¿Acaso nos estamos durmiendo con los New York Mets de este año?

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Para este momento el año pasado, los Mets eran los protagonistas de una temporada baja históricamente estancada. Los dos principales jugadores en el mercado de agentes libres, Bryce Harper y Manny Machado, no habían firmado todavía. El cambio que envió al estelar receptor J.T. Realmuto a los Phillies no había ocurrido todavía. Aparte de los Mets, lo más cercano que habíamos visto a un megacambio fue el acuerdo que envió a Paul Goldschmidt a los Cardinals.

En ese contexto, la temporada baja de los Mets fue frenética. Ellos contrataron un nuevo gerente en el exagente Brodie Van Wagenen. Van Wagenen consiguió un cambio con los Marineros, que envoi a Jarred Kelenic, Gerson Bautista, Jay Bruce, Justin Dunn y Anthony Swarzak a Seattle por un par de veteranos probados en Robinson Canó and Edwin Díaz. Canó fue el mejor bateador de la década (en hits conseguidos), y Díaz acababa de ganar el premio Mariano Rivera como el mejor relevista de la Liga Americana. Luego los Mets llenaron su roster con otros veteranos como el relevista Jeurys Familia, Rajai Davis y Wilson Ramos. Consiguieron mediante cambios a otros veteranos útiles como el receptor Kevin Plawecki y el jardinero J.D. Davis. Luego, finalizaron sus movidas del roster al firmar al jugador del cuadro Jed Lowrie.

Luego de dos temporadas perdedoras al hilo, la purga encabezada por Van Wagenen creó muchas críticas positivas entre los críticos de los Mets. En una industria llena de estancamiento, aquí van los Mets, haciendo realmente algo. Una corrida por el título del Este de la Nacional parecía inminente, pese a lo duro de la competencia en la división. Los mercados de apuestas tenían a los Mets con 16-1 para ganarlo todo, las mismas probabilidades de Braves y Nationals, quienes le seguían el paso al optimismo mostrado por los Phillies, quienes tuvieron 10-1 entre los apostadores.

Al final, todo fue correcto. Los Mets lucieron mejor. Tuvieron marca de 86-76, una mejoría respecto al 77-85 conseguido en 2018. Se perdieron la postemporada, pero llegaron a la competencia por un puesto de comodín hasta la semana final. Ellos tuvieron una de las mejores historias de la temporada en el Novato del Año Pete Alonso, quien rompió records con su temporada de 53 cuadrangulares.

Pese a eso fue una temporada turbulenta en Queens, una nacida de la trayectoria. New York no solo no pudo capitalizar temprao sus altas expectativas, sino que basicamente se desplomaron desde la salida, pese a tener una gran semana de arranque. Los Mets tocaron fondo el 12 de julio, el primer juego luego del receso del Juego de Estrellas, al perder 8-4 ante los atribulados Marlins y cayendo a 11 juegos por debajo de los .500. Su record los ubicó en el puesto 14 entre los 15 equipos de la LN, solo mejor que el de los Marlins.

Al acercarse la fecha límite de intercambios, parecía inminente una venta a quemarropa, siendo los abridores Zack Wheeler y Noah Syndergaard los más mencionados en la central de rumores. Digan lo que quieran sobre los finales de temporada, pero desde ese momento en adelante, solo los Dodgers ganaron con mayor frecuencia o tuvieron un mejor diferencial de carrera en la Liga Nacional. New York tuvo marca de 46-25 luego de alcanzar su punto más bajo, liderados por la efectividad de su cuerpo de lanzadores, que fue de 3.48 tras el receso del Juego de Estrellas, para alcanzar el cuarto puesto en la lista de los mejores en ese periodo.

Si bien los Mets terminaron más o menos donde se esperaba basado en las expectativas de pretemporada, la forma en que las cosas se desarrollaron no fue exactamente como dictaba el guión. Canó bateó .256 durante la peor temporada de su Carrera. Lowrie y Yoenis Céspedes se combinaron para irse de 7-0 en la temporada, todos por Lowrie. Syndergaard hizo 32 aperturas pero careció de su acostumbrado dominio. La efectividad de Díaz se elevó a 5.59 y por un periodo de tiempo parecía que era casi seguro apuntarle un par de jonrones en cada aparición en relevo. Si no fuera por Alonso, Jeff McNeil, el surgimiento en la segunda mitad de Amed Rosario y el contínuo dominio del dos veces ganador del Cy Young Jacob deGrom, la venta a quemarropa habría ocurrido sin duda.

