Sanguinario, esotérico y fan de los medios. Así, un maestro rural se hizo capo del narco en México

Cuando la Marina reaprehendió a Joaquín “El Chapo” Guzmán, en febrero de 2014, lo sometieron a un interrogatorio durante el vuelo que lo trasladó del puerto de Mazatlán, en Sinaloa, a la Ciudad de México. Al preguntarle, entre otros, de Servando Gómez Martínez y Los Caballeros Templarios, dicen que el líder del Cártel de Sinaloa respondió: “Son unos rateros, mugrosos”.

“La Tuta” –el alias que le dio fama a Gómez Martínez– había sido aliado del Cártel de Sinaloa en Michoacán, desde que formaba parte de la cúpula de La Familia Michoacana, uno de los grupos criminales más peligrosos y extraños que ha habido en México, mezcla de cártel y secta religiosa.

Fundada por Nazario Moreno Vargas, un narcotraficante evangélico a quien llamaban “El Chayo” o “El Más Loco”, La Familia Michoacana obligaba a sus integrantes a someterse a los “principios” de su líder.

Nazario, quien al parecer había formado parte del Cártel del Milenio, había abrevado “inspiración” de autores como el cristiano John Eldredge, el católico Carlos Cuauhtémoc Sánchez y al orador motivacional Miguel Ángel Cornejo, de acuerdo con InSight Crime.

El mismo Nazario era autor de un pasquín titulado “Pensamientos”, que recetaba de manera obligatoria a los miembros de “La Familia Michoacana”. Aseguraba que su grupo criminal tenía una función social –dicen que fundaron escuelas, hospitales y clínicas de desintoxicación, y que prestaban dinero a los campesinos– y que su propósito como cártel era regular el comercio de las drogas “para que las que las personas no sean explotadas”, dijo en una entrevista con la revista Nexos.

A este grupo criminal se integró “La Tuta”, un maestro de escuela primaria que le gustaba nadar en el río, cultivar la tierra y ayudar a jóvenes con problemas de adicciones, según testimonio recabados por la prensa mexicana en Arteaga, municipio de Michoacán, donde Servando Gómez Martínez nació en el 6 de febrero de 1966.

Narcotraficante de rápido ascenso, se convirtió en uno de los criminales más buscados en México hasta su detención, en febrero de 2015, cuando fue aprehendido en una casa de Morelia, capital de Michoacán, sin un disparo de por medio.

DE LAS AULAS AL NARCO

Servando Gómez Martínez era un narcotraficante singular. Había estudiado hasta un nivel equivalente a la licenciatura, en el Centro Regional de Educación Normal (CREN) de Arteaga. Primero fue maestro de primaria en el municipio de Quiroga y en 1985 consiguió su plaza permanente en la escuela primaria “Melchor Ocampo”, ubicada en una colonia semiurbana llamada El Ejidal.

Por ese pasado lo conocían también como “El Profe” y lo reconocían como un hombre desenvuelto, comunicativo, “que sabe de lo que habla”, según descripción de Rafael Guerrero, en su momento director del CREN de Arteaga, donde dicen que incluso fundó el primer centro de ayuda contra las adicciones.

Su salto a las actividades delictivas es misterioso y poco claro. En su libro “Historia del narcotráfico en México” (2013), Guillermo Valdés, ex director del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN) afirma que su incursión se remonta a 2001.

Ese año “La Tuta”, “El Chayo”, y otros líderes regionales como Enrique Plancarte Solís “El Kike” y Jesús Méndez Vargas “El Chango” fundaron el grupo criminal de La Empresa, que en sus primeros años operó en alianza con el Cartel del Golfo.

La Empresa rompió con sus socios en 2006 y en ese momento cambió su nombre por La Familia Michoacana y se alió con el Cártel de Sinaloa para expulsar a Los Zetas de su región.

Su nacimiento incluso apareció anunciado en una plana pagada en el periódico La Voz de Michoacán, el 22 de noviembre de ese año. Allí decían que a partir de ese momento se encargaban de la seguridad del estado. El responsable de la redacción fue precisamente “La Tuta”.

Guillermo Valdés afirma que “La Tuta” fue clave para posicionar a La Familia en el territorio michoacano por su experiencia previa como maestro en comunidades rurales del estado.

También anota que, como docente, Gómez Martínez participó en el movimiento magisterial de izquierda en Michoacán y Guerrero (vecinos en la zona de Tierra Caliente), en su momento epicentros de movimientos guerrilleros que surgieron desde 1960.

De esa experiencia “La Tuta” aprendió “estrategias de penetración social, tácticas de lucha guerrillera y formas de sobrevivencia en la clandestinidad”, apunta Valdés.

En él además había otro rasgo de personalidad distintivo: su afición al esoterismo y la lectura del Tarot. Según la Procuraduría General de la República (PGR) las cartas eran su oráculo: a partir de su interpretación, tomaba decisiones como asesinar a supuestos traidores o elegir dónde esconderse.

