“Tributo y Comercio”

En esta sala se pueden apreciar objetos producto del tributo, impuesto a través de la guerra y también del comercio que los mexicas mantuvieron con diversos pueblos y que fueron depositados en las ofrendas por su valor simbólico. Algunas regiones fueron muy importantes para la actividad económica mexica, como por ejemplo, los yacimientos de obsidiana de la Sierra de las Navajas, en el actual estado de Hidalgo, y la zona de Otumba, en el Estado de México, principalmente.

Con la obsidiana se fabricaban numerosos objetos: cetros, cuentas, orejeras, narigueras, bezotes, cuchillos, puntas de proyectil, navajillas, etc. La piedra blanca conocida como tecalli, provenía del actual estado de Puebla. La calidad de este material y su transparencia permitió elaborar objetos de gran belleza artística, entre los que destaca una máscara antropomorfa con aplicaciones de concha, figuras en miniatura y representaciones del dios Xiuhtecuhtli.

Máscara teotihuacana

Esta magnífica máscara teotihuacana, hecha en una piedra color verde intenso, fue encontrada en la ofrenda 82, junto con el par de orejeras que la acompañan. Conserva sus incrustaciones de concha y obsidiana, tanto en los ojos, como en los dientes. Teotihuacan fue la primera gran metrópoli de Mesoamérica y su gran cultura destacó en todos los ámbitos. Las máscaras y rostros teotihuacanos son particularmente reconocidos en todo el mundo, por su calidad expresiva y extraordinaria manufactura. Esta máscara tendría cuando menos ocho siglos de antigüedad cuando los mexicas la depositaron en una de sus ofrendas.

Máscara olmeca

Esta magnífica obra tiene unos tres mil años de antigüedad y puede provenir del área limítrofe entre Guerrero, Oaxaca y Puebla, zonas de influencia olmeca. La máscara mide 10.2 cm. de alto y muestra los clásicos rasgos olmecas que evocan al jaguar, además de la característica hendidura en forma de V en la parte superior de la frente. Los mexicas evidentemente reconocieron el valor artístico de esta máscara y la depositaron en la ofrenda 20, dos mil 500 años después de su elaboración, como uno de sus objetos más preciados.

Xipe-Tótec

El oriente es la casa por donde nace el sol, se identifica con el color rojo, con el glifo Ácatl o caña y está presidido por “Nuestro Señor el desollado”, Xipe Tótec. Es el lado masculino del universo. La fiesta a esta deidad se llamaba Tlacaxipehualiztli, que quiere decir “desollamiento de hombres” y se celebraba durante los días de marzo en que se efectuaban las siembras.

Este dios participa en el proceso en el que intervienen también el agua, la semilla y el sol. Xipe-Tótec simboliza la regeneración de la tierra y por ello se le relaciona con la fertilidad, la renovación y el cambio.

INAH

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