Pero la misma no pasó. Los Mets lograron darle vuelta a la página lo suficientemente rápido para mantener a Wheeler y otros en su roster, aunque eso pudo haber ocurrido debido a las ofertas recibidas por Van Wagenen más que otra cosa. Los Mets intentaron hacerlo, de forma ruidosa, y se quedaron cortos.

En este invierno vimos a Van Wagenen salir de forma agresiva, con los Mets atendiendo la partida de Wheeler en la agencia libre y agregando algo de profundidad a su rotación. El come entradas Rick Porcello y el veterano frecuentemente lesionado Michael Wacha fueron agregados a la ecuación. Para atender los problemas defensivos de New York en el jardín central, Jake Marisnick fue adquirido desde los infames Houston Astros. El bullpen se mejoró con la firma del ex lanzallamas de los Yankees Dellin Betances.

Y eso ha sido todo. Desde la firma de Betances el día antes de Navidad, New York ha ido llenando gradualmente su lista de invitados fuera de roster a los entrenamientos primaverales, siendo el nombre más reconocido el del ex Giants y ex Red Sox y utility probado Eduardo Núñez. Wheeler ya se fue, al igual que el antesalista del 2019 Todd Frazier. Pero principalmente esta temporada baja se ha tratado de prepararse para otra corrida con el mismo roster.

Este enfoque no ha generado mucha reacción, buena o mala, fuera de New York. Los Yankees generaron mucho alboroto con su exitoso reclutamiento del as agente libre Gerrit Cole y son vistos como fuertes candidatos a ganar la Serie Mundial. Para los Mets, ha sido un invierno tranquilo. Uno que causa sueño. Lo que nos lleva de vuelta a la pregunta inicial: ¿Acaso nos estamos durmiendo de forma colectiva con los Mets?

Como ha sido el caso en los pasados siete u ocho años, gran parte de las esperanzas dependen de la rotación de los Mets. DeGrom parece algo seguro, pero ¿podrá Syndergaard convertirse en otro abridor por debajo de 3.00? ¿Podrán Steven Matz y Marcus Stroman mantenerse consistentes? ¿Se beneficiará Porcello de ejercer sus oficios en el Citi Field, que es amigable a los lanzadores?

La adición de Betances, quien se perdió casi la totalidad de la temporada 2019 por lesiones en su hombre y luego en el tendón de Aquiles, es casi una apuesta. Los Mets le dieron $10.5 millones, un salario generoso para un lanzador que no es cerrador, pero uno que bien vale la pena si logra regresar a su mejor forma. Es un acuerdo por una temporada, así que el riesgo es limitado. Betances podría unirse potencialmente a Díaz, Familia, Seth Lugo y Robert Gsellman para formar un bullpen rejuvenecido. Dados los caprichosos que pueden ser los bullpens, el material que tiene este es interesante. Ciertamente ayudaría si Díaz deja de colocar su slider en el medio del plato.

Pero he aquí lo más grande sobre estos Mets: Es posible que el cuerpo de lanzadores no tenga que cargarlos esta vez. Los Mets tienen un ofensiva que tiene el potencial de ser élite.

OK, una buena parte de esa noción está basada en mis propias proyecciones, las que le dan buenas posibilidades a la alineación de los Mets. No hay muchas proyecciones públicas basadas en analíticas ahora mismo, pero de otras dos prominentes, la de Davenport Translations está de acuerdo con mi evaluación, mientras que la de Steamer tiene más reservas. Esos mercados de apuestas antes mencionados tienen a los Mets con ventajas para victorias de 86.5, justo por encima de los Phillies pero cinco juegos detrás de Atlanta y cuatro detrás de Washington en su propia división.

Vamos a profundizar en esta arrogante proyección de la alineación posición por posición para ver que nos arroja.