De esta manera dicen que influyó en la personalidad de Nazario, líder fundador de La Familia, quien impuso reglas inusuales para un grupo de narcotráfico, como prohibir drogas, conducir en estado de ebriedad, agredir a mujeres y castigar con la muerte a quienes cometían abusos sexuales.

De acuerdo con Valdés, esta “mezcla de pensamiento y prácticas de secta religiosa con las de la guerrilla” le dieron a La Familia una fama de congregación “liberadora” al reclutar, tras un proceso de desintoxicación, a jóvenes que habían sido adictos a las drogas.

Esta mezcla de pensamiento y prácticas de secta religiosa con las de la guerrilla le dieron a La Familia una fama de congregación liberadora.

Desde entonces, la PGR identificó a “La Tuta” como “uno de los hombres más violentos de La Familia Michoacana, al grado de ser capaz de asesinar sólo porque quien le leía las cartas del Tarot le revelaba que supuestamente alguien lo traicionaba”.

EL ESTRATEGA DE COMUNICACIÓN

Aficionado a las peleas de gallos y la música banda, con facilidad de palabra y don de convencimiento, a “La Tuta” las autoridades lo calificaban como un hombre inteligente, calculador, manipulador y mediático.

Por estas capacidades, La Familia le asignó funciones de negociador y estratega para desacreditar a funcionarios o proponer públicamente pactos y diálogos con el Gobierno federal.

Incluso se dio el lujo de ofrecer entrevistas, desde la clandestinidad, a cadenas de televisión extranjeras como Fox y Channel 4. En estas varias veces dijo que “todos los políticos, del partido que sea, piden ayuda para poder ganar, y después se les olvida quiénes son sus amigos”.

A “La Tuta” además le correspondió hacer los primeros mensajes en mantas dirigidos a la sociedad michoacana. También se le atribuyó la redacción de un texto publicado en el periódico AM del municipio de La Piedad, en el que amenazaba a quienes no votaran por el PRI.

Todo lo anterior hizo de Servando Gómez un narcotraficante mediático, que eligió los videos como su principal canal de comunicación.

En un audio difundido a través de las redes sociales, el propio Servando Gómez Martínez reconoció que por instrucciones propias se grabaron en video más de 200 reuniones que sostuvo con alcaldes, senadores, diputados, empresarios, periodistas y hasta un gobernador de Michoacán.

“La Tuta” también era el responsable de coordinar a los lugartenientes de La Familia y supervisar los cargamentos de cocaína, cristal y marihuana hacia Estados Unidos.

Para su protección tenía a su cargo a más de 20 personas con las que se desplazaba en una camioneta doble cabina color rojo y una pick up color blanco.

En Arteaga tenía seis domicilios, entre ellos los ranchos “La Tuta”, ubicado en la carretera Las Cañas-Arteaga, y “El Encino”.

EL SANGUINARIO

A pesar de todo el poder acumulado, las rencillas internas quebraron a La Familia y de su fractura nació la organización criminal de Los Caballeros Templarios, que quedó en poder de “La Tuta” al caer abatido Nazario, en marzo de 2011.

Su nueva organización avanzó en violencia y peligrosidad. Las autoridades aseguraban que Los Templarios recurrían a ritos, ceremonias de iniciación y hasta sacrificios humanos para mantener el orden y la disciplina entre sus miembros.

De la mano de “La Tuta”, su poder y presencia se extendió de Michoacán hacia el Estado de México, Baja California, Tamaulipas, Jalisco, Nayarit, Guanajuato, Colima, Querétaro y Chiapas.

El Profe aseguraba que sus “muchachos” [sus sicarios] se portaban bien, y quienes rompían las reglas eran castigados. “Chueco o derecho somos un mal necesario y aquí estamos”, decía en uno de sus videos.

“Chueco o derecho somos un mal necesario y aquí estamos”.

Para entonces, la cabeza de “La Tuta” ya tenía precio en México y Estados Unidos, donde ofrecían una recompensa de 2,5 millones de dólares por información que llevara a su captura.

Progresivamente el cerco en torno de “La Tuta” se cerró. En febrero de 2013 aparecieron grupos de autodefensa que expulsaron a “Los Templarios” de varios municipios de Tierra Caliente.

Meses después el Gobierno federal desplegó toda su fuerza en la zona para apoyar a los guardias comunitarios. En pocas semanas los principales líderes del cártel murieron o fueron detenidos.

La persecución en su contra obligó a “La Tuta” a vivir un mes en una cueva y a viajar a lomo de caballo o burro para evadir a la autoridad. Aunque recurrió varias veces a mensajes en video para pedir “la paz” al Gobierno de Enrique Peña Nieto, el cerco terminó por cerrarse el 27 de febrero de 2015.

La madrugada de ese día, Servando Gómez Martínez fue aprehendido y trasladado al penal de máxima seguridad del Altiplano, donde unos meses fue vecino de celda de Joaquín “El Chapo” Guzmán, antes de que el sinaloense se fugara por el baño.

Hay versiones que aseguran que “La Tuta” habría fingido un infarto para distraer a los custodios. Pero hasta ahora nadie lo sabe.

SINEMBARGO

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