Tlacaelel y sus motivos para rechazar ser Tlatoani

Tlacaélel (“el de corazón varonil o el que anima el espiritu”), sobrino del tlatoani Itzcóatl y hermano de Chimalpopoca y Motecuhzoma I Ilhuicamina, es probablemente el personaje más importante de la historia de los mexica, desde su cargo de segundo en la jerarquía del poder con los citados y, posiblemente, con Tízoc y Ahuítzotl. En 1428, bajo el mandato de Itzcóatl, en plena construcción del imperio mexica, interviene en el pacto que establecerá la posterior división social entre “pipiltin” (señores) y macehualtin (“gente del común”).

Tlacaélel, , vivió entre 1398 y 1487 –aproximadamente-, y fue el guía moral y espiritual de cinco gobernantes mexicas, así como de su pueblo. Ocupó diversos cargos, pero el más importante de ellos fue el de Cihuacóatl, el sumo sacerdote y consejero del tlatoani, puesto que nunca aceptó debido a su firme convicción de que solo podría contribuir a la grandeza de México-Tenochtitlan guiando los pasos de su máximo regente.

Durante mucho tiempo, Tenochtitlan estuvo sometida al poderío de los tepanecas, que gobernaban desde la ciudad de Azcapotzalco. Ante tal amenaza, y convencido de la gloria a la que estaba destinado el pueblo mexica, Tlacaélel concretó las alianzas necesarias con los diversos señoríos del valle del Anáhuac para reunir un poderoso ejército que él mismo comandó para marchar sobre Azcapotzalco. La victoria sobre los tepanecas suele considerarse como el inicio del esplendor mexica que, gracias a una serie de exitosas campañas militares dirigidas u organizadas por el Cihuacóatl, logró una expansión territorial sorprendentemente rápida, consolidando así su Imperio. Tlacaélel reorganizó la distribución y el trabajo de la tierra, el aparato jurídico, la administración tributaria, la cosmovisión mexica (instituyó a Huitzilopochtli como máximo patron) y la política externa (gracias a él se consolidó la famosa “Triple Alianza”).

La reconstrucción de la identidad

Cuando el Imperio mexica alcanzaba su punto máximo de esplendor, Tlacaélel destruyó los códices que albergaban la historia de su pueblo, donde era descrito como frágil y mediocre, para sustituirla por la gloriosa historia que los tenochcas estaban escribiendo. Es por eso que su mayor aportación fue, sin duda, la reconstrucción de la conciencia histórica y de la identidad de los mexicas, de donde proviene la imagen que tenemos en la actualidad de nuestras raíces prehispánicas.

Tlacaélel: una batalla contra el olvido
Las primeras noticias que tuvieron los conquistadores sobre Tlacaélel, fueron negativas: los tlaxcaltecas (uno de los pueblos sometidos por los mexicas, y aliados de Hernán Cortés) le guardaban un profundo resentimiento al Cihuacóatl por lo que, naturalmente, sus informes sobre él nunca fueron buenos. Incluso hubo quienes aseguraron, como Juan de Torquemada, que Tlacaélel ni siquiera existió. Es sólo gracias a los cronistas mexicanos que sobrevivieron a los primeros años de la conquista espiritual e ideológica, que conocemos la verdadera importancia que el gran Cihuacóatl, Tlacaélel, tuvo para la historia del México antiguo, y que pervive hasta el día de hoy.

Fue mensajero de Quetzalcóatl, tuvo un entrenamiento desde muy niño y fue sin duda un gran personaje pero ¿Por qué no fue Tlatoani? ¿Por qué no aceptó tomar el lugar de máximo gobernante?

A Tlacaélel, tiempo después de haber sido nombrado sacerdote de Quetzalcóatl le llovieron varias ofertas, entre ellas las del señor Tozcuecuetzin.

Le propuso a Tlacaélel que gobernara personalmente al pueblo tenochca, esa propuesta tenía una gran ventaja ya que ningún pueblo se atrevería a desafiar a otro que tuviera a un heredero de Quetzalcóatl como máximo gobernante. Pese a la jugosa propuesta, Tlacaélel impresionó a todos al negarse ser Tlatoani, tuvo dos poderosas razones:

La primera fue que el pueblo tenochca estaba apenas desarrollándose, no era como tal un imperio de tanta magnitud como las grandes ciudades de aquella época como la Tolteca, para Tlacaélel sería absurdo gobernar un pueblo que no está en su máximo esplendor.

La segunda razón fue que Tlacaélel no creía que un solo hombre pudiera gobernar un pueblo, ya sea uno grande o uno pequeño y prueba de ello fue la destrucción del segundo imperio Tolteca, un pueblo no puede ser administrado por una sola persona, ya que tiene muchos problemas, muchos negocios, muchas guerras que planear, es absurdo creer que una sola persona podría gobernar. Por ello decidió dar el cargo a alguien pero eso sí, sirviendo el como consejero y sacerdote para el tlatoani.

Esta solamente fue una pequeña prueba de la gran inteligencia de Tlacaélel, negó ser el gran tlatoani por el beneficio del pueblo aparte nos dejó la enseñanza de que un pueblo no puede ser gobernado por un hombre, queremos conocer tu opinión, concuerdas con Tlacaélel o difieres en tu opinón.

 

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