“Xochipilli”

Xochipilli, el príncipe de las flores: la representación y patrón del arte, del amor, los juegos, la danza, belleza, las flores, el maíz, placer y de la ebriedad sagrada, posee una de las representaciones más humanas del pensamiento mexica con una evocación a la liberación del espíritu.

“Flores y cantos son lo más elevado que hay en la tierra para penetrar en los ámbitos de la verdad”

Su nombre proviene del náhuatl xochitl “flor” y pilli “príncipe” o “niño”. También se le llamaba Macuilxochitl, que significaba “cinco flores” y era el patrono de los juegos, los bailes y los deportes.

Su escultura fue encontrada en las faldas del volcán Iztaccíhuatl, cerca de la localidad de Tlalmanalco, Estado de México, durante el siglo XIX. En esta escultura se aprecia al niño príncipe de corazón puro, absorto por el temicxoch las “flores del sueño” en un mundo remoto, derribando el muro de nuestro pensamiento lógico para abrirlo a una visión más trascendente de la vida.

Su cuerpo cubierto de sus aliados espirituales, las flores y plantas sagradas son: los hongos psicoactivos (Psilocybe aztecorum), tabaco (Nicotiana tabacum), Ololiúqui (Turbina corymbosa) sinicuichi (Heimia salicifolia) y cacahuaxochitl (Quararibea funebris).

 

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