Agoniza la citricultura en Álamo – La Opinión de Poza Rica

Agoniza la citricultura en Álamo

Álamo, Ver.- Cientos de árboles desnudos, sin hojas, dramáticamente secos, muchos más con un follaje amarillento, retorcido, como chamuscado por el fuego; sobre los suelos agrietados, miles de naranjas negras, enjutas, que ni siquiera, pareciera, se alcanzaron a podrir, sino más bien se deshidrataron.

Así luce el panorama en el territorio alamense, la llamada capital de la naranja, cuyo esplendor agoniza irremediablemente, se desvanece, a consecuencia de la histórica sequía que enfrenta la región norte del estado.

“En Ignacio Zaragoza hace once meses que no llueve…todos los cultivos se han perdido, desde la producción de cítricos hasta las siembras de maíz, frijol y pipián. ¡Necesitamos que se active el seguro catastrófico!”, precisa el comisariado ejidal del lugar, Avelino Nicolás Cristóbal.

Lo mismo ocurre en Lázaro Cárdenas, una de las localidades de la zona indígena del municipio, y una de las más alejadas y marginadas de la cabecera municipal.

Entre los crujidos de las ramas y hojas secas, caídas de los árboles, cada vez más pelones, y entre surcos y grietas formadas en un suelo ávido de humedad, durante el recorrido por una de las parcelas del lugar, el comisariado ejidal, Manuel Cruz, asegura que son ya ocho meses sin gota de agua de lluvia.

“Requerimos ya un programa emergente y rápido, que nos apoye con acciones diversas como empleo temporal para los hijos de los productores afectados, y entrega de insumos y fertilizantes…”, señala.

Sus demandas, se replican en las voces de autoridades ejidales y auxiliares de otros ejidos, como Adalberto Tejeda, Lima Tamatoco, Independencia, Lomas de Vinazco y Aguacate Vinazco, quienes coinciden que los estragos por la ausencia de lluvias son ya una catástrofe en el municipio.

Para quienes dudan de los severos daños a la citricultura y deseen constatarlos personalmente, pueden acudir a Adalberto Tejeda, un ejido ubicado en la periferia de la ciudad, adjunto a la colonia Los Pinos, casi en las márgenes del río Pantepec, el cual es la muestra más cercana de la cruda y cruel realidad que viven los productores citrícolas.

Allí, una sola parcela generaliza el drama de los productores: cientos de árboles secos, fruta deshidratada que tapizan los suelos del lugar, y los rostros de los campesinos preocupados, resumen la grave situación económica por la que atraviesan los citricultores en general.

Las consecuencias de la sequía parecen la estocada final en este año: primero fue la sobreproducción que impidió la comercialización de toda la fruta, luego los bajos precios que pagaron las jugueras y los mercados, y finalmente la falta de lluvias que diezmó la producción en más de cuarenta mil hectáreas de todo el municipio.

Productores y autoridades municipales de fomento agropecuario coinciden en que los daños por el estiaje dejarán secuelas en la producción, por alrededor de cuatro años, sobre todo si los gobiernos estatales y federales no canalizan apoyos para la recuperación de los árboles, muchos de los cuales tendrán que ser talados y repuestos por otros, o por cultivos alternos como la pitahaya, la pimienta gorda, el carambolo o el maracuyá.

“Esto es un efecto directo del cambio climático…”, dice el presidente del Comité Estatal de Sanidad Vegetal y de la Junta Local de Sanidad Vegetal, Ricardo Hernández Campos, quien coincide con la secretaria del comisariado ejidal de Adalberto Tejeda, Irma Reyes Rosales, y quien reconoce que la falta de tecnología de riego es ya una prioridad para sacar adelante la citricultura.

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