Palabras floridas para salvar el totonaca

“Hoy no viene mucha gente porque está frío”, explica el maestro Epifanio. Vestido con los trajes tradicionales totonacas —una camisa y pantalón de algodón blanco, un pañuelo pegado al cuello y un sombrero de palma—, él es el coordinador de la Casa de la Palabra Florida, una pequeña escuela del idioma totonaco que funciona dentro de los límites del Parque Temático de Takilhsukut, en el municipio de Papantla de Olarte, en Veracruz. Los termómetros marcan alrededor de 20 grados, temperatura considerada baja para aquel pueblo de tierras calientes donde la temperatura media pasa los 27 grados. Pero, poco a poco, unos 15 estudiantes comienzan a tomar sus puestos en las sillas distribuidas en el interior de una construcción de madera que da vida a la escuela. Kgalhen tlan chitanita. El saludo marca el inicio de las clases donde se enseñan canciones, colores, las conjugaciones de verbos y cómo contar los diferentes objetos en la lengua originaria. Durante tres horas, el totonaco será el idioma predominante allí.

El maestro Epifanio habla a alumnos de la Casa de la Palabra Florida

Fotografía: reproducción

La Casa de la Palabra Florida es parte de un conjunto de iniciativas del Centro de Artes Indígenas (CAI) que pretende aumentar el autoestima cultural y hacer que los habitantes de las comunidades totonacas valoren y se apropien de su cultura. Los encuentros ocurren cada dos sábados por la mañana y son intercalados con talleres que buscan mantener vivas las tradiciones totonacas. En todas las actividades, los profesores siempre estimulan a los alumnos para que usen el traje tradicional durante las clases, aunque la mayoría aparece de jeans y camiseta.

“En el Parque, varias maestras nos hablan en totonaca, pero no sabemos hablarlo bien y eso nos dificulta”, confiesa Celeste
La iniciativa resiste y sigue atrayendo a personas de la comunidad a pesar de las dificultades. En el pasado, los estudiantes que participaban en las clases y talleres, recibían ayuda del gobierno, que pagaba por el transporte hasta el Parque Takilhsukut y una merienda en el intervalo de las clases. La ayuda fue cortada bajo la justificación de reducción de presupuesto y el valor del desplazamiento se convirtió en un impedimento para muchos jóvenes que viven en zonas más lejanas al Parque. “Seguimos ofreciendo comida, pero sin el dinero del transporte muchos alumnos dejaron de venir, hoy sólo tenemos unos 40 estudiantes regulares”, confiesa Epifanio. La mayoría de ellos son niños y adolescentes, pero también hay adultos interesados ​​en aprender el idioma.

La Palabra Florida intenta suplir una deficiencia que el sistema educativo oficial no pudo sanar. La educación bilingüe en la mayor parte de las escuelas de las comunidades que forman el Totonacapan sólo existe en primaria. Después de eso, la gran mayoría de las escuelas no tienen un programa para dar continuidad a la enseñanza de la lengua indígena. Esto acaba perjudicando la perpetuación del idioma entre las generaciones más jóvenes.

Incluso en los casos en que la escuela es bilingüe, la enseñanza del totonaca no es efectiva. De acuerdo con Epifanio, esto ocurre porque los profesores contratados no son, de hecho, bilingües. “¿Cómo pueden enseñar bien el totonaco si no tienen el dominio de la lengua?”, cuestiona. Vicente Grande Espinoza, profesor e investigador solitario de la lengua y la cultura totonaca, coincide con la visión: “No hay interés. Algunos profesores hablan sólo el español y por eso no pueden dialogar con los niños, no logran crear un plan en el que aprenden a escribir en su lengua”.

La mayoría de los estudiantes en la Casa de la Palabra Florida son niños.
fotografía: reproducción

Entre los alumnos de la Escuela Telesecundaria de El Tajín, comunidad perteneciente al municipio de Papantla y cercana al Parque Takilhsukut, son pocos los jóvenes que se arriesgan en el idioma. “Muchos de ellos tienen vergüenza porque no dominan la gramática, a pesar de saber algunas palabras”, cuenta Epifanio. Él considera que el poco uso de la lengua, en el día a día de los niños, perjudica la completa absorción del idioma y es por eso que apuesta por la Casa de la Palabra Florida como una importante herramienta para evitar que el totonaca se pierda.

Celeste García Ramirez, 14 años, frecuenta el taller de arte textil que enseña a extraer el hilo del algodón y a fabricar la tela: “También enseñan a hacer los bordados prehispánicos y los tintes naturales que mediante extracto de planta se pintan los hilos de algodón”. Celeste cuenta que la influencia para aprender la cultura y el idioma totonaca vino de parte de su padre, quien le enseña nuevas palabras siempre que puede y la estimula para aprender sobre las tradiciones de su pueblo. A pesar de eso, ella reconoce que tiene dificultades con la lengua. “En el Parque, varias maestras nos hablan en totonaca, pero no sabemos hablarlo bien y eso nos dificulta”, confiesa.

Grecia Méndez Suárez es otra adolescente que, junto a Celeste, frecuenta el Parque Takilhsukut los sábados. A pesar de venir de una familia en la que sólo se usa el español, ella demuestra una familiaridad con la lengua y se destaca entre sus compañeros por hablar fluidamente. Todo lo que sabe lo aprendió en la Casa de la Palabra Florida. “Empecé a ir a las clases y acabé disfrutando de aprender el totonaca, la Casa es muy importante para que no se pierda el idioma”, afirma. “Porque el totonaca es nuestra lengua materna”, completa Celeste.

 

 

 

PROYECTO WAKAYA

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