras de arte y decoraciones murales realizadas posterior a la Conquista y según relatos textuales del siglo XVI, el azul fue el color del sacrificio para los antiguos mayas. Pintaban a los seres humanos de azul antes de tumbarlos sobre un altar y sacarles sus corazones aún latiendo. También se pintaba de azul a las víctimas de los sacrificios que luego eran arrojadas dentro del Cenote Sagrado en Chichén Itzá.

El cronista dominico fray Diego de Landa, refiere así «en algunas de las ceremonias religiosas realizadas por los sacerdotes mayas, durante el mes de Mac, dedicado a Chac, el dios de la lluvia, los esclavos o los niños que iban a ser sacrificados, eran desnudados y su cuerpo untado con un betún azul, si habían de sacarles el corazón los llevaban a la piedra de sacrificios pintados de azul, y el sacerdote y sus ayudantes untaban aquella piedra con color azul, había también un altar pequeño, muy limpio, y cuyo primer escalón era embadurnado con lodo del pozo (cenote), en tanto que los demás escalones eran pintados de dicho color azul.

En 1571 o 1576, el médico y naturalista español Francisco Hernández de Toledo obtuvo la receta para prepararlo, sin embargo la técnica de la preparación del azul maya se perdió hasta que en 1993, el historiador y químico mexicano Constantino Reyes-Valerio publicó sus investigaciones sobre el azul maya, ya entonces había ensayado la preparación del pigmento, pero siguiendo un método sugerido por documentos históricos muy diferente de los que se habían probado en las investigaciones anteriores, su método de cinco fases principales era:

1)Maceración de hojas de índigo en agua arcillosa.

2)Filtrado para eliminar las hojas.

3)Oxigenación de la solución.

4)Filtrado para escurrir el pigmento.

5)Cocción del pigmento, que daba como resultado un color cercano al del azul maya arqueológico, y una resistencia a los ácidos similar a la de aquel maravilloso pigmento, el «Azul Maya».

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