Tricorder de Star Trek ya es real

En la serie de ciencia ficción Star Trek, el doctor McCoy solía llevar en su bolsa un tricorder médico, un pequeño artilugio capaz de diagnosticar a cualquier paciente con solo acercarlo a su cuerpo, casi como en un truco de magia. La realidad tras las cámaras es que el tricorder era una caja con luces de colores que hacía “bip, bip” y los sensores eran un salero y un pimentero de aspecto futurista. En fin, cosas del atrezo.

Pero llegado el siglo XXI ese tricorder ya es prácticamente una realidad. En 2012, la Fundación XPrize anunció el Qualcomm Tricorder XPrize, una competición de cinco años de duración (como la misión del Enterprise) con millones de dólares en premios. El objetivo: la invención de un dispositivo portátil capaz de diagnosticar con la misma precisión que un médico humano y detectar al menos 13 signos vitales y síntomas de diversas enfermedades en menos de 24 horas.

Llegado el momento de la verdad, un grupo llamado Final Frontier Medical Devices se ha alzado con la victoria –un premio de 2,5 millones de dólares– gracias a DxtER, un pequeño tricorder portátil. Aunque su aspecto es algo distinto al de Star Trek –y desde luego algo menos atractivo– cuenta con suficientes sensores y un algoritmo para realizar un diagnóstico apoyado por inteligencia artificial a partir los datos básicos. Combinando todos esos datos (que incluyen las bases de datos con la experiencia de doctores humanos en los servicios de urgencia de los hospitales) se pueden realizar diagnósticos rápidos y precisos.

Los dispositivos presentados al concurso debían cumplir varios supuestos: no ser invasivos, no necesitar muestras, no entrar en contacto con el paciente y funcionar en caso de que el paciente no cooperara. Además de eso, debían detectar cinco signos vitales obligatoriamente: presión arterial, ritmo cardiaco, saturación de oxígeno, frecuencia respiratoria y temperatura. A partir de ahí debían detectar diez síntomas principales: anemia, fibrilación auricular, diabetes, neumonía, infecciones urinarias (y otros) así como tres síntomas más de entre un grupo más amplio, a elección de los participantes (mononucleosis, hipertensión, sida, melanomas, colesterol…). Para alegría de los pacientes otra de las obligaciones era concluir que había “ausencia de problemas”.

Con información de El País

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