Ritos funerarios entre los Mexicas

La gente del México prehispánico comprendía el fenómeno de la muerte como la separación de los diferentes componentes o elementos del cuerpo humano: la teyolía (espíritu), el tonalli (sombra), el ihíyotl (aire de nicho) y el cadáver Los primeros tres abandonaban el cuerpo con la muerte, y mientras viajaban al Cielo del Sol u otros lugares, había elementos, como la sangre y el cadáver, que iban a alimentar a la deidad de la Tierra .

Fr. Bernardino de Sahagún en su Historia General de las cosas de la Nueva España menciona los diferentes lugares a los que iban las almas de los difuntos: aquéllos que morían por enfermedad iban al Mictlan; los que morían a causa de fenómenos relacionados con el agua iban al Tlalocan; y aquéllos que morían en la guerra y los cautivos muertos en poder de los enemigos iban al sol.[3] Las mujeres muertas en el primer parto y los sacrificados también iban al Cielo del Sol (Tonátiuh Ilhuícatl) y los lactantes iban al Chichihualcuauhco[4].

La teyolía era la que iba a alguno de estos lugares, pero se quedaba sobre la superficie de la tierra cuatro días más después de la cremación, del mismo modo que la teyolía de los esclavos sacrificados en la fiesta de panquetzaliztli; también los niños de pecho se detenían cuatro días antes de viajar al Chichihualcuauhco.

La teyolía del tlatoani era resguardada con ofrendas y oraciones por parte de los deudos, y recibía los instrumentos necesarios (objetos y ropa) para iniciar su viaje. Así, la teyolía de los tlatlacotin y la del perro bermejo acompañaban la teyolía de su señor. El viaje para llegar al Mictlan duraba cuatro años, mientras que para llegar al Cielo del Sol sólo habían de transcurrir 80 días.

Francisco Javier Clavijero nos dice que el soldado era vestido con un traje de Huitzilopochtli, el esterero con ropa de Nappateuctli, el mercader con el de Xacateuctli, al que moría ahogado lo vestían con ropa de Tláloc, al borracho con ropa de Tezcatzoncatl o de Ometochtli (dios del vino), al adultero con el traje de Tlazolteotl, y así según el oficio que el difunto había practicado en vida.

Ya en los funerales, cuando un principal moría inmediatamente mandaban a visar a los señores de las provincias vecinas con quien tenía parentesco o amistad para comunicarles el día del entierro. Éstos traían o enviaban una gran cantidad presentes para el difunto tales como mantas, plumas y esclavos para ser sacrificados el día del entierro.

Fr. Diego de Durán [9] describe las exequias de los principales de México, (Axayácatl y Ahuitzotl), y de Tezcuco, (Nezahualpilli). A la muerte de Axayácatl, nos dice Durán, Nezahualcoyotl, rey de Tezcuco, acudió a la ciudad de México para ofrecerle al cuerpo …cuatro esclavos, los dos varones y dos hembras, y un bezote de oro y unas orejeras y una naricera y una corona de oro de las que ellos usaban, y dos braceletes, y dos calcetas de oro y un arco muy galano, con sus flechas y muy galanos plumajes de plumas verdes y galanas, y otro de plumas de águila , y una rica manta muy galana y un rico ceñidor y unos zapatos muy galanos y un rico collar de piedras con una joya de oro al cabo.

Nezahualcoyotl le dirigió al cuerpo palabras de dolor, al igual que lo hizo el señor de Tacuba, quien le ofrendo esclavos joyas y mantas, y los señores de Chalco quienes ofrendaron cinco esclavos, mantas, plumas, cortezas de árboles y tea para quemar los cuerpos de los señores. También lo hicieron todos los señores de las provincias de Tierra Caliente, provincias vecinas y provincias enemigas (Tlaxcala, Huexotzinco, Cholula) quienes traían esclavos, papel, cargas de manta, plumas, joyas, camisas de mujeres y faldellines, cacao, coronas, bezotes, orejeras, y pájaros de plumas verdes, azules y coloradas, arcos, flechas, plumas de águila y cascabeles para los pies.

Para este funeral hacían una enramada, tlacochcalli (casa de descanso), y una estatua de astillas de tea a semejanza del rey muerto. A esta le hacían un rostro, le emplumaban la cabeza con plumas de ichcaxochitl (flor de algodón) y malacaquetzalli (plumas ahusadas), y un peto de plumas que le colgaban del pecho, lo cubrían con ropa muy fina con la cual representaba al dios Huitzilopochtl, y ropas del dios Tlaloc, Youalahuan y Quetzalcoatl. Con cantos fúnebres salían las mujeres con manjares que ellas habían preparado, poniéndolos junto con jícaras de cacao, delante de la estatua, y mientras que los principales le colocaban rosas, se incensaba el lugar. Acabada esta ceremonia, vestían con ropas nuevas a los esclavos que iban a morir para acompañar al difunto, les colocaban cazuelas y cestillas en donde el rey tenía sus joyas con que se adornaba. Los sacerdotes derramaban el vino enfrente, a los lados en los rincones del lugar, mientras que los principales colocaban la estatua y el cuerpo del muerto frente a Huitzilopochtli para prenderle fuego; una vez que éste ardía, a los esclavos les abrían el pecho para sacar el corazón y echarlo al fuego en donde se consumía el rey .

Las mujeres y parientes del muerto ayunaban durante 80 días, y al término de ese tiempo (cabo de año), los parientes hacían otra estatua para realizar las mismas actividades con las ofrendas y con los esclavos. Acabadas estas ceremonias, al cuarto día, se realizaban los preparativos para la elección del nuevo rey, como fue el caso de Tizocicatzin, rey de los tarascos.

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