“Ritual y Sacrificio”

Sacrificio humano

Este tipo de rito se realizaba de diversas maneras y una de ellas era el empleo de una piedra de sacrificios, un cuchillo de pedernal y un recipiente para ofrendar los corazones, llamado Cuauhxicalli.
Revestía gran importancia ya que era la manera en que a la muerte siguiera la vida, tal como ocurría en la naturaleza, en la que a lo largo del año había una temporada de secas donde las plantas morían y una temporada de vida, en que la lluvia hacía renacer los frutos de la tierra, como parte de un ciclo constante.

A través del sacrificio humano se ofrendaba lo más preciado, la sangre y la vida misma, para que a través de la muerte surgiera la vida. Los rituales funerarios

El tipo de funeral que se le realizaba a un difunto, estaba en función de la forma en que la muerte hubiese sucedido. Si había fallecido por causas relacionadas con el agua, se enterraría. Por otro lado, la muerte en la guerra o por enfermedad común, implicaba la cremación del individuo. Este tratamiento funerario generalmente se practicaba entre la alta jerarquía y los guerreros.

Tras complicada ceremonia, que duraba varios días, y en la que morían esclavos y un perro guía, los restos del difunto -adornados con joyas de piedra y metales- eran quemados para posteriormente introducirlos en una urna, junto con los cabellos del difunto y algunos de los objetos que lo adornaban.

El teyolía o alma del individuo viajaría a la Casa del Sol si había fallecido en la guerra, pero si la muerte había sido por enfermedad común, viajaría al Mictlan, región a la que tardaría cuatro años en llegar.

Ofrenda 17

La ofrenda 17 contenía múltiples objetos que probablemente fueron obtenidos como botín de guerras y tributos, así como cráneos de decapitados en los rituales de consagración del Templo Mayor.

En términos generales esta ofrenda era la representación del universo a escala humana. Por ejemplo, los objetos marinos, como son los corales, correspondían al inframundo acuático y el espadarte de pez sierra era la superficie de la tierra. Los cuchillos de sacrificio, los cráneos decapitados y los braseros decorados con un moño al frente, nos remiten a Huitzilopochtli.

Presidiendo la ofrenda estaban las imágenes del dios del fuego Huehuetéotl-Xiuhtecuhtli y de Tláloc.

INAH

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