Auge, caída y resurrección de Rafael Caro Quintero

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Su apellido es leyenda. Son los Quintero, de Sinaloa, el estado que configuró la primera geografía del narcotráfico en México. Allí, en el municipio de Badiraguato, nacieron Lamberto Quintero, capo de la droga asesinado en 1976, y su sobrino Rafael Caro Quintero, a quien la DEA le ha devuelto su calidad de «narco de narcos» a los 64 años.

Ni Joaquín «El Chapo» Guzmán, su paisano y socio en el pasado y hoy preso en Nueva York, pudo diluir la leyenda de Caro Quintero, uno de los fundadores y líderes del llamado cártel de Guadalajara. Hoy su nombre vuelve a tomar fuerza a partir del informe de las autoridades estadounidenses que lo ubican ahora al frente del cartel del Pacífico (o de Sinaloa), la organización criminal que fundó el Chapo a finales de los años 80.

La sangre que llama
Como todas las biografías de narcotraficantes mexicanos, Caro Quintero nació pobre en el poblado de La Noria, municipio de Badiraguato, Sinaloa. Allí donde también nació el Chapo Guzmán, a quien conoció cuando todavía era un niño. En su apellido estaba previsto que se enrolaría muy joven en el narcotráfico de la región, que comandaba Pedro Avilés Pérez, tío del Chapo Guzmán. Unos dicen que tenía 12 años, otros que a los 16 o 18. En cualquier caso, por la sangre estaba ya vinculado a ese mundo: era sobrino de Lamberto Quintero, una leyenda del narco que inspiró un corrido que lleva su nombre, y primo de Amado Carrillo, el conocido Señor de los Cielos. Como padrinos tuvo a Ernesto Fonseca Carrillo, llamado «Don Neto», y a Miguel Ángel Félix Gallardo. Ambos fueron piezas clave en el destino de Caro Quintero al empoderarlo como uno de los líderes del cártel de Guadalajara que fundaron a finales de los años 70 en el estado de Jalisco.

Además, calculaban que había invertido –a la vista de todas las autoridades– más de 500 millones de pesos en obras sociales en Badiraguato, el municipio donde se localiza La Noria, su pueblo natal.

El origen del imperio
De padre campesino, dedicado a la siembra y cría de ganado en tierras rentadas, Rafael Caro Quintero nació el 3 de octubre de 1952. Había estudiado hasta primero de primaria –es decir, apenas sabía leer y escribir– cuando salió de su pueblo. En entrevistas dijo que de la Noria se fue a Caborca, Sonora, y que allí se hizo ganadero. La otra versión cuenta que se enroló en el grupo de Pedro Avilés Pérez, capo que dominó el tráfico de marihuana en el Pacífico. De él aprendió el cultivo básico, que más tarde perfeccionó con sofisticadas técnicas agroindustriales para cultivar la marihuana sin semilla que introdujo de California, Estados Unidos. Su creatividad impulsó su poder y su fortuna. Elaine Shannon, autora del libro Desperados, afirma que Caro Quintero «transforma la mariuana mexicana de hierba común en humo de conocedores».

La prensa mexicana ha reconstruido la vida de lujo que allí ostentaba Caro Quintero y sus favores al municipio para la construcción de obras. Nadie lo molestaba. Ni en Sonora, ni en ninguno de los estados donde aparecía a la vista de todos, amparado por una extensa red de complicidades policíacas que incluían a la extinta Dirección Federal de Seguridad, la que un día fue la policía política de México y una de sus corporaciones más tenebrosas, señala como responsable de detenciones, desapariciones y asesinatos extrajudiciales.

La cacería de la DEA
La DEA tuvo a Caro Quintero en la mira desde entonces. Por sus informes, el gobierno federal ordena una operación en el Búfalo, el 6 de noviembre de 1984. De cuerdo con las notas periodísticas de la época, participaron 270 soldados, 170 agentes de la Policía Judicial Federal, 35 agentes del ministerio público, 50 agentes auxiliares, 15 helicópteros y tres aviones Cessna. Como resultado, Caro Quintero pierde 8.500 toneladas de marihuana ya cosechada.

Su venganza tuvo como diana a los agentes de la DEA que operaban desde Guadalajara. Entre ellos Enrique Camarena, que había seguido la pista de Caro Quintero en su rancho de Chihuahua gracias a la información que había proporcionado un piloto de la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos, Alfredo Zavala Avelar, ex militar retirado.

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