Sismo en México: Escuela Rébsamen, símbolo de la tragedia

Ciudad de México.- A las 02:10 horas, el sol todavía no aparece, los lazos y cadenas de personas han sido reemplazados por vallas metálicas para mantener a la gente presente a un lado y así permitir el ingreso de maquinaria, camiones y polines de madera.

Más de 10 ambulancias de encuentran a media calle de la escuela Rébsamen a la espera de que sean requeridas. Militares, policías, rescatistas y gente que viene a dejar agua, galletas, tortas, cobijas y café, entran y sale del lugar esperando lo mejor y con la idea de rescatar a más personas atrapadas.

“Son cuatro amigos los que están dentro, ya sacaron el cuerpo de tres y sólo falta el de mi tío”, dice uno de los voluntarios a punto del llanto sin querer dar su nombre.

La esperanza de encontrar a más niños y personal que laboraba en la escuela disminuye pero no así sus ganas de seguir luchando por sacarlos de los escombros. Caras de pesadumbre y preocupación son la constante en esta parte de la ciudad.

Un grupo de scouts se encarga de decirle a los presentes que informen a todos los que puedan que siguen siendo necesarias distintas cosas: desarmadores planos, serruchos, ceguetas, palas, picos, tijeras de lámina, cascos, lámparas de emergencia y plumones, lo que más urge en el momento.

No son sólo estudiantes los que se encuentran atrapados entre los escombros de esta escuela que el día de ayer le ha tocado sufrir las consecuencias del temblor. También personal de limpieza se encuentra entre las personas que luchan por su vida.

“Allá adentro está mi hermana Jessica Laura Castrejón Hernández, tiene 32 años. Ahorita dice una miss que le mandó un mensaje que está atrapada debajo de las escaleras con dos niñas, ella trabaja de limpieza”, explica su hermana Sandra Lízbeth, quién está en este lugar desde las dos de la tarde con la esperanza de que le den noticias de ella.

LÁGRIMAS DE DESESPERACIÓN

Intenta no llorar ni perder la fe de que su hermana librará este trago amargo. “Me mandaron a la delegación aquí de Tlalpan a reconocer unos cuerpos pero no están. Hay dos amiguitas que yo tenía también aquí trabajando, pero el de ella no está. No trae celular ella, una niña es la que creo que le está prestando el teléfono”, comenta, además de tener a su padre ya mayor como parte del equipo de los voluntarios.

Una bolsa con tortas, una botella de agua y la ilusión de que esté con vida, son su único motor en la madrugada. Los presentes corren, gritan y agradecen a los que siguen aquí, pidiéndoles que además de compartir la lista de cosas que se necesitan, se mantengan fuertes, algo que más que ver con la fuerza física se entiende que es un mensaje de apoyo a lo que sienten en estos momentos.

Mientras unos lloran y se abrazan, otros cargan cosas, mueven botellas, piden palas y picos para seguir en su labor. Son las 3:00 de la mañana y su noche parece que apenas empieza.

DIFÍCIL ENCONTRAR A LOS FAMILIARES DE LOS NIÑOS

Confusión, angustia y una mezcla de gritos es lo que se vive en la escuela. Aunque el acceso es limitado, la gente con víveres, botellas de agua, linternas de mano y medicinas no dejan de llegar.

“¡Esmeriles!”, “¡Discos para concreto!”, “¡Croquetas para perro!, “¡A los familiares que estén presentes acérquense para ver si tenemos informes!”, son tan solo algunas de las muchas frases que se escuchan en la calle por parte de voluntarios, policías y algunas personas que viven cerca de la zona y que han decidido ayudar.

Aunque en más de una hora solo ha salido una ambulancia, a su paso una estela de aplausos se hace presente. La necesidad es inminente y mientras un niño de no más de 7 años grita al lado de un policía que se necesitan flexómetros, al mismo tiempo otro grupo de señoras reparte café a policías, militares y miembros del ERUM presentes.

“Nosotros gritamos el nombre de los niños que vamos encontrando y los llevamos a una carpa donde está la directora dando información de los pequeños que se han encontrado vivos y muertos, así como de los que se han llevado a distintos hospitales y decirles a qué hospital de los han llevado”, explicó en entrevista Ximena Torres, de 33 años y quién afirmó estar presente inmediatamente después del colapso y que ahora grita los nombres de los niños que van apareciendo a través de un megáfono de una patrulla.

“Se han encontrado niños con vida, pero algunos, aunque han salido con vida, han fallecido rumbo al hospital. De hecho, ya se estuvo pidiendo hielo debido a la descomposición de algunos cadáveres”, dijo, aunque desconocía el número aproximado de los fallecidos, explicando que los pequeños que han perdido la vida son traslados a las afueras de un Starbucks cercano para después ser trasladados a la SEMEFO.

Torres explicó que una de las cosas más difíciles ha sido dar con los familiares de muchos de los niños que son voceados. “La verdad es que no han llegado muchos familiares, estamos voceando los nombres de muchos niños y no sabemos nada de los familiares”.

Así como se ven personas de distintas edades ayudando dentro de lo que pueden al acomodar los víveres, las medicinas, scouts formados cercas humanas para dar paso a la maquinaria y las ambulancias y doctores que entran y salen, también hay padres de familia de algunos voluntarios que están ayudando en la escena, como el caso de Nora Castellanos.

“Mi hijo Farid Carám Castellanos tiene 24 años y está allá dentro desde la tarde. Le nació y tiene mucho el don de la calidad humana y quiso venir a ayudar a la ciudadanía”, expresa orgullosa pero angustiada, al tiempo que juega nerviosamente con sus manos.

“Hace poco lo vi, después de muchas horas de no saber de él, y me dijo que aún hay mucho que hacer allá adentro, muchos niños que rescatar”, dijo.

Aún cuando las labores de rescate no han parado, también se les pide a los presentes que caminen con cuidado en los edificios aledaños, ya que tres presentan cuarteaduras y han sido evacuados, con el temor de que puedan colapsar en cualquier momento, uno de ellos, ubicado en la esquina cercana a la escuela sobre División del Norte.

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