El Pok ta Pok, Juego de pelota.

El juego de pelota tiene un sentido iniciático. En efecto, los hermanos más tarde se transformaron en el Sol y la Luna de la época actual. Debe recordarse que para el hombre maya no hay nada más sagrado que el Sol y la Luna.

También sabemos que, ya en los tiempos cercanos a la conquista española, se jugaba a la pelota con un carácter secular y que incluso se apostaban textiles de gran valor e importantes tesoros de oro y de jade.

Como los orígenes del pok ta pok estaban vinculados al enfrentamiento de los elementos contrarios del universo, en especial con la eterna lucha entre la luz y la oscuridad, en el espacio, cancha o patio donde se jugaba, los jugadores se transformaban en seres luminosos u oscuros.
El nombre del juego se debe al curioso sonido que producía la pelota contra los pisos y las paredes de las canchas, o cuando los jugadores la golpeaban con sus antebrazos o con sus caderas, según el tipo de juego. Los mayas construían una o varias canchas en cada una de sus urbes.

Ritual e historia 

Los más antiguos testimonios del juego, más allá de los vestigios arqueológicos que revelan el espacio donde se practicaba, se hallan en el célebre “libro sagrado” de la cultura maya, el “Popol Vuh”, donde se cuenta que los hermanos divinos retan a los señores de la muerte y bajan al inframundo para celebrar el Pok ta Pok, el juego solemne de orden astral en el que se enfrentan los elementos contrarios del cosmos (luz y oscuridad, bien y mal, noche y día), por lo que a veces los jugadores poseen un rol de cuerpos estelares o patronos específicas (Tezcatlipoca y Quetzalcóatl era de hecho un enfrentamiento clásico).

Debe recordarse que el Pok ta Pok no sólo fue jugado por los mayas —en náhuatl se le conocía como ‘Tlachtli’ y los zapotecas le llamaron ‘Taladzi’, por poner dos ejemplos, aunque de modo general se le nombra ‘Ulama’, y desde hace dos mil años se jugó desde Centroamérica hasta lo que hoy es Sinaloa— porque se trató de una práctica sagrada y consuetudinaria, con el juego se pretendía conocer la voluntad de los señores del universo ; con el tiempo, se volvió profano pero no por ello desapareció su significación religiosa. Por supuesto, los españoles lo prohibieron porque creían que era propicio para la adoración de las deidades “paganas”.

Variadas opiniones 

De acuerdo con las anotaciones de misioneros cronistas como Fray Bernardino de Sahagún, Diego Durán, Alonso de Molina o Gonzalo Fernández de Oviedo, la noche anterior al encuentro los jugadores hacían “penitencia”; horas después, con su público en lo alto de las murallas, se dividían en dos equipos y, al jugar, la clave era mantener la pelota en constante movimiento, sin rebasar ciertas marcas, golpeando la bola con el codo y la cadera, las rodillas y los hombros, aunque cada religioso difiere en su registro.

De igual manera, se difiere en lo que respecta al sistema de puntuación; los campos reconstruidos donde se celebraba indican que la bola debía pasar por un aro dispuesto en los muros laterales, aunque también era considerado “negativo” golpear la bola con una parte del cuerpo no permitida (quien lo provocaba, de dice, ganaba un punto); con todo, el triunfo definitivo era pasar la pelota por el aro.

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