Tonatiuh, El sol

En todos los rincones del mundo se ha buscado personificar las grandes realidades del espíritu con alguna representación tangible. No es de extrañar que los incas, mayas, aztecas, egipcios, etc., identificaran al Sol con el espíritu universal de vida, tratando de asociar sus características físicas con las espirituales. De esta forma, daban a conocer la grandeza de lo intangible. Indudablemente, el Sol ha sido, es y será el medio para hacer entender al mundo lo que en realidad es el Espíritu o el Ser dentro de cada uno de nosotros, pues así como el Sol físico nos da la vida, luz y calor; el Ser nos da la vida espiritual, sabiduría y anhelos místicos.

Entre los aztecas el Dios Sol se llamó Tonatiuh (tona = hacer el sol y el calor, tiuh = ir). En el gnosticismo universal el Ser o Espíritu es el que genera la vida, y al mismo tiempo, el símbolo del Sol es el trabajo que todo aspirante debe realizar en sí mismo: Hacer el sol es entregarse o hacerse uno con el Ser.

El Dios Sol, Tonatiuh en lo microcósmico es el íntimo, la parte más recóndita y espiritual dentro del ser humano y en lo macrocósmico es el Logos Solar o divinidad. Tanto el uno como el otro nos impulsan, mediante los anhelos espirituales y místicos, a lograr la autorrealización íntima del Ser.

En la cultura nahua, como en otros pueblos, el Sol fue el símbolo del Padre, el eterno principio masculino; la Luna, la madre o el eterno principio femenino divinal, y Venus, el símbolo del niño celeste. Tonatiuh el Dios Sol, es la encarnación y expresión del fuego que cae del cielo. Tonatiuh, es la representación de los aspectos divinales y explica en sí mismo la creación de todo lo existente.

Los sabios aztecas o de Anáhuac dieron al creador forma masculina y femenina. Al creador, en su aspecto masculino, lo nombraron Ometecuhtli (ome = dos, tecuhtli = señor), y al principio femenino eterno divinal Omecihuatl (ome=dos, cihuatl = señora). Son el Señor y la Señora de la Dualidad.

 

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