Primera base: Luego de hacer los ajustes por estadio, Alonso tuvo un OPS de .928 con 52 jonrones como novato. Lo tengo proyectado con un OPS neutral de .918 para el 2020, lo que parece razonable. Catalogo esto como una proyección segura.

Segunda base: Canó tuvo un OPS neutral de .725 en 2019, el peor resultado de su Carrera por casi 50 puntos. En las tres temporadas antes de eso, su resultado fue de .851. Lo tengo proyectado para lograr un .785, lo que sería un gran salto, pero de todos modos sería el segundo peor de su carrera. Sin embargo, Canó tendrá 37 años esta temporada, así que un retroceso está lejos de ser un hecho. Es posible que esté listo para comenzar a caer por la pendiente. Si lo hace, los Mets van a necesitar más de Lowrie que lo esperado dado su 2019 perdido.

Campocorto: El OPS neto de Rosario saltó de .713 a .804 de la primera mitad a la segunda mitad la pasada temporada al mismo tiempo que su defensiva mejoró al punto de que se dejó de hablar de un posible cambio de posición. Esto fue un gran factor en la mejoría de los Mets en la segunda mitad y una fuente de optimismo para quien fuera alguna vez un cotizado prospecto. Su OPS neutral la pasada temporada fue de .746. Lo tengo proyectado para lograr .762 en 2020.

Tercera base: Ahora mismo, parece que el bateador de contacto en retroceso McNeil va a recibir la mayoría del tiempo de juego en la esquina caliente. La temporada pasada, Frazier fue el titular, con Davis y McNeil estuvieron en 31 partidos en la posición. Frazier tuvo un OPS neutral de .765 en 2019, mientras McNeil logró .907. Lo tengo proyectado para .847 en 2020.

Receptor: Ramos logró .759 en 2019. Lo tengo para conseguir .797 en 2020. Ramos tuvo un OPS neutral de .817 de 2016 a 2018. Mi sistema lo tiene con retroceso, lo que es estadísticamente razonable. Pero él es receptor y tendrá 32 años, así que no es nada seguro.

Left field: Davis fue una especie de revelación para los Mets durante la temporada pasada, después de haberse perdido entre los cambios sufridos por una organización de Houston llena de profundidad y talento. Su línea ofensiva independiente de estadios fue de .302/.363/.514 en su primera temporada con los Mets, sumando OPS de .877. Mi proyección es de .832 en una campaña en la cual tendrá 27 años.

Jardín central: Marisnick es un pelotero cuya principal característica es la defensiva, quien batea contra zurdos lo suficientemente bien para ser utilizado en un rol semi-alterno. Asumiendo que Céspedes no recobre la salud repentinamente y logre retomar nivel de All-Star, una de las claves más importantes para mantener las esperanzas de los Mets en 2020 será su jardinero central regular proyectado Brandon Nimmo y sus probabilidades de que logre remontar una campaña 2009 mediocre y plagada por las lesiones. Una temporada después de su irrupción con OPS neutro de .909 en 2018, sufrió de un slump hasta alcanzar .775 en el torneo anterior. Su proyección es de .821 en 2020, lo cual podría ser un poco optimista, en cuanto al optimismo que podría albergar un algoritmo. Aunque en un caso similar al de Davis, tendrá 27 años para la venidera temporada.

Jardín derecho: Michael Conforto parecía estar presto a convertirse en una especie de candidato al Más Valioso en 2019, cuando sumó OPS en bruto para .939. Su producción decayó hasta .797 en 2018, para remontar hasta .856 en 2019. Durante sus cinco campañas en las Mayores, sus cifras de OPS han sido, respectivamente, .841, .725, .939, .797 y .856. Se trata de una trayectoria digna de una montaña rusa. Su OPS neutro del año pasado fue .841. Mi proyección es .880 para 2020, cuando tendrá 27 años.

En conclusión, tenemos un montón de bateadores que han sumado cifras importantes en temporadas recientes, algunas de las cuales han pasado por debajo de la mesa, debido al impacto que causa el Citi Field en la producción ofensiva. Lo que perciben estas proyecciones (algunas de ellas, de todos modos) es un grupo de jugadores con una serie de historiales establecidos en las edades apropiadas para alcanzar el apogeo de la curva productiva de su carrera. Y tenemos a Alonso quien solo tiene 25 años, aunque superar lo hecho por él durante el año pasado es muy poco probable. Rosario solo cuenta con 24 años. Solamente Canó y (posiblemente) Ramos tienden a la baja.

Evidentemente que los Mets necesitan que Canó mantenga producción estable, en lo que podemos aspirar de un jugador a mitad de terreno a sus 37 años. Además, necesitan aspirar que su staff de pitcheo pueda sumar suficientes ponches para compensar lo que parece ser una defensiva colectiva espantosa. A pesar de todo, cuentan con suficientes bateadores de calidad capaces de alcanzar en 2020 las mejores campañas individuales de sus carreras, al punto que los Mets bien podrían surgir como equipo con bateo a nivel de élite. No estuvieron lejos de ello durante la zafra anterior, terminando en el séptimo lugar en la categoría de OPS+ en todas las Grandes Ligas. Revisando la alineación, no tenemos proyecciones alocadas y ningún vacío en los puestos. Al menos con el madero.

Es un equipo mayor. Se trata de un equipo que no precisamente se caracteriza por ser muy atlético. Pero es un buen equipo y a medida que se aproximan los entrenamientos primaverales, parece haber muchas razones para mantener el optimismo con respecto a los Mets, similar a lo vivido a finales de enero de 2019, cuando declaramos a los Mets como ganadores de la temporada baja. En esta oportunidad, la temporada de verdad podría ser el momento en el cual los «Asombrosos Mets» podrían capturar nuestra atención nuevamente.

Tres pequeñas cosas

1. Desde el fallecimiento de Jim Bouton el año pasado, he tenido un ejemplar de su libro «Ball Four» sobre la mesa de mi oficina, en el sitio donde suelo mantener los libros que voy a leer. Yo he leído «Ball Four» antes, pero eso fue hace mucho tiempo; por ello, quería darle un nuevo repaso. Cuando parecía que no lo iba a poder hacer, la semana pasada finalmente decidí escuchar la versión en audio. Terminó siendo narrada por el propio Bouton e incluye todos y cada uno de los apéndices que incluyó después de la obra original (un total de cuatro), los cuales describen la vida de Bouton y nos llevan por una montaña rusa de profundas emociones.

Cuando leí «Ball Four» por primera vez, me faltaba aún mucho tiempo antes de descubrir la sabermetría; ni hablar de áreas específicas como el índice de aprovechamiento. Sin embargo, al leer y escuchar las quejas de Bouton con respecto a su utilización en puestos poco importantes cuando jugaba con los Seattle Pilots, seguía pensando lo siguiente: Joe Schultz utilizaba a Bouton estrictamente en puestos de poco aprovechamiento.

Eso es algo que hoy en día podemos medir; entonces, decidí hacerlo. De hecho, el aprovechamiento de Bouton fue lo más bajo posible cuando jugaba con Seattle. Su promedio de índice de aprovechamiento en 1969, antes de ser cambiado a los Astros, era un increíble .431, menos de la mitad de otro relevista calificado de los Pilots. También fue menor a cualquier promedio de índice de aprovechamiento que pueda recordar en cuanto a pitchers que hicieron algo más que apariciones ínfimas. Según Baseball-Reference.com, el único relevista calificado en la temporada anterior con promedio de índice de aprovechamiento menor a .431 fue el lanzador de los Miami MarlinsWei-Yin Chen con.390.

Bouton ostentó promedio de índice de aprovechamiento of 1.393 después de su cambio a Houston, siendo el segundo más alto dentro del cuerpo de lanzadores de los Astros. Houston estuvo al borde de la contención en esa temporada; por ello, laboró en algunos innings clave. Si bien Bouton sonó un poco llorón cuando escribió con respecto al uso que le dieron los Pilots en su obra al estilo de un diario, tenía buenos motivos para sentirse molesto.

2. Durante la semana pasada, el campocorto Addison Russell, quien actualmente es agente libre, cumplió 26 años. Apenas han pasado pocas temporadas después de ser catalogado prospecto de élite, llegando a convertirse en jugador regular con losChicago Cubs a los 21 años y se convirtió en el paracorto titular de los campeones de la Serie Mundial de 2006. El progreso de su OPS a través de su carrera: .696, .738, .722, .657, .699. Si bien sus estadísticas defensivas han sido buenas en líneas generales, simplemente Russell no ha logrado desarrollarse sobre el plato en una era en la cual se aspira una producción consistente por parte del shortstop, como nunca antes en la historia del béisbol.

Es obvio que, de no ser por su comportamiento indefensible fuera del terreno, ya algún equipo le habría dado la oportunidad a Russell. Y me imagino que alguien le extenderá una invitación al campamento sin puesto en el roster en algún momento durante las semanas por venir. Es difícil imaginarse cómo habría sido el mercado para Russell de no haber sido sancionado por violaciones a la política de Major League Baseball relativa a la violencia doméstica. No obstante, desde el punto de vista meramente deportivo, el estancamiento de su desarrollo parece haber despertado preocupación, superando incluso la repercusión a nivel de relaciones públicas que originaría su tentativa contratación.

3. Aquí nos metemos en un territorio esotérico: después de leer «Ball Four», finalmente repasé el libro de Robert Coover «La Asociación Universal de Béisbol, S.A. J. Henry Waugh, propietario», («The Universal Baseball Association, Inc., J. Henry Waugh, Prop.», que gira en torno a un hombre que llevó el concepto del Fantasy Baseball a niveles de locura. Un pelotero ficticio con un rol importante en el relato tiene el nombre de Brock Rutherford, un pitcher histórico de la UBA cuyo hijo Damon sirve de catalizador de la historia. Obviamente, su hijo también es producto de la ficción: ficticio dentro del universo de la trama del libro; o sea, en realidad es doblemente ficticio.

Cada vez que leo el nombre «Brock Rutherford» en las páginas de la novela, el nombre «Blake Rutherford» sale a relucir en mi mente. El último no es para nada ficticio; de hecho, es un prospecto del outfield de gran calidad que milita en la organización de losChicago White Sox, un ser humano que vive y respira y con quien me toparé, con toda seguridad, en cuestión de semanas cuando Chicago haga campamento en Camelback Ranch, Arizona. Cuando vea al pobre jovencito, sin duda pensaré en el nombre «Brock Rutherford» y estoy seguro de que me sentiré obligado a preguntarle si ha llegado a leer la novela de Coover. Es una manera infalible de evitar forjar relaciones dentro del clubhouse.

De todos modos, tengo la tendencia de sentarme a pensar en peloteros con nombres literarios. No hablo de peloteros ficticios (como es el caso de Roy Hobbs, Pedro Cerrano o Crash Davis), sino de jugadores de béisbol que, por coincidencia, fueron bautizados con nombres similares o idénticos a los de autores o figuras literarias. (¿Se acuerdan de Brett Butler?) Afortunadamente, no es cosa común. Pero ya tenemos dos ejemplos en la actualidad.

Uno de ellos es el relevista Jacob Barnes, a quienes sus compañeros suelen referirse como Jake. Al menos, así lo hacían cuando jugaba con Milwaukee. Barnes ha entrado en una especie de fase de veterano trotamundos en su carrera, como suele sucederle a muchos lanzadores relevistas. Ese nombre (Jake Barnes) es, obviamente, el mismo del protagonista de «Fiesta» («The Sun Also Rises»), la conocida novela de Ernest Hemingway. Jamás le he preguntado a Barnes si ha leído dicho libro, considerando la enfermedad que sufre dicho personaje.

Otro nombre que me causa fascinación es el de Sócrates Brito. Se trata de un exprospecto de los jardines dentro de la organización de los Arizona Diamondbacks quien recibió durante el invierno una invitación al campamento primaveral de los Pirates. Jamás he conocido a Sócrates en persona, aunque soy un amante del método socrático. ¿Qué conocerá el pelotero con respecto al filósofo? Me muero por saberlo. Ya me imagino lo que deben estar pensando: Sócrates fue una persona real, no un personaje literario. Pero, si eso es lo que piensan, se ve que no han leído mucho a Platón.

Crédito: espn.com.mx

Por Bradford Doolittle